Jueves, 22 de feb de 2018
Valledupar, Colombia.

 

Angosta” es una novela pura, atrevida, que atrapa y consume. Héctor Abad Faciolince, de manera puntual, matizada con patrones líricos, fuertes dosis del realismo social estudiado por Fernando Ayala Poveda en su ‘Manual de literatura colombiana’ y atributos del realismo mágico de nuestro Gabo que se reconoce a leguas, idea una historia que genera una serie de controversias sociales, políticas y humanitarias de gran relevancia. Personalmente, como lector y aprendiz de la escritura, me ha motivado a explorar dos nuevos escenarios: la reseña y la crónica, porque eso es Angosta, letras que hacen las veces de un librero al recomendar literatura, poesía, es un mundo de narrativas que encaran las políticas de Estado, el sexo, la interacción ciudadana, la pobreza y el conflicto armado de forma peculiar, es un prontuario de temáticas que conducen al lector a una atmosfera de contrastes, reflexión y polémica. Angosta es una cartelera de problemas sociales y universales.

La trama de esta historia se desenvuelve en un lugar que retrata experiencias de muchos países de nuestra región, “la capital de este curioso lugar de la tierra se llama Angosta. Salvo el clima, que es perfecto, todo en Angosta está mal. Podría ser el paraíso, pero se ha convertido en el infiero”. Tiene como personaje principal, aunque en ocasiones otros se colocan esa camiseta, a Jacobo, un ateo respetuoso, manso y poco militante, quien se caracteriza por ser un tipo bohemio e intelectual.

Volviendo al tema de la ciudad, esta padece de una inapelable estratificación y una estrechez ridícula, está fraccionada en tres pisos, tres gentes y tres climas. Allí, tanto la violencia como la desigualdad han sido dos fenómenos que han estado presentes desde hace mucho tiempo. La clase alta de Angosta, los dones, llevan un estilo de vida muy propio de la corriente conservadora de las cavernas, ortodoxa, latifundista, pisoteadora del intereses general y protectora de los intereses particulares a toda costa. Mientras tanto, en los sectores de abajo, el autor revela cómo el ser humano puede llegar a verse asfixiado por los paradigmas y las tontas nomenclaturas que articulan unos pocos. Angosta es sinónimo de autoritarismo, chocantería, discriminación, centralismo excesivo y una férrea ausencia de Estado.

Me parece un gran acierto que el autor haya sabido sortear tan bien la temática de la obra, escenarios, metodologías, hechos, hasta el punto de no permitirle al lector, en ningún momento, encasillar la historia en un lugar específico del mundo actual, eso, sin duda, permite una mayor imaginación y un ensimismamiento sifnificativo frente al eje de la narrativa. Por otro lado, resulta interesante y conveniente que una pieza literaria como ‘Angosta’, de un alto contenido social, contenga una entraña sexual noble, cotidiana, palpable en apartes como: “…la flecha que se hundía por la húmeda rendija entre sus piernas, deliciosamente estrecha, perfectamente angosta, como la puerta que conduce al paraíso…”, eso deja apreciar que son letras sin ningún tipo de superficialidad, es una evidente composición literaria al desnudo.

Confieso que esperé un final más explosivo, pero aun así, en medio de la parsimonia con que el autor cierra la historia, dejándola abierta, lo hace de buena forma al exteriorizar en lo que puede terminar la vida de los seres humanos, como Jacobo y Virginia, que habiten en un lugar parecido al infierno, como Angosta: en el exilio.

Para mí, ‘Angosta’ es una obra literaria oportuna para analizar e investigar acerca de diversas problemáticas de orden social, político, económico, cultural y jurídico, tanto de Colombia como de algunos países latinoamericanos. Es un texto que ahonda de forma autentica en temas de violencia, desgobierno, poder, convivencia social, polarización, sectarismo, entre otros tópicos que le permiten al lector adquirir una cosmovisión más completa de nuestro pasado, presente y futuro si este logra conectarlos con la historia. Hay que leerla, es un relato que posee mucha: ‘Violencia, sexo y debate’. Abad, Héctor. 2016. Angosta. Bogotá D.C.: Editorial Plantea.

 

Camilo Pinto Morón

@camilopintom

Letras & Opinión
Camilo Pinto Morón

Camilo A. Pinto Morón, estudiante de Derecho de la Universidad de Santander, estudio leyes porque "pertenece a ese orden de cosas que se comprenden mejor cuando no se definen" - Levy Ullmann. Columnista de opinión en PanoramaCultural.com.co, el diario El Pilón, y Con la Oreja Roja. Fiel creyente de un oficio de opinar en serio, respetuoso, objetivo y responsable.

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