Miércoles, 13 de dic de 2017
Valledupar, Colombia.

Camilo Namen con Nafer Durán / Foto: Archivo PanoramaCultural.com.co

 

Jamás pensó Camilo Namén que sus extraordinarias canciones “Mi gran amigo” y “Recordando mi niñez” quedarían estampadas con letra indeleble en las ubérrimas páginas del folclor colombiano y que su nombre pasaría a la historia como uno de los más auténticos y destacados compositores de la música vallenata.  Con toda franqueza puedo afirmar que éstos son los mejores calificativos que podemos tributarle a este ilustre hijo de la pintoresca población cesarense de Chimichagua, que en los albores de los años setenta cautivó la atracción del sentimiento caribeño con estas dos sensibles e inmortales canciones.  Interpretadas por el muy recordado conjunto de los Hermanos López con la inconfundible voz de Jorge Oñate, en un momento en que la música vallenata comenzaba a ocupar una posición privilegiada en el contexto nacional y, también, a oficializarse como un género propio y exclusivo de la muy acogedora y hospitalaria ciudad de los Santos Reyes del Valle de Upar. 

Para ésta época, estaba recién creado el Departamento del Cesar, y el hoy tradicional Festival de la Leyenda Vallenata, que apenas realizaba sus primeras versiones, fue el escenario propicio para dar a conocer a un excelente grupo de compositores que, con Camilo Namén a la cabeza, se hicieron célebres por la consagración estilística, la versatilidad temática y el profundo lirismo que acentuaron en sus magistrales canciones. Un excelente mosaico donde se entronizaron personajes como Santander Durán Escalona, Beto Murgas Peñaloza, Gustavo Gutiérrez Cabello, Octavio Daza Daza (q.e.p.d), Sergio Moya Molina, Emilianito Zuleta Díaz, Fredy Molina Daza (q.e.p.d.) Ildefonso Ramírez Bula, Antonio Serrano Zúñiga, Edilberto Daza Gutiérrez y muchos más que aún siguen lustrando las bellas páginas de la música vallenata.  

En efecto, “Mi gran amigo” y “Recordando mi niñez” fueron los éxitos indiscutibles en dos impactantes elepés de los Hermanos López que aparecieron seguidos en el transcurso de 1972.  El primero, incluido en el álbum  “Jardincito”, es un bellísimo merengue de tono elegíaco, donde el autor hace un elogio sincero de su padre y lamenta profundamente no haber estado con él en el momento de su muerte.  La letra, estructurada en cinco estrofas de cuatro versos de arte mayor con rima consonante alternada, refleja la sólida cultura métrica de Camilo Namén y muestra ciertos efluvios poéticos, sobre todo, cuando, lleno de nostalgia y pesadumbre, nos comenta: “Tan bueno y tan noble como era mi padre / y la muerte infame me lo arrebató / estos son los dolores y las penas tan grandes / que a sufrir en la vida le pone a uno Dios”. 

Y “Recordando mi niñez, triunfo excepcional en la colección   “Reyes Vallenatos”, es un apasionante paseo de fondo costumbrista, lleno de una sensibilidad acogedora y ganador del concurso de la Canción Inédita en el Festival Vallenato de 1972.  También de una factura métrica impecable, está formado por cuatro estrofas de seis versos alejandrinos con rima perfecta abrazada y un coro en metros menores que divide y finaliza la composición.  En ellos, el autor manifiesta sus añoranzas por la vida infantil y su melancolía es patética cuando penetra en el sentimiento de la fanaticada expresando: “Me dio una tristeza porque ayer recordé / los tiempos aquellos en que volaba papagayo / y ahora que estoy viejo y paso trabajo / quisiera volver a la niñez./ Ver aquellos tiempos que han pasado / y ahora con tristeza espero la vejez”.

Como podemos apreciar, con unas letras tan espontáneas y significativas, cargadas de una sensibilidad impresionante,  era apenas natural que estas dos canciones atraparan de entrada la simpatía colectiva y se posaran desde un comienzo en el estrado de la fama. En ese entonces, nadie podía escapar al embrujo musical y al ritmo cautivante que experimentaba la fanaticada cada vez que escuchaban estas composiciones.   Naturalmente, no podemos desconocer, que en la atracción emocional que ellas irradian fueron determinantes la maestría de Miguel López en el manejo del acordeón, al brindarnos un fabuloso concierto musical con el estilo original que lo caracterizaba, y la melodiosa voz de Jorge Oñate, dueña de una tesitura penetrante y rica en modulaciones tonales. 

Por esta razón, hoy, cuando han transcurrido  cuatro  décadas y media desde su aparición, puedo afirmar que “Mi gran amigo” y “Recordando mi niñez” siguen siendo dos joyas de carácter insuperable dentro de la música vallenata.  Méritos que lograron aquilatar desde los tiempos en que la inmensa fanaticada colombiana apuntaba toda su admiración hacia Alfredo Gutiérrez, quien había revolucionado el ambiente musical con una cantidad de discos antológicos que embellecían sus álbumes “Romances Vallenatos”  y “El Rebelde del Acordeón”.  Actualmente, las dos composiciones de Camilo Namén transitan por la modernidad con la misma fuerza de sus años mozos y constituyen un punto de referencia en los simpatizantes del folclor vallenato y en las predilecciones musicales de todos los hogares caribeños.

 

Eddie José Daniels García 

Reflejos cotidianos
Eddie José Dániels García

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

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