Lunes, 22 de ene de 2018
Valledupar, Colombia.

 

Más allá de la división geográfica que establece los límites entre países y, dentro de estos, los lindes de cada región, los pueblos originarios tenemos nuestra manera de entender a la tierra, de nombrarla, de crear nuestro hábitat, un ecosistema del que somos parte y al que respetamos y cuidamos más allá del yo –individual pues tal cosa no existe para nosotros: siempre se trata de un yo– colectivo cuyas decisiones afectan, positiva o negativamente, a la comunidad.

De ahí la importancia del equilibrio entre las partes y el todo pues la desarmonía conlleva variaciones como las que vivimos ahora a nivel global: el clima en el orbe ha cambiado, continúa haciéndolo, afectando negativamente el equilibrio de todo lo existente. Son dos los motivos de la desarmonía actual, por un lado, se ha perdido el vínculo fundamental entre los seres humanos y la naturaleza; por el otro, no se atiende a la Ley de Origen, específicamente, no se respeta la Línea Negra. Permítanme llevarlos a conocer la cartografía propia de los pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta, los cuatro pueblos hermanos: Ika, Kankuamo, Kogi y Wiwa[1], para que entiendan qué es la Línea Negra.

Les presento al Chiche

Antes de hablar de la Línea Negra les diré con quién estoy conversando: su nombre, Gilberto Arlánt Ariza, a quien le decimos el Chiche. Es indígena kankuamo, tendrá 52 años. Hace mucho tuvo que desplazarse para Bogotá debido a la violencia que asoló a la región y, específicamente, al territorio kankuamo; pero hasta la capital lo persiguió la insurgencia en aquellos hórridos 90’s y principios de nuevo siglo que fueron los del etnocidio y el éxodo de kankuamas y kankuamos. El Chiche ahora trabaja como asesor en el área de Derechos Humanos de la ONIC (Organización Nacional Indígena de Colombia), posición desde la que ha luchado por la causa indígena colombiana y ha colaborado con los procesos de nuestra comunidad en diversos ámbitos que abocan a la recuperación de lo propio y a la obtención de las garantías mínimas de las Comunidades Aborígenes.

Con él me siento a pensar, porque son pocas las palabras y más el detenerse con la mirada lejana como quien busca, hacia adentro, hacia el propio yo; y hacia afuera, hacia el horizonte y quizá en los tiempos lejanos del origen, las respuestas. Entonces, mientras poporea[2], le pregunto acerca de la Línea Negra y esto fue lo que me dijo.

La Línea Negra

Sepan ustedes que son muchos los temas de los que no se puede hablar en el universo de lo indígena. A pesar de saberlo, le pregunto al Chiche algunos secretos que no lo son tanto, algunas palabras que me lleven a intuir secretos que sí lo son mucho, para entender un poco más la cosmovisión de nosotros los Kankuamo.

La Línea Negra ya no es un secreto: fue reconocida como Zona Teológica de las comunidades indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta por las resoluciones 0002 del 4 de enero de 1973 del Ministerio de Gobierno y la 837 del 28 de agosto de 1995 del Ministerio del Interior. Allí y en la Declaración conjunta de las cuatro Organizaciones Indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta para la interlocución con el Estado y la Sociedad Nacional (Cfr. OGT, CIT OIK & OWYBT, 1999), están discriminados los puntos que la conforman. En la declaración también se dice para qué sirve cada uno de los puntos pero no los pormenores del ritual de pagamento. Pero me adelanto, escuchemos lo que tiene por decir el Chiche que ahora me da una noción de Línea negra mientras poporea haciendo la forma del caracol, figura que es la misma que se hace en la mochila y que es la misma que le da forma al mundo desde la cosmovisión propia:

A pesar de que la ley de origen es una sola, es el origen desde que todo era nada y empezó a formarse la tierra como el caracol… y por eso es que la mochila se teje de acuerdo a ese mandato de ley de origen: no hay una mochila que se teja al contrario de como va el caracol, al contrario de como gira el sol.

Por mandato de la Ley de Origen, esa que respetamos las comunidades aborígenes, es así. Y es esa misma Ley la que demarca a la Línea Negra, que es, según me dice Gilberto: ‘… la línea imaginaria que los padres creadores dejaron, línea que conecta los sitios sagrados y a estos con el centro de la tierra y el universo…’.

