Jueves, 22 de feb de 2018
Valledupar, Colombia.

La Filarmónica Joven de Colombia en el recién inaugurado Centro de Convenciones de Valledupar / Foto: Prensa GobCesar

 

Majestuosa; así puede describirse la actuación de la Filarmónica Joven de Colombia en Valledupar. Tres obras musicales fueron suficientes para salir aclamada del lugar y conquistar al numeroso público que asistió al centro de convenciones ‘Crispín Villazón de Armas’. 

Puntuales e impecablemente vestidos de negro, con sus acostumbrados tenis Converse puestos, se vio cada uno de los jóvenes integrantes de la orquesta esperando el saludo y las indicaciones de inicio del jamaiquino Andrew Gourlay; invitado exclusivamente para dirigir la gira ‘Libertad’.

El concierto abrió con la interpretación de la ‘Pequeña suite’ (1938) del compositor colombiano Adolfo Mejía, una pieza compuesta por tres movimientos musicales: bambuco, torbellino y cumbia. Con una duración aproximada de catorce minutos, la obra es una muestra de la fusión perfecta entre aires musicales tradicionales del país con las tendencias impresionistas que estaban en boga en ese momento en Bogotá bajo el formato de la orquesta sinfónica.

Seguidamente, hace su aparición uno de los principales clarinetistas de Gran Bretaña, Matthew Hunt, con el ‘Concierto para clarinete’ (2002) del compositor finlandés Magnus Lindberg. Es la obra contemporánea con la cual es más conocida su autor. Las cinco secciones en las que se estructura su único movimiento, permiten múltiples ocasiones de protagonismo al solista, quien debe desplegar un amplio catálogo de sonidos y tonos que van desde lo emotivo y dramático, hasta lo humorístico e irónico. La obra se pasea por una civilizada disonancia e incluso cierto espíritu jazzístico.

Luego de un receso de diez minutos, La Joven retomó con la ‘Sinfonía No. 7, Op. 92 de Ludwig Van Beethoven. La séptima sinfonía es la obra que gozó más éxito en vida del alemán. Las sinfonías son composiciones divididas en cuatro movimientos, cada uno con un momento y estructura diferente.

Después de cumplir con el programa seleccionado para la ocasión, la Filarmónica Joven de Colombia sorprendió al público de Valledupar, regalándole una maravillosa interpretación de la canción ‘La gota fría’ de Emiliano Zuleta Baquero. Emocionante momento que puso de pie a los asistentes y que estrechó unos lazos que solo la música tiene la capacidad de unir. 

El lunar de la noche

Un descontento colectivo contrastó con la extraordinaria presentación musical de La Joven en la capital del Cesar. Decenas de valduparenses se vieron forzados a devolverse a sus casas con el sinsabor de no poder ver de cerca a los 92 jóvenes que trajo la gira ‘Libertad’ y de apreciar sus talentos en las condiciones que fueron ampliamente publicitadas en medios de comunicación locales y nacionales.

El objetivo de la gira de inspirar a los músicos locales y de acercar la música sinfónica a todos los colombianos sin distingo de raza, creencia religiosa, estrato social, económico o cultural, se vio opacado por la decepción de las personas que llegaron desde tempranas horas de tarde para asegurar su acceso a la gran experiencia que significa tener a una orquesta de alta calidad musical por primera vez en la ciudad.

En medio de los reclamos justificados hechos a los organizadores del concierto, muchos asistentes tuvieron que conformarse con ver la presentación desde una pantalla ubicada a la entrada del lugar porque el auditorio del centro de convenciones estuvo -casi en su totalidad- reservado para espectadores que portaban una invitación especial. 800 invitados especiales, de acuerdo a la capacidad del lugar. Incluso, al final, muchas de las personas que tenían una invitación tampoco alcanzaron a disfrutar de la presentación.

Sin duda, una experiencia no tan grata para aquellos que por primera vez esperaban tener contacto con la música sinfónica, inclusive para aquellos que son seguidores y conocedores de la misma. No está de más subrayar que las fallas en la logística y comunicación son responsabilidad precisa de los organizadores del evento, más no de los integrantes de la orquesta de la Filarmónica Joven de Colombia; quienes demostraron en el escenario y fuera de él, una alta formación musical, un inmenso sentir a la hora de compartir la música con cada uno de sus instrumentos y sus deseos de romper con la falsa creencia que este tipo de música es para las elites sociales.

 

Samny Sarabia

@SarabiaSamny 

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