Jueves, 22 de feb de 2018
Valledupar, Colombia.

David Siqueiros y un fragmento de su mural Del porfirismo a la revolución

 

David Siqueiros (1896-1974) es un pintor de renombre mundial. Es sabido que, junto a Rivera y Orozco, conforma el grupo de los grandes muralistas mexicanos. Los tres, además, han sido activos militantes del partido comunista.

Siquieros siempre se mantuvo en acción política. Así, estuvo en la Guerra Civil española tanto como, años más tarde, se hizo presente cuando Nasser nacionalizó el canal de Suez. Su pintura es un desarrollo de su ideología. Entre otras cosas que hizo,  también quiso matar a Trotsky.

León Trotsky, que nació como Lev Davidovich Bronstein, fue uno de los tres principales líderes de la revolución rusa de 1917. Los otros dos: Lenin y Stalin. Lenin fue el jefe hasta su muerte. Su sucesor debía ser Trostky. Incluso era lo que Lenin quería. Pero fue Stalin el que se quedó con el poder. Stalin organizó un complot y dejó afuera del gobierno a Trotsky. Lo llevó a prisión y, luego, lo desterró. Lenin y Trotsky eran judíos. Stalin, no. Durante su gobierno, en el que antes de enfrentarse, pactó con Hitler, fueron abundantes las persecuciones contra los judíos. Nada fuera de lo común en la mayoría de los países europeos de esos años. Sea porque se desarmaba una supuesta trama ideada por los judíos o por razones personales de pretender el poder, Trotsky quedó fuera de Rusia. Pero se convirtió en el principal enemigo teórico y en el potencial dirigente de una rebelión contra Stalin. Mientras escribía libros y pensaba en la revolución soviética mundial y en destituir a Stalin, no le quedó más remedio que ir de un país al otro, hasta que, en 1937, llegó a México.

En México, Trotsky y su mujer se instalaron en la casa de Diego Rivera y Frida Kahlo, en Coyoacán. Mantuvo un romance con Frida, a la que le llevaba treinta años, y se fue a unas cuadras de ellos después que Rivera se enterara de que el huésped había hecho abuso de su hospitalidad. En su nueva casa, el teórico predicador de una nueva moral (que no ponía en práctica en su vida personal traicionando a la que todos consideraban su inseparable mujer y al amigo que le había dado protección), se mantuvo tranquilo por unos meses. Tenía una custodia gigantesca y se suponía que era imposible llegar hasta él. Siqueiros no opinaba lo mismo.

Robert Sheldon Hart, un doble agente, infiltrado en la custodia de Trotsky, consiguió que un comando de veinte hombres comandado por el pintor se metiera en la casa. Hubo cuatrocientos disparos. Siqueiros llegó hasta el dormitorio de Trotsky y Natalia Sedova, la esposa. Les tiró pero no acertó. El matrimonio se parapetó detrás de una pared y los custodios enfrentaron a Siqueiros. No le quedó otra alternativa que escapar con sus hombres.

Esto ocurrió en mayo de 1940 y Siqueiros, como la mayoría de los militantes del partido comunista fieles al stalinismo, se quedaron quietos. Stalin había ordenado matar a Trotsky así que, pronto, otro plan fue ideado. Siqueiros no estuvo ausente de su elaboración. Ocurriría en noviembre de 1940, cinco meses después del fallido primer intento.

Ramón Mercader, un catalán fue el elegido. Lo ayudó su propia madre. Y dos comunistas de México: el filósofo, político y sindicalista, Vicente Lombardo Toledano y David Siqueiros. El plan no era nada extraordinario: Mercader enamoró a Silvia Ageloff, una de las secretarias de Trotsky. Después, todo lo que había que lograr era que Silvia le hablara a Trostky de Mercader y le pidiera que leyera unos escritos que él había hecho. Por supuesto, Silvia hizo que Trotsky se encontrara a solas con Mercader. Mientras Trotsky leía, Mercader le clavo un pico en la cabeza.

Mercader fue preso. Dijo que cometió el crimen por cuestiones personales. A principios de los años cincuenta, salió libre. Stalin siguió gobernando hasta que murió. Y Siqueiros pintando sus murales.

 

Juan Carlos Boveri

Pintor y escritor 

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