Lunes, 22 de ene de 2018
Valledupar, Colombia.

 

Desde que conocí la idea de implementar y poner en marcha una sede de la Universidad Nacional en el Cesar me llené de regocijo y esperanza, puesto que visioné la oportunidad que tendrían nuestros jóvenes de acceder a una institución de prestigio y estándares de calidad educativa reconocidas a nivel internacional.

Por ello, a pesar de las vicisitudes de la obra, siempre he defendido la idea de que es una inversión necesaria e idónea que contribuirá a mejorar el desarrollo integral de sus estudiantes y por ende permitirá convertirnos en una mejor sociedad, gracias al conocimiento que impartirán, desarrollando las capacidades y talentos de muchos cesarenses.

La Universidad Nacional sede Caribe se concibió como alternativa y oportunidad de brindar facilidad para que nuestros jóvenes pudieran acceder a una educación de calidad, en especial, los que por su condición económica no cuentan con la posibilidad de desplazarse a otras partes del país o ingresar a instituciones de carácter privado.

Sin embargo, cuando la materialización de este anhelo y sueño se aproxima, mis dudas y miedos afloran cada vez más, los cuales no son otros que si en la práctica la Nacional sede Caribe va a ser un claustro educativo para los cesarenses o lo será para jóvenes de otras latitudes que con mayor preparación y fundamentos académicos se beneficiarán de los cupos de ingreso para las diferentes carreras que ofertará esta institución.

Para nadie es un secreto que muy a pesar de que gran parte de la inversión en la construcción y adecuación de su infraestructura la hace el departamento, esto no garantiza el ingreso de nuestros jóvenes a la oferta académica de la universidad, ya que este ingreso debe hacerse de acuerdo a estándares y pruebas que tiene el alma mater para seleccionar los estudiantes que accederán a sus programas.

Por eso veo con preocupación que a pesar del esfuerzo de la Secretaria de Educación Departamental en aumentar la cobertura, mejorar la calidad educativa, adelantar inversiones, acciones y ajustes que se han traducido en avances y mejoras frente años anteriores, no ha sido suficiente. Encontramos como el departamento redujo en un 13.6% el potencial de candidatos a Ser Pilo Paga y que sólo una institución educativa de Codazzi se ubica en el top de los mejores colegios oficiales de 2017 en educación primaria, básica y secundaria.

Por lo anterior, es necesario -para garantizar la inversión y esfuerzo realizados en la puesta en marcha de la Universidad Nacional sede Caribe- que adelantemos acciones para mejorar la calidad educativa del departamento. Por ello se requiere mayores niveles de inversión en el sector educativo, profesionalización y capacitación a docentes, condiciones de infraestructura y equipamientos adecuados e idóneos en las instituciones educativas, implementación de nuevas tecnologías de la información y comunicación que permitan al estudiante desarrollar sus habilidades cognoscitivas, permitiéndole aumentar la retención de su aprendizaje.

Mientras no apuntemos a construir instituciones educativas de calidad, abiertas, donde no solo formemos en lo académico, sino también en liderazgo, ética, o espiritual, no podremos consolidar al departamento entre los más educados, donde se preparan jóvenes con habilidades y conocimientos para que transformen la sociedad y construyan su proyecto de vida.

 

Diógenes Armando Pino Sanjur

Tamalamequeando
Diógenes Armando Pino Sanjur

Diógenes Armando Pino Sanjur, más conocido como May Francisco, nació el 24 de junio de 1976 en un pueblo mágico lleno de historia, cultura y leyendas situado en la margen derecha del Río Magdalena llamado Tamalameque. Hijo de los docentes Diógenes Armando Pino Ávila y Petrona Sanjur De Pino, tiene 2 hijos, May Francisco y Diógenes Miguel, los cuales son su gran amor, alegría, motor y mayor orgullo. Abogado de Profesión, despertó su interés con la escritura de su padre quien es escritor e historiador, se declara un enamorado de su pueblo, de su cultura (la tambora) y apasionado por la política como arte de servir.

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