Sábado, 18 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

Jesucristo predicando / Foto: Internet

 

Sed de Dios, redención para un alma atormentada, disposición para aceptar un llamado espiritual, búsqueda de fortaleza para enfrentar los actuales tiempos de crisis o muchas otras razones tiene una persona para acudir a una iglesia.

Del otro lado están las razones por las que una persona decide fundar una; es ahí donde se da la estrepitosa colisión moral y de consciencia, pues mientras unos lo hacen fieles al llamado de hacer discípulos o establecer el reino del cielo en la tierra, otros persiguen un negocio para ahuyentar la escasez y darse la vida que piensan se merecen.

La parte ingrata de esta carrera, llámese legítima o ilícita- según conocedores y opinadores de este tema- la representan aquellos feligreses que buscando a Dios se encuentran con doctrinas no muy sanas ni muy santas que terminan confundiéndolos en vez de mostrarles camino espiritual y el postrer estado del creyente viene a ser más caótico que el primero.

La proliferación de nuevas iglesias de nuevas denominaciones religiosas en el Cesar, el Caribe, Colombia y el mundo ha hecho saltar interrogantes sobre el objetivo subyacente en cada uno de estos templos. “Ahora tú encuentras una iglesia en cada esquina, predican cosas diferentes y terminan enredando a las personas que no tienen bases espirituales fuertes”, dijo un católico practicante, mientras compraba tiquete para ir a ver al papa Francisco este domingo en Cartagena. Él asegura que el solo hecho de estar en la misma ciudad que el sumo pontífice le significa bienaventuranzas y lo dice con fe.

Pero, volviendo al tema de  las iglesias, si bien es cierto que la gran mayoría de iglesias tienen las mejores intenciones y predican el mensaje de la salvación, también es cierto que las hay con otros fines.

¿Qué o quién reglamenta? ¿Hasta qué punto es lícito acondicionar un salón, instalar un aviso y comenzar a predicar un Dios que castiga con las más crueles iniquidades, si las ofrendas no llenan las expectativas de un ‘pastor’; un Dios que voltea la espalda y no perdona a una persona (a un ser mortal) que cae en la tentación del pecado, cuando se supone que todos los pecados son perdonados en Cristo? Son preguntas hechas por muchos que han preferido mantenerse al margen de la oferta que encuentran iglesias a las que han asistido y que les han servido para estigmatizarlas a todas, sustentados por testimonios que han visto y oído en alguna de las tres a cinco iglesias por barrio que llegan a existir en algunas ciudades, como Valledupar, por citar un ejemplo.

Unas cuantas iglesias nacientes son solo el resultado de personas que han desertado de otras denominaciones porque comparten con algunos lineamientos del templo o de quien lo dirige y en un acto de rebeldía manifiesta salen a montar su propia iglesia para implementar lo que ellos consideran que se debe implementar, alejados de la doctrina que censuran en el lugar que acaban de dejar.

Un ejemplo. Un barrio de Valledupar. Después de una larga prédica, el pastor de la iglesia llamó la atención a sus feligreses en cuanto a su descuido en los diezmos y les dijo que se pusieran las pilas porque él necesitaba pagar la universidad de su hija y terminar de construir su casa; que cogieran ejemplo del pastor de Codazzi que ya hasta carro había comprado.

La petición directa de dinero espantó a aquellas personas que asistieron por primera y única vez a ese templo, puesto que al echar un vistazo a su alrededor, notaron poca inversión en el lugar y se preguntaron este pastor no debería estar pensando más en acondicionar la iglesia, en vez de buscar sus beneficios personales.

Han sido profusos los videos en redes sociales sobre pastores y pastoras que piden dinero abiertamente a los asistentes a sus cultos o reuniones, los clasifican en grupos de acuerdo con el monto del diezmo o la ofrenda, o incluso se han visto recientemente a víctimas de estafa que han llegado al lugar donde predica el pastor a reclamarle por el robo de su dinero. Ejemplos que siembran interrogantes sobre si se trata de diezmos o de la gran estafa.

“Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año”: (Deuteronomio 14:22). La sentencia es imperativa, que debe cumplirse llueve truene o relampaguee; no obstante muchas personas aseguran que se trata de una ley establecida en el Antiguo Testamento y que “las leyes del antiguo testamento quedaron abolidas con la venida de Cristo el Salvador hace más de dos mil años”.

