Viernes, 24 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

Colegio Nacional Loperena

 

Como canta los poetas a sus novias canto yo /

para ti, oh Loperena, cual si tú fueras un Dios.

Este símil poético del Profesor Juvenal Daza Bermúdez, de elevar el colegio a la sublime categoría universal del Ser Supremo, es una revelación cristiana del significado histórico del Colegio Loperena.

Un colegio es un ente transformador de conciencia y de la historia personal y social. Es, en efecto, alma mater, ‘madre nutricia’, pues provee conocimientos y fortalece aptitudes. Y también es un camino de luz para vencer las penumbras de la resignación y la ignorancia. Un colegio es templo de la alianza entre la educación y la vida. La juventud y la sociedad de Valledupar se renuevan con la fundación del Colegio Loperena y de la Escuela de Artes Oficios, los primeros centros educativos oficiales de enseñanza secundaria.     

Valledupar, en los primeros años de la década de 1930, era un pequeño pueblo del departamento del Magdalena, casi desconocido para otros pobladores por la escasez de vías de comunicación. Y todavía en los alrededores de la plaza principal campeaban los corrales de ganado y los cultivos de pan coger. En 1936, Valledupar comienza a abrirse al mundo, por la construcción de la carretera nacional, obra del presidente Alfonso López Pumarejo, hijo de una mujer vallenata, Rosario Pumarejo Cotes. Pero su educación era muy limitada: solo existían en el nivel de primaria, la Escuela Pública de Varones, la Escuela Pública de Niñas y el Colegio Parroquial (administrado por la Diócesis). En el nivel de secundaria, el colegio La Sagrada Familia (administrado por las Hermanas Terciarias Capuchinas) que no pasaban del tercer grado.   

En nuestra región agropecuaria, el futuro de la inmensa mayoría de los niños era repetir el trabajo de los padres. Los colegios de bachillerato más cercanos estaban en Mompox, el Colegio Pinillos, creado en 1853, y en Santa Marta, El Liceo Celedón, fundado en 1906. La historia de Valledupar cambia con la apertura del Colegio Loperena, creado mediante la Ley 95 (21 de diciembre) de 1940, pero dos años después inicia sus labores académicas, en aulas anexas a la recién fundada Escuela de Artes y Oficios.

El primer rector del Colegio Loperena fue Joaquín Emilio Ribón, que era rector de La Escuela de Artes y Oficios. En 1951, se termina la construcción del colegio en el sitio donde se encuentra en la actualidad; pero se hacen evidentes las negligencias del Estado en la responsabilidad con la educación pública, los estudiantes tenían que viajar a otras ciudades a terminar el bachillerato y la mayoría se queda sin la posibilidad de culminar el ciclo de bachiller. Hubo que esperar 15 largos años para que se hiciera realidad que el Ministerio de Educación mejorara la infraestructura y dotación de laboratorios y biblioteca, y completara la nómina de profesores para legalizar la aprobación del ciclo de educación secundaria.  

Uno de los bachilleres de esa promoción, José Enrique Mindiola Montero, da este testimonio: “En 1955, cuando hacíamos cuarto de bachillerato, el colegio no tenía aprobación oficial para abrir quinto y sexto, solicitamos al MEN soluciones y en vista que no nos respondían, acudimos en bloque al Liceo Celedón de Santa Marta que si nos aceptaba. Tuvimos la fortuna, que estando en Santa Marta llegó una comisión del MEN, con ellos regresamos a Valledupar y logramos resolver la difícil situación.  Se legalizó la aprobación del bachillerato completo, y nos graduamos en un acto solemne el 18 de noviembre de 1957”.  

Con el ciclo completo de secundaria el Colegio Loperena se convierte en un referente para los jóvenes locales y de los pueblos cercanos de la provincia. Ingresar al Loperena fue y es el sueño de muchos jóvenes. Desde los inicios tuvo la impronta de excelente colegio por la calidad de sus docentes y el liderazgo de sus directivos, y de ser un puente seguro para el ingreso a la educación superior. Ahí, los estudiantes aficionados a la música y a la poesía empiezan a descubrir la eternidad de las metáforas escondidas en el viento frio de La Nevada y en la sombra que deja el relámpago con las amenazas de lluvia. En horas nocturnas no hablan del temor a los fantasmas, ahora hablan de los filósofos de la antigüedad: admiran a Sócrates que con sencillez e inteligencia, expreso esta magnífica reflexión: sólo se, que nada se.

