Sábado, 16 de dic de 2017
Valledupar, Colombia.

Santiago Escobar-Jaramillo / Foto: Fabiola Ferrero

 

Colombia es un país que no posee una fuerte tradición en fotografía documental. Su historia se registra en mayor proporción a través de la reportería gráfica o fotoperiodismo, dado que, históricamente, han sido los periódicos y las revistas los principales medios de salida para los proyectos fotográficos. Sin embargo, entre ambos campos existe una delgada línea que suele desdibujarse con cierta facilidad.

El fotoperiodismo es un género más del periodismo que como todos, busca a través de una imagen, dar respuesta a las famosas “seis W”: what?, how?, when?, who?, where?, why or for what? (qué?, cómo?, cuándo?, quién?, dónde?, por qué o para qué?). Mientras que la foto documental posee esa profundidad que el fotoperiodismo carece, es documentar el día a día de alguien o algo con un fin concreto, buscando las causas y las consecuencias de lo que está retratando. No se queda en la noticia. No deja de ser el reflejo subjetivo del autor de las imágenes lo que guía un relato fotográfico.    

A diferencia de otros países de la región como Brasil, México y Venezuela, en Colombia se podría decir que todavía no hay una industria consolidada en la fotografía; no hay festivales suficientes, ni circuitos de coleccionismo, ni publicaciones especializadas y mucho menos, marcas que apoyen permanentemente el desarrollo en el arte fotográfico, pero con el interés y el destacado trabajo de algunos fotógrafos nacionales en el exterior, ha empezado a surgir desde algunas décadas.

Uno de esos fotógrafos es Santiago Escobar-Jaramillo, un arquitecto manizalita que llegó a la fotografía por casualidad, en un lugar que pocos imaginarían, de hecho, en un lugar que ni él lo imaginaría: en un batallón del Ejército Nacional de su país. Al día siguiente de recibir su grado de bachiller en el año 1998, fue escogido para prestar el servicio militar en Fuerza Multinacional y de Observadores (MFO) en la península del Sinaí, Egipto, cuya misión se centra en observar, verificar y reportar el alto el fuego firmado entre Egipto e Israel en 1979.

La función que le asignaron desde el primer día fue la de fotógrafo. Tenía que registrar los eventos sociales, culturales, políticos y militares de la Fuerza. “Fue impresionante pasar de escribir en un papel con lápiz a disparar un fusil. Obviamente no me interesó mucho porque no estoy de acuerdo con la guerra ni con la confrontación armada”, dice Santiago; afirmando también que esa experiencia le dio la posibilidad de viajar mucho como poco puede hacerlo un joven de 19 años, de entender el conflicto armado y de ver un mundo distinto desde la fotografía. Desde esa experiencia, todo cambió para él.

Durante su estadía en el Sinaí, tuvo el interés de seguir con la fotografía pero a su regreso a Manizales no encontró una carrera profesional en este campo, así que gracias a la admiración que siente por un tío y por todo lo que la profesión representa y abarca en el ámbito artístico, decidió estudiar arquitectura en la Universidad Nacional. “Es una profesión que siempre voy a querer, siempre he sido muy orgulloso de ser arquitecto y lo que puedo hacer con ella y desde ella”.

Entre planos y maquetas empezó a combinar las dos artes. Con las reglas de acrílico de su tío y soldaditos a escala construía escenarios en los que imaginaba que el conflicto solo habitaba en maquetas. A esos prototipos les tomó fotografías que resultaron tener una fuerte carga simbólica que, posteriormente y sin mayor pretensión, envió a diferentes concursos nacionales e internacionales en los que meritoriamente fue quedando seleccionado. Le fue tan bien que su interés por la fotografía creció al punto de realizar una maestría en Fotografía y Culturas Urbanas en el Goldsmiths College-University de Londres. Una composición entre los temas que le apasionan: la arquitectura, la fotografía y la sociedad.

Su definición de la arquitectura no es simplemente el diseño y la construcción de edificios, es el entendimiento del espacio y el hábito de las personas en un contexto controlado porque así mismo ve y asimila la fotografía. Le gusta entender lo que ve, controlarlo, modificarlo y, si puede, contar con personas que le ayuden en ello, y si la comunidad puede participar, mucho mejor.

“A mí me ha interesado siempre la foto no como un mecanismo único de registro documental, de evidenciar la realidad o ser fidedigno a la verdad, sino que me ha interesado más desde la ficción; es decir, prefiero llegar a la verdad a partir de sumar ficciones o sumar irrealidades. Es ahí cuando combino la fotografía con la arquitectura”, explica Escobar-Jaramillo.

Foto extraída del trabajo ‘Colombia, tierra de luz’ de Santiago Jaramillo-Escobar Su recorrido profesional es impresionante. Ha desarrollado proyectos fotográficos en África, Asia, Sur América, Europa y Estados Unidos; con reconocimientos y participación en conferencia, revisión de portafolios y alrededor de 70 exposiciones a nivel mundial como el 42 Salón Nacional de Artistas; Fototeca de Cuba; en festivales y encuentros en Estambul, Venecia, Lima, Oaxaca, Montevideo, El Salvador, Paraty, Valparaíso, Kaunas, Amsterdam, San José, Santiago de Querétaro y Fotográfica Bogotá 2011.

