Sábado, 17 de feb de 2018
Valledupar, Colombia.

Celia Cruz

 

“El barrio es un espacio abstracto, sin especificidad concreta”. C.M. Rondón, El Libro de la Salsa

En la música popular, y en referencia a lo caribeño-antillano que evoluciona a partir del Son cubano y llega al Barrio Latino o Harlem hispano, entre las calles 98 y 130, y entre las avenidas Pleasant y la Quinta, en New York (espacio habitado por vendedores, empleados, teatros, clubes sociales) reluce la época de inicios del siglo XX, donde se entrecruzan experiencias sociales, representaciones construidas a partir de la verbalidad, el gesto y sus músicas predilectas.

Lo afrocaribeño abre caminos

“La Salsa es la culminación contemporánea de toda la expresión musical caribeña”. César M. Rondón, El Libro de la Salsa.

Dando un salto espacio-temporal al siglo XIX, apreciamos el gran desarrollo musical que había en esos tiempos en el Caribe, destacándose la orquesta de Danzón (con estructura AB.AC.AD, donde A era introducción a los temas principales). La integraba una trompeta o corneta, un sousáfono, la tuba, dos clarinetes, un par de timbales y clarinetes, dos violines y un güiro. El padre del danzón fue el compositor cubano Miguel Failde (1852-1921).

Para la época en Nueva Orleans (EE.UU), raíz del ragtime, blues y fanfarrias (orquestas de metales), había un fluido intercambio de músicos cubanos, desde que en 1889 se instaló en La Habana, el general  gringo J.R. Brooke, como jefe supremo de la isla. Manifiesta el compositor y pianista Chucho Valdés, que en la Isla en el siglo XIX había una ruta marítima entre New Orleans y La Habana, donde se fomentaba el intercambio de ritmos como la contradanza, el danzón, el son, la polka, guaracha y rumba, con la música popular afroamericana, hasta cuando aparecen afamadas composiciones con clave cubana, como las de Handy, Morton y Armstrong, y tales influencias e intercambios se presentan en Yucatán, Veracruz, Puerto Rico, Colombia y Venezuela, viajando  también en los barcos de vapor que recorrían el Misisipi, con grandes bandas musicales con integrantes caribeños, que comienzan sus incursiones por la música clásica europea y temas de jazz.

La kasha o tambor de los indígenas wayúus en la Guajira colombiana es testigo del indeleble protagonismo de las notas caribeñas en la génesis musical binaria. Esta génesis es deudora de las melodías de las romanzas y los albores de los géneros patrimoniales afrocaribeños mencionados, hasta afincarse lo que se denomina como “Salsa” en el ambiente musical latinoamericano y universal, con raíces incuestionables en los aportes de la música bailable cubana, junto al jazz.

Esta fusión y asimilación de formatos instrumentales y orquestaciones, una conformación organológica de influencias individuales, originan el boom de la “Salsa” desde los años 50, que se extiende hasta la actualidad con la presencia de instrumentos típicos caribeños en las orquestas, como cencerros, tumbas, tambores, güiros, con diversas alternancias rítmicas con aparatos electrónicos y sonoridades metálicas con pocas variaciones, con acogida ecuménica y sin barreras, tal como afirma el investigador Helio Orovio:

“[] El acompañamiento percutivo ha sufrido alteraciones. La conga y el bongó se tocan a lo cubano o, aunque cuando entran los ritmos de merengue, samba o de bomba, hay que cambiar sus golpes. El bajo ensancha considerablemente su expresión con giros provenientes del jazz, semejante al piano y las trompetas”.

La presencia del compositor afrocaribeño es relevante. Él recibe el encargo de la vida misma. Es un ser inspirado, pero que se enfrenta a sí mismo, evalúa lo que hace desde el punto de vista creativo, para que resulte algo con sentido, variedad y coherencia; en un todo con la palabra articulada en canción, la acentuación y unas letras magníficas que expresan las ideas que se requieren a través del vehículo musical.

 

Jairo Tapia Tietjen 

 

WikiLetras
Jairo Tapia Tietjen

Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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