Mis ojos se maravillan con la palabra dulce que se profundiza y los ilumina como si algún rescoldo de un fuego ancestral en ellos quedara. Entonces la Línea negra es la manera que los cuatro pueblos tenemos de aprehender el territorio, de hacerlo propio, más allá de las lógicas de la cartografía oficial. Ejemplo de ello, la Sierra Nevada de Santa Marta, el corazón del mundo, el principal centro ritual de nuestras comunidades que, si bien se ubica entre tres departamentos, para nosotros es un todo y, a un mismo tiempo, una parte de un todo mayor; lo mismo sucede con los resguardos y la tierra cuyo contorno es la Línea Negra: si se atiende a la división territorial oficial, ellos se ubican en lugares fronterizos interdepartamentales, más allá de lo cual, está nuestra cosmovisión que sobrepasa las fronteras para respetar dicha totalidad: unifica en lugar de dividir porque, como dice el Chiche, ‘… lo de la Línea Negra, uno puede ver una línea imaginaria que conecta todos los puntos pero también se conecta con todos los puntos de la tierra, con el centro de la tierra y con todo el universo…’.   

Entonces el mundo empieza a tener más sentido, a mostrarse un poco más diáfano. Esto teniendo en cuenta que es mucho lo que se deja de decir desde las lógicas indígenas pero, al entenderlo de este modo, al entender que todo está conectado, es sencillo comprender que lo que suceda a una de las partes se refleja en el todo y a la inversa.

Introducción a las dinámicas de los pagamentos

Habrán escuchado de los pagamentos, de las aseguranzas, las contras, los secretos, la adivinación… pero ¿qué son? Aquí sólo me referiré a los primeros, al alimento de las deidades. Sí, las deidades de los pueblos originarios necesitan comer, ser memorables, ser nombradas y adoradas. Recuerdo el castigo que los creadores maya le dieron, primero, a los animales por no poder llamarlos y, luego, a los hombres de madera por la incapacidad que mostraron de recordarlos y, por ende, de alimentarlos: a aquellos, los desterraron y condenaron a comerse unos a otros; a estos, no bastándoles con un diluvio de tres días, hicieron que sus herramientas se volvieran contra ellos, tras lo cual, fue el autoexilio, el nunca más tener el beneplácito de los dioses, en fin, tanto los unos como los otros fueron condenados sin posibilidad de perdón. Así, nuestras deidades necesitan alimentarse y, debido a la conexión del todo y las partes, al recibir alimento recibimos beneficios o evitamos ser desamparados castigados.

Cada lugar de la línea negra es un punto en donde se pueden realizar pagamentos. Cada punto lo es para hacer pagamento con peticiones específicas (Cfr. OGT, CIT OIK & OWYBT, 1999, pp. 7 – 9). Sólo los Mamo pueden guiar el proceso, en algunos casos, son ellos los que los tienen que hacer, en otros, supervisar, pero a ellos es a quienes corresponde comunicarse con las deidades que no se ocultan o enmudecen ante nosotros: en nuestras culturas aún se conserva el contacto con nuestros creadores, con lo esencial propio, que se manifiesta en cada ser, vivo o no, que nos rodea.

El Chiche me dijo otras tantas cosas: me habló de nuestra cosmogénesis, del origen del mundo, del por qué el tejido de caracol y el poporear circular, del por qué los roles de lo femenino y lo masculino y del equilibrio interno. Pero hoy no se las puedo decir pues los tiempos de las comunidades aborigen son diferentes a los del afanado mundo regido por categorías occidentales. Por eso ahora me despido esperando encontrarlos del otro lado de mis palabras en otra oportunidad.

 

Carolina Rosa Guerra Ariza

 

Bibliografía

OGT, CIT, OIK & OWYBT (1999). Declaración conjunta de las cuatro organizaciones indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta para la interlocución con el Estado y la sociedad nacional. México, 50 años de Movimientos Indígenas en América Latina. UNAM. Recuperado de http://www.nacionmulticultural.unam.mx/movimientosindigenas/docs/decl_015.pdf



[1] Cada Pueblo Originario tiene una forma de nombrarse, una en la que son nombrados por los pueblos hermanos y otra recibida de los enemigos o de los españoles a su llegada. Los Ika son conocidos también como Arhuacos; los Kogi son llamados Kággaba; los Wiwa, Sankas o Arsarios; los Kankuamo, Atanqueros. Para ampliar la información sobre los nombres dados entre los cuatro pueblos de la Sierra, Cfr. Reichel-Dolmatoff, Los Ika, editado por la Universidad Nacional en 1991.

[2] Poporear es, según me dijo el Chiche, utilizar el poporo para escribir la ‘palabra dulce’. Es el símbolo de la dirección del mundo que se le entrega al hombre. Como contraparte, la mochila es el símbolo de la construcción del mundo que se le entrega a la mujer.

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