Jueves, 22 de feb de 2018
Valledupar, Colombia.

Ciénaga de Zapatosa (Cesar, Colombia) / Foto: Los caminos de la excelencia

 

En la práctica, parece que vivimos mundos paralelos, y como en un cuento de ciencia ficción, desde esos mundos distantes creemos tener una máquina del tiempo que nos permite conjugar los dos mundos y entendernos.

La realidad es otra, nuestros pueblos tienen una concepción cosmogónica diferente, estamos situados en contextos socio culturales distintos, somos comunidades diferentes, con costumbres, tradiciones, cultura y orígenes diferentes. Cada pueblo tiene su mundo, su universo local, pero la arrogancia del poder político de antaño, intrusos, al fin y al cabo, sin consultar con los pueblos, optan por intervenir ese mundo singular pueblerino, implantando elementos de su universo particular (su música, sus patrones estéticos, la simbología de himno, escudo y bandera) sin tener en cuenta las localidades, su arraigo, su historia, sus costumbres, tradiciones, en fin, su universo local.

Les costaba entender que no eran el ombligo del mundo y que los pueblos que conformaban el nuevo departamento del Cesar, pensaban, piensan y actúan en consecuencia a lo que piensan y que las comunidades, pueblos y aldeas tienen sus propios códigos culturales y su propia identidad que había y hay que respetar.

Nada de ello se tuvo en cuenta, antes por el contrario se avasalla la identidad y sentido de pertenencia de los municipios que integraron al nuevo departamento y a plumerazo limpio (o sucio más bien) trataron de reescribir la historia de los pueblos, metiendo a todos en el costal de la historia recién elaborada, desconociendo que los procesos de construcción identitaria requerían el estudio de los vínculos que unen la realidad y la forma como los pueblos lo representan, porque la realidad individual y en especial la colectiva son el constructo elaborado sutilmente por la comunidad en un tiempo indeterminado y que su flujo no se puede forzar y mucho menos definir por el querer de un grupo externo, como en el caso que nos ocupa.

Sobre este asunto, el sociólogo Anthony Giddens manifiesta: “la formación de la identidad personal, lo mismo que la identificación colectiva, responde a un proceso social, se forma a través de relaciones sociales: el sí mismo se construye frente al otro y el nosotros frente al vosotros”. No obstante, lo dicho por Giddens los nuevos amos de la región pensaron que podían implantar un modelo, su modelo de pensar, desconociendo la cultura, las tradiciones, las costumbres y todo ese acervo sociológico que estos pueblos heredaron de sus mayores en muchos años de historia.

El resultado fue inocuo, los pueblos que conformaron ese Cesar de inicio no han cambiado, ni cambiarán sus tradiciones, sus costumbres, su forma de ver el mundo, porque es difícil abandonar la herencia cultural que nos legaron los mayores, porque asumir una cultura extraña a nuestra historia es como si apostatáramos de nuestros ancestros, porque sería como si nos avergonzáramos de nuestros orígenes, y eso es tanto como el suicidio cultural colectivo de nuestras comunidades.

Por estas razones sociológicas y antropológicas que se han desconocido, el Cesar es un departamento de pueblos inconexos culturalmente. Es un ente territorial constituido por pueblos desconectados del todo, convertidos en ínsulas culturales que hacen imposible la mismidad ya que desde el comienzo los que ostentaban y ostentan el poder político y administrativo se han empecinado en negar la otredad, han sido renuentes a aceptar que no todos los pueblos del departamento piensan y actúan igual al hombre vallenato.

Es necesario un estudio serio que se haga sobre cada componente poblacional (indígena, vallenato, santandereano y hombre del río) que permita esclarecer a las instancias departamentales de gobierno (Gobernación, asambleas y demás sectoriales), lo que todo mundo sabe por praxis: Que el departamento del Cesar es pluriétnico y multicultiural y en consecuencia a ello se tracen políticas que atiendan estas circunstancias especiales que hacen del Cesar un departamento afortunado culturalmente.

Todavía estamos a tiempo de corregir el entuerto y hacer del Cesar un departamento que pueda mostrar ante propios y extraños la riqueza cultural que le propician los componentes poblacionales que lo integran.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando
Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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