Sábado, 16 de dic de 2017
Valledupar, Colombia.

 

Recordando un poco del escrito de Eduardo Caballero Calderón, “Siervo sin tierra” en uno de sus apartes en el cual los liberales de ese tiempo, del tiempo de los “chulavitas” al encontrarse desamparados, arguyen: “– ¿Y los jefes, no dicen nada?

-¿De cuáles jefes habla, mano Siervo?

-De los nuestros, de los liberales; los que mandaban por encima de don Ramírez, que ya es decir algo.

-Se largaron todos.

-¡No me diga! ¿A los llanos?

-No, señor, al extranjero.

Así es el accionar de la oligarquía Latinoamericana, cuando al no funcionarle su campaña de desprestigio y dudas sobre los contendores u opositores más fuertes deciden irse del país que ayudaron a destruir regalando sus materias primas al mejor postor, subiendo los impuestos al pueblo y favoreciendo a las multinacionales con políticas de cero impuestos.

Luego se amparan en los países dueños del capital que protegían y desde allá comienzan a idear artimañas belicosas y de desprestigio preparando el camino, para luego volver al poder.

Colombia, actualmente se encuentra ad portas de un cambio político, económico y social. Todo se vislumbra por la cantidad de acontecimientos que a diario son noticias, tales como: corrupción en el Congreso de la República, corrupción en las altas cortes, corrupción en los diferentes estamentos estatales, robo a los dineros de inversión en proyectos alimenticios para niños de las escuelas públicas; en fin, acontecimientos que al no encontrar culpables en una acción de los entes de control, pues seguirán repitiéndose por la benevolencia de nuestras leyes, que al parecer favorecen a esos mismo que la hacen; los que, como castigo les dan casa por cárcel.

Mientras tanto la sociedad seguirá cuestionándose, con argumentos que reflejan el temor por un gobierno de izquierda, pero muy silenciosamente cuestionan el accionar de los que siempre han gobernado, los que poseen apellidos de la elite que está gobernando a Colombia desde tiempos de la independencia del yugo español.

A final de cuentas, este país ha sido saqueado y vulnerado por personajes que propugnan intereses particulares y beneficios a los dueños del poder económico mundial, actitud que tarde o temprano hará diluir la cuerda o la línea que mantiene en el poder a las elites genealógicas que han sumido a Colombia en la miseria, con pocas oportunidades para un pueblo que exige mejor estatus social referente a oportunidades de salud, educación, empleo y desarrollo de la familia.

Colombia es un país que pone a pensar a su sociedad sobre la realidad económica, política y social del mismo; porque vemos el afán por entregar todos nuestros recursos valiosos para nuestra subsistencia, a las grandes multinacionales; recursos tan valiosos como el agua, la tierra, unida a ella la seguridad alimentaria y otros que para mantener el equilibrio de vida y protección de nuestros ecosistemas es mejor dejar que sigan con su naturaleza sin modificar o alterar por el afán de explotar en razón a la política económica extractiva, la misma que según los viejos gobernantes, es la que le permite crecer a nuestro país.

Hoy en nuestro país vemos como los que gozan de los bienestares de sus riquezas y también aquellos que la vida les ha permitido prosperidad, a pesar de la catástrofe en la dirección del país, se ensañan en propugnar por que continúe la guerra y el odio, algunos por intereses particulares prefieren la continuidad de la guerra, al igual que otros por el orgullo que quizás no los deja visionar, otros porque fueron víctimas de las circunstancias. Y es ahí cuando notamos que no prefieren un nuevo líder o gobierno que piense en equidad e igualdad de derechos para un país que anhela un cambio, un país que sin salirse de la ideología capitalista prosiga con un capitalismo más humano, de oportunidades, de perspectivas de desarrollo, explorando aspectos que nos permitan depender más de nuestra capacidad emprendedora que de la venta de nuestras materias prima.

Mientras Colombia siga eligiendo como gobernantes a personas que vienen al poder para vender la patria en pedazos sin mirar a fondo las consecuencias, si se continúa optando por  los mismos, que continuarán exceptuando a las grandes empresas de impuestos, cargándolo todo al ciudadano común; mientras se sigue prefiriendo a personas que gobiernen para la elite mundial, más no para el pueblo que lo eligió; seguiremos siendo testigos de la huida de aquellos estadistas que al terminar sus periodos se van al extranjero con sus familias a disfrutar de sus  riquezas amparadas en guaridas fiscales, para regresar, solo a manipular y continuar desde el exterior dirigiendo a su antojo a sus marionetas.

Porque así ocurrirá, cuando ya Colombia quede cansada, y en la quiebra absoluta por lo dadivoso de la rancia derecha que siempre ha gobernado a Colombia en favor de la política del garrote, dejando huellas, como ríos contaminados, cráteres profundos por acción de la explotación minera del carbón fósil, sin activos propios, con una deuda impagable y de fácil manejo político y económico por las potencias económicas que imponen sus intereses; entonces, los “señores” del poder político tradicional en Colombia, al final, se largarán todos. O continuarán haciendo los mandados de sus amos, los nuevos esclavistas del siglo XXI.

 

Luis Alcides Aguilar Pérez

@Luisaguilarp

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Luis Alcides Aguilar Pérez

Luis Alcides Aguilar Pérez (Chiriguaná- Cesar). Lic. En Ciencias Sociales de la Universidad del Magdalena. Docente de secundaria. Fiel enamorado del arte de escribir. Publicaciones: La Múcura de Parménides – Compendio de cuentos, poesías y reflexiones; Sueños de libertad – Cuentos, poemas y diez reflexiones; Chiriguaná. Historia y Cultura. Novela inédita “¡Y la culpa no es de Dios!”

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