Viernes, 24 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

Rafael Escalona / Foto: archivo PanoramaCultural.com.co

 

La poesía lírica es la lengua materna de la raza humana. Cuando el amor cautiva con sus delicias o marchita con sus matices de ausencia, el corazón ungido por la intimidad estética, empieza a cantar.  A la poeta griega Safo (VI a.  C.) con sus cantos de amor, de pasión y de celos se le atribuye el surgimiento de esta manera de poetizar, que se cantaba o recitaba con el acompañamiento de la lira. Toda la poesía cantada tuvo la denominación de lírica. Con el divorcio casi absoluto entre la música y la poesía durante el Renacimiento, el adjetivo perdió su significado etimológico y con el tiempo pasó a confundirse con el concepto de poesía.

Los dos grandes temas de la lírica son la muerte y el amor. Durante el siglo XVIII se concedía más importancia al teatro o a la poesía de carácter didáctico, a pesar de lo cual poetas como el español Menéndez Valdés continuaron cultivando el género lírico con gran brillantez.  Sin embargo, fue en el romanticismo cuando la lírica adquirió mayor esplendor.  En la poesía romántica se abandonan los temas mitológicos y bucólicos, y se imponen la historia, la leyenda nacional y la exploración de la intimidad. La fantasía lirica romántica, exenta de frenos y de medida, corre frenéticamente en el ensueño. “El mundo se torna sueño, el sueño se torna mundo”, expresa el poeta Novalis.

La elegía es el lamento por la muerte u otras desgracias íntimas o sociales. Una de las elegías más conocida es la del poeta Jorge Manrique (1440- 1479) que escribió por la muerte de su padre: Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte / contemplando/ cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte/ tan callando…

Cualquier vallenatólogo o un simple aficionado a la buena música vallenata que lea estos versos, encontrará ciertas semejanzas con la canción del maestro Rafael Escalona a la muerte de su amigo Jaime Molina: Recuerdo que Jaime Molina/ cuando estaba borracho ponía esta condición / que si yo moría primero él me hacía un retrato/ y si él moría primero le sacaba un son…

La lírica no corresponde a un momento histórico, es la sublimación de la poesía y la metafísica del sentimiento; sus versos no tienen épocas, son de la profundidad íntima del corazón. La poesía lírica describe muy poco, sus temas son las vivencias del poeta, o es el mundo, contemplado en su aspecto sensitivo y emocional. En un presente sustraído del tiempo, sin sentirse vinculado a un determinado lugar. El poeta lírico trata de expresar todo lo que puede mover a un corazón humano: amor y muerte, la belleza de la naturaleza y la grandeza de Dios. Todo visto por el lado del sentimiento.  A propósito, Gustavo Gutiérrez para corroborar que la crónica narrativa es el estilo predominante en el vallenato tradicional, dice: “mis canciones son las crónicas de mi propia vida: mis vivencias, mis amores y desamores, mis conquistas y mis ausencias”.

Donde hay un ser humano, hay poesía. Todo ser humano sueña, ama y llora, es por naturaleza un romántico.  Los grandes poetas de la canción vallenata con sus versos han demostrado que “cada palabra posee, en virtud de su altura y su color acústico, un determinado halo afectivo” como lo apunta Johannes Pfeiffer.

 

José Atuesta Mindiola 

El tinajero
José Atuesta Mindiola

José Atuesta Mindiola (Mariangola, Cesar). Poeta y profesor de biología. Ganó en el año 2003 el Premio Nacional Casa de Poesía Silva y es autor de libros como “Dulce arena del musengue” (1991), “Estación de los cuerpos” (1996), “Décimas Vallenatas” (2006), “La décima es como el río” (2008) y “Sonetos Vallenatos” (2011).

Su columna “El Tinajero” aborda los capítulos más variados de la actualidad y la cultura del Cesar.

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