Precisamente por la reciente tradición fotográfica del país, considera primordial salir y permear su trabajo en otras latitudes y contextos. Dice que en alguna medida, ese “oscurantismo” en el que ha vivido la fotografía en Colombia se debe al peligro que representaba el conflicto armado que por muchos años impidió que grandes marcas y fotógrafos pusieran el lente en Colombia.

Ahora la perspectiva es distinta, está llegando gente y se están favoreciendo intercambios con los que el mundo se está dando cuenta que los fotógrafos colombianos tienen otras formas y otros temas por mostrar, pese a que resplandezcan por variantes como la injusticia, la inequidad y la corrupción, siempre relucirá un brote de esperanza. Mostrar eso desde la fotografía es interesante, es valioso y necesario.

Y si de hacer proyectos interesantes y necesarios se trata, Santiago ha desarrollados varios entre los que se destacan ‘Colombia, tierra de luz’, realizado con víctimas de la violencia. En él, es la comunidad la que construye la escena, la que ilumina, etc., Santiago solo está para fotografiar; es la construcción de un diálogo sujeto a prueba y error en donde el fotógrafo cree controlarlo todo y que al final termina sorprendiéndose y saliéndose de su zona de confort. Más que la acción de fotografiar a las víctimas, familias y comunidades que activan y participan del proyecto, es un acto simbólico que repara y reconstruye verdad y memoria.

“Ése es también un acto desde lo arquitectónico porque puede que el arquitecto dibuje en su papel y que una línea sea un muro pero, finalmente, los que construyen son otras personas (obreros, maestros de obra, etc.), y eso empieza a tener sus alteraciones, no solo desde lo que ellos hagan, también desde lo que haga el material”.

Otro proyecto es ‘Elefante blanco’, hecho en la alta Guajira y no es cosa distinta a una reflexión acerca de la corrupción abordada de manera distinta a mostrar al político o personaje robándose la plata de los ciudadanos sino que el interés se revela por medio de otras capas de realidad de información, como el paisaje, la fábula, el simbolismo, la invención y al mismo tiempo, la intervención de la escena.

Su trabajo en los últimos cuatro años está soportado por fotolibros que no es lo mismo que un libro de fotografías. Es como una película o novela que va narrando una historia a partir de imágenes, no necesariamente lleva texto. Es una secuencia en donde las imágenes por sí misma cuentan e ilustran sobre un tema, una canción, una sensación, una historia. A partir de los fotolibros también ha recorrido varios países haciendo talleres y conferencias.

Fue ganador de la Revisión de Portafolios Festival de la luz-Fotográfica 2015 y Memorias del Futuro de IDARTES. Orador para TEDxCESA y en las universidades de Harvard y MIT con el proyecto "Colombia, tierra de luz". Ha publicado varios libros con Villegas Editores desde 2010, como "Colombia Solidaria", "Apartamentos Bogotá" y "Formas de Hacer Ciudad: 1913-2013"; "London, gap my mind" y "Fiestas de San Pancho de +1" con Ágora Producción Cultural.

Ha recibido mención de honor y ha sido finalista del Premio FUTURA Felifa, Feria de Fotolibros de Autor (Fola/Turma).  Seleccionado para la Incubadora de Fotolibros de Hydra en México. También se ha desempeñado como conferencista, jurado, profesor y tallerista para National Geographic Student Expeditions, Fujifilm, ACNUR-ONU, Don Bosco-Camboya, Banco de la República y Zona Cinco.

Es miembro de la Asociación de Fotógrafos Urbanos en Londres, La Hydra en México, X-Photographer para FUJIFILM Colombia, del Colectivo +1 y de CROMA Taller Visual, una escuela que trae al país a invitados internacionales para pensar la fotografía más allá de lo que se ha dicho es la fotografía y en donde a través de la docencia mantiene su pensamiento fotográfico activo al transmitirlo y porque es una plataforma ideal para mostrar su trabajo y hacer reflexiones críticas acerca de lo que piensa del mundo, de la sociedad, del paisaje, del contexto en general y a la vez aprende.

En CROMA Taller Visual, así como en los múltiples talleres que dicta, se esfuerza para que sus alumnos vean más allá de la idea obvia de documentar un hecho, una actividad, un lugar o una persona y lleguen a combinar sus emociones y sentimientos con sus reflexiones en relación a lo que imaginan y a lo que recuerdan.

Hace poco estuvo en Valledupar dictando un taller de fotografía documental en la que participaron alrededor de 30 personas. Con temáticas diversas como el río Guatapurí, el comercio, las emociones y sentimientos, con un ejercicio práctico Santiago Escobar-Jaramillo dejó claro a los participantes del taller que cualquier persona puede ser fotógrafa en el momento en que comprenda lo que ve y sea consciente de lo que quiere decir.

“El artefacto que es la cámara simplemente es un mecanismo más. Hoy en día, la tecnología ha simplificado el proceso técnico pero lo importante no es la cámara, ni la técnica y esas cosas sino lo que uno tenga que decir como fotógrafo. Hay que aprender a ver, a observar y a entender nuestro entorno y poderlo transmitir y resumir en una imagen.

Por dos años ha estado en una gira por Colombia con el Banco de la República, compartiendo sus conocimientos y experiencia en diferentes talleres de fotografía. Con el de Valledupar completa doce. Ha estado en ciudades como Manizales, Pereira, Sincelejo, Montería, Ibagué, Ipiales, Pasto, San Andrés, entre otros.  

 

Samny Sarabia

@SamnySarabia 

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