Un huracán de críticas y respuestas fuertes se precipitó sobre el sacerdote barranquillero Alberto Linero, quien aseguró que “Jesús no nos pidió porcentajes de dinero; nos pidió entregarlo todo por los hermanos”, sentencia que publicó en su cuenta de Twitter, acompañado del hashtag #NoDoyDiezmoDoyVida; sustentando luego su argumento con “en el antiguo testamento prevalece el diezmo; en el Nuevo Testamento, la caridad y el amor solidario”. Pese a que hubo muchos trinos de apoyo, también los hubo en gran número de censura, al punto de mandar al presbítero a leer la Biblia.

Uno de los videos que circulan en redes sociales, una pastora expone ante los fieles lo que asegura en un desafío de Dios, donde las personas recibirán su bendición de manera proporcional al monto de su aporte, mandando a que se ubiquen en una esquina los que darán mil dólares y en otra los que darán quinientos dólares, en un sobre que escriban detallado. El video muestra cómo la pastora toma un sobre y le dice a una mujer que lo que ha puesto ahí no es nada, que eso no sirve para nada, pero luego, al ver que tiene adentro un cheque, se retracta y acepta el sobre.

Pero, ¿Para qué usan las Iglesia el Diezmo y las ofrendas que todo el tiempo están dando las personas?, fue una pregunta que respondió un pastor de una iglesia en Valledupar: “Para pago del sueldo del pastor y otros obreros de la Palabra; para la renta, utilidades y materiales y otros gastos en los templos; para enviar misioneros a las naciones; para proveer ayuda a los necesitados en la comunidad; para comprar materiales para la educación de sus miembros (Biblias, libros, guías, etc.); para construcción de nuevas obras que amplíen el alcance del Evangelio; para ayudar a los obreros, predicadores, visitantes, que visitan el templo para bendecir al Pueblo de Dios con el estudio de la Palabra, entre otras destinaciones”.

Sobre este tema también ha hablado el Papa Francisco, refiriéndose a normas establecidas en la iglesia que son válidas hoy, que nos hacen reflexionar. “Por ejemplo, la ley bíblica prescribía el pago del diezmo que venía destinado a los levitas encargados del culto, los cuales no tenían tierras, y a los pobres, los huérfanos, las viudas. Se preveía que la décima parte de la cosecha o de lo proveniente de otras actividades fuera dada a aquellos que estaban sin protección y en estado de necesidad, favoreciendo así condiciones de igualdad dentro de un pueblo en el cual todos deberían comportarse como hermanos”.

Sin embargo, las ironías de los tiempos presentes las representan que a muchos pastores les sobran las comodidades mientras a los apóstoles y primeros cristianos les faltaban, es decir vivían en austeridad y promulgaban la vida en comunidad: Común Unidad.

“Traed todos los diezmos al Alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme en esto ahora, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”, se lee en el Libro de Malaquías 3:10 (Biblia Reina Valera 1960). Según esto, los diezmos iban al alfolí, una bodega para almacenaje construida contigua al templo.

Sin embargo, hay quienes opinan que “este texto es el pretexto que usan muchos mercaderes, traficantes de almas, para hostigar a sus miembros. Con una sola persona que no diezme es suficiente para martillar las conciencias de los demás. ¡Es increíble el mercantilismo religioso en que vivimos! Hay quienes dicen que existen tres formas sencillas para obtener dinero: siendo político, narcotraficante o pastor”.

Pese a toda la corrupción y engaños que están teniendo lugar en muchas que se dicen iglesias y no lo son, existe una gran cantidad de hombres y mujeres que predican a un Dios de amor y perdón, misericordioso, redentor, protector y proveedor; hombres y mujeres que desde sus iglesias practican lo que predican, aplicando el mandato de ayudar al prójimo, de buscar el equilibrio del necesitado con el que más tiene.

Hay otro tanto, que no asiste a iglesia de ninguna denominación religiosa, bien sea porque decidió retirarse después de conocer muchas, o porque abiertamente prefiere mantenerse al margen de ellas, pero practica el mandato de dar, de compartir con quienes más lo necesitan y aseguran que “no hay satisfacción mayor que dar algo a alguien sin esperar nada a cambio”

“Queridos hermanos. El mensaje bíblico es muy claro. Abrirse con valentía a compartir”: Papa Francisco. ¡Amén!

 

María Ruth Mosquera

@Sherowiya

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