Lunes, 22 de ene de 2018
Valledupar, Colombia.

 

Hace exactamente cien años en 1916, el suizo Ferdinand de Saussure, padre de la lingüística moderna, escribe su obra cumbre que en un comienzo se llamó “Filosofía Lingüística” y que, al final, le fue cambiado el nombre para su publicación como se conoce hoy: Curso de Lingüística general, el mismo que inspiro a Noam Chomsky, destacado Liguista, Filósofo y politólogo norteamericano, en compañía de Michel Foucault, entre otros grandes pensadores e intelectuales del siglo XX  que le dieron cabida al pensamiento crítico y la base para los cambios sociales del momento.

Después de una centuria de haber sentado las bases de la Lingüística, definamos el término para poder entender el enredo gramatical de todos y todas.

¿Qué es la lingüística?

La lingüística tiene como objetivo el estudio, la descripción y la explicación de la lengua entendida como un sistema de signos autónomos. Como tal, es una ciencia que bien puede estudiar el lenguaje en un sentido general, enfocado en su naturaleza y en las pautas que lo rigen, o bien de manera particular, orientado al estudio de lenguas específicas. Asimismo, la lingüística aborda aspectos asociados a la evolución de la lengua y su estructura interna, entre otras cosas.

La lingüística también estudia la lengua a distintos niveles: el fonético-fonológico, el morfológico, el sintáctico, el léxico y el semántico. Asimismo, la analiza a partir de su realización en el habla mediante las disciplinas de la pragmática y de la lingüística textual. (Fuente: https://www.significados.com/linguistica/).

Ahora que ya despejamos algunas dudas sobre el concepto de la palabra, hablemos entonces de lo que implica no entender, olvidar o ignorar de dónde proviene el sentido y el uso correcto de las palabras, y como una mala interpretación de género, que es una categoría gramatical se confunde o mal asocia con la de sexo, que es el error garrafal que cometió el senador de la república Alirio Uribe, al demandar por una acción de cumplimiento al alcalde de Bogotá, Enrique Peñaloza para que cambie su eslogan “Bogotá mejor para todos” por el de “Bogotá mejor para todos y todas” según el demandante, el alcalde violó un acuerde de 2009 sobre el lenguaje incluyente.

Por supuesto que la noticia tiene dos aristas que analizar, uno, es el show mediático político para hacer ruido y desviar la atención de la gente en un tema sensible para un grupo poblacional, y dos, a esto se suma el ruido de ONGs feministas que apoyan la medida para que supuestamente haya inclusión en el lenguaje y se dé, la mal llamada equidad de género.

Pero más allá de las intenciones del Senador y los grupos feministas, está el desconocimiento de la lengua y su buen uso a la hora de interpretar o entender su significado.

Es común para todos entender que el género hace referencia al sexo (femenino y masculino) pero no aplica cuando hablamos de género como categoría gramatical, pues no es excluyente, sino que clasifica, y eso no indica que por usar un sustantivo masculino se niegue o no se reconozca el sustantivo femenino.

Ejemplo: todos usamos la palabra “cabeza” (que es de género femenino) cuando nos referimos a ella, no estamos diciendo que es la cabeza de ella o él, es solo la cabeza y puede decir: la cabeza de Alberto y de Carlos; de Sofía y de Laura.

Como vemos, solo se clasificó el sustantivo y eso no compite, no riñe, no entra en conflicto con quien se nombre cuando se dice: la cabeza de todos es grande.

En este sentido, no se explica, cómo ahora, por medio del mal uso de la lengua, quieren decir que se excluye al hombre o la mujer, o que se favorece el reconocimiento de uno u otro o se opaca a uno y otro.

Eso no tiene sentido y no tiene explicación, porque entonces de ahora en adelante deberíamos cambiar nuestra forma de hablar. Ejemplo: “Las ciudadanas y ciudadanos, mayores de edad, hombres y mujeres, todas y todos tienen derecho al voto.  Esto sí es un verdadero caos sintáctico, un atentado, mejor dicho, el libro de gramática básica de Ferdinand de Saussure no sirve para nada. Todo lo que se ha avanzado en nuestro idioma, se perdió, entramos en un retroceso lingüístico, al tiempo de la caverna de Platón y todo porque a un Juez de la República y a un Senador se les ocurrió que, al no nombrarlas a ellas, se está negando su existencia.

Todos sabemos, y al decir “todos” hago mención a hombres y mujeres, que la ignorancia es atrevida, y sería bueno que desde la escuela se haga más fuerza en la educación de nuestra lengua, para que no lleguemos a estos límites aberrantes de desconocer el género gramatical, al género que hace referencia al sexo de la especie humana.

El hombre sigue siendo un espécimen muy raro en la tierra. Me imagino cómo se reirán de nosotros los extraterrestres.

 

Eber Patiño

@Eber01 

Hablemos de…
Eber Patiño Ruiz

Eber Alonso Patiño Ruiz es comunicador social, periodista de la Universidad Católica del Norte Sede Medellin, Antioquia. Su gran pasión es la radio y la escritura. Tiene dos novelas terminadas y una en camino, un libro de cuentos y otro de historias fantásticas; tres libros de poesía: Huellas, Tiempos y Expresión del alma.

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