Sábado, 24 de feb de 2018
Valledupar, Colombia.

 

En Colombia se conmemora el 09 de febrero, el Día del Periodista, fecha que nace con la aparición en 1791 del ‘Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá’, primer periódico capitalino; dirigido por Manuel del Socorro Rodríguez de la Victoria.

La historia misma del nacimiento, evolución y consolidación de la información periodística en el país va muy ligada a la historia de ataques contra la prensa; así lo asegura el historiador y periodista Jorge Orlando Melo en ‘Periodismo y política en Colombia: doscientos años de cercanía (2009), “durante la época de formación y consolidación de la República (siglos XIX y XX) el poder político surgió ante todo de la prensa”.

Una investigación más reciente sobre el impacto que ha causado el conflicto armado en el periodismo colombiano se puede consultar en el libro ‘Sociedad, guerra y periodistas: la información en tiempos de fusiles”, publicado por la Federación Colombiana de Periodistas, Fecolper,con el acompañamiento de USAID y CODHES. La publicación ha sido presentada en 18 departamentos del país entre el último trimestre del 2017 hasta hoy.

Asesinatos, estigmatizaciones, intimidaciones, torturas, desplazamientos, secuestros, amenazas, cooptación, censura, interceptaciones ilegales y atentados a las infraestructuras y cierre de medios de comunicación, son las tipologías de victimización que ha soportado el periodismo colombiano de parte de los actores armados del conflicto y fuera de él (guerrillas, paramilitares, narcotráfico, bandas criminales, poderes económicos y políticos y de las instituciones del Estado), afectando además del libre desarrollo de la labor, el derecho constitucional de la sociedad de recibir información completa y veraz sobre los hechos acaecidos durante este tiempo y sustancialmente, en el marco del conflicto. Una evidente, histórica y recurrente agresión a la democracia. 

Con la violación a los derechos de un periodista, se incurre en un daño para el medio de comunicación en el que labora, su familia y las audiencias que terminan desinformadas, manipuladas y vulneradas en su derecho de comprender la realidad y la historia de su país; es por ello que a partir de la expedición de la Ley 1448 de 2011 (Ley de Víctimas y Restitución de Tierras) se reconoce al periodista como víctima y se inicia  a través de la Unidad para la Atención y Reparación Integral, un proceso de identificación y reparación individual y colectiva, tema también abordado en el libro.

Colombia se ubica entre los primeros 50 países cuyas condiciones carecen de garantías para ejercer el periodismo. En las regiones, la situación reviste de mayor hostilidad, puesto que convergen en un mimo lugar, periodistas y sus victimarios. En las zonas diferentes a Cali, Medellín y Bogotá la violencia contra periodistas ha crecido exponencialmente, impactando negativamente las dinámicas de la democracia en las zonas apartadas de las urbes nacionales y por supuesto, desviando –en muchos casos- la atención oportuna del Estado y de los mismos medios de con eco nacional. 

Si bien, algunos actores del conflicto armado han disminuido su presión en la labor del periodista -mejorando algunas condiciones- las intimidaciones no han cesado, los hechos de vulneración a la humanidad y al ejercicio periodístico en Colombia siguen siendo quebrantado diariamente. Hoy, los victimarios son otros. Se evidencia una clara coacción por parte de políticos y entes territoriales; quienes ejercen un sutil control informativo a través de la asignación de pautas publicitarias.

Con todos los ataques provenientes de los grupos legales e ilegales a la prensa nacional por más de cinco décadas, registrados en la publicación, revela a la “verdad” como la gran perdedora de la historia. La corrupción y la impunidad siguen prevaleciendo no solo en los casos de agresión a las empresas y gremios periodísticos, siguen golpeando toda normativa nacional e internacional expuesta para la protección de los