De Heráclito, en sus ideas de que todo está en constante movimiento porque el mundo fluye permanentemente, y recordaba esa famosa frase: no es posible bañarse dos veces en el mismo río. De Pitágoras, que nos enseña que con orden y tiempo se encuentra el secreto de hacerlo todo, y de hacerlo bien. Y además su inolvidable Teorema: “en todo triángulo rectángulo el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos”.

También eran temas comunes, hablar de los científicos. Recordaban a Galileo Galilei, físico y astrónomo, que con la invención del telescopio observó el infatigable fuego en las estrellas y la infinita dimensión de las galaxias, y le permitió acumular pruebas en apoyo del modelo heliocéntrico de Copérnico. De Isaac Newton, el sabio inglés, que estableció las leyes fundamentales de la física clásica, y enunció la Ley de la Gravitación Universal.

De los aconteceres del aula, hay ratos lúdicos, todavía nos causa pesadilla, aquella página del Algebra de Baldor, donde el perro por los carriles del viento perseguía los saltos del conejo, y entre saltos y sobresaltos fue difícil determinar si el perro alcanza el conejo. Como un haz de radiaciones en la memoria están los electrones que se perdían entre símbolos y formulas en el tablero, cuando el profesor buscaba el equilibrio de las ecuaciones químicas.

De la clase de historia de Colombia, las hazañas del Libertador Simón Bolívar, en su ruta vencedora y en el encuentro con la Maria Concepción Loperena, en Chiriguaná, el diciembre de 1812, dos meses anteriores de la proclamación del acta de Independencia de Valledupar, y ante el ofrecimiento de numerosos caballos, recordarán que alguien preguntó con cierta ironía ¿profesor, fueron tres diestros o trescientos caballos?

El Colegio Loperena (Monumento Nacional) está celebrando sus 75 años, y en diciembre gradúa su sexagésima promoción. De los numerosos bachilleres anteriores, muchos de los que continuaron estudios superiores han logrado destacarse en diversas disciplinas del conocimiento y han escrito páginas inmarcesibles para la historia familiar, de la región y del país.

 

El Colegio Nacional Loperena en sus primeros días / Foto: Academia de Historia del Cesar Décimas al Colegio Loperena

Por José Atuesta Mindiola

I

Loperena es hidalguía

como lo fue la heroína,

con su palabra ilumina 

el pueblo de valentía

contra la vil tiranía

del español invasor;

ataviada de valor

proclama La Independencia,

y el tirano en decadencia

como nieve bajo el sol.

II

Un líder reconocido,

Pedro Castro, Senador

fue el insigne fundador

de este colegio querido;

todo el pueblo agradecido

celebraba la noticia,

jóvenes de la provincia

soñaban ser bachilleres.

Quien domina los saberes

disfruta de las delicias.

III

Tan recordado y querido

es del alma Loperena,

es rayo de luna llena

en el talento florido.

Es albergue preferido

en la fiesta del saber

donde se suele beber

los secretos de la ciencia:

Florece la inteligencia

cuando se quiere aprender.

VI

El colegio Loperena

pilar de la educación,

es la luz de la razón 

para vencer las cadenas. 

Las aulas en sus faenas

con estampa colonial.

Eminente el historial

de nuestra tierra querida:

Institución distinguida,

Monumento Nacional. 

 

José Atuesta Mindiola

El tinajero
José Atuesta Mindiola

José Atuesta Mindiola (Mariangola, Cesar). Poeta y profesor de biología. Ganó en el año 2003 el Premio Nacional Casa de Poesía Silva y es autor de libros como “Dulce arena del musengue” (1991), “Estación de los cuerpos” (1996), “Décimas Vallenatas” (2006), “La décima es como el río” (2008) y “Sonetos Vallenatos” (2011).

Su columna “El Tinajero” aborda los capítulos más variados de la actualidad y la cultura del Cesar.

[Leer columna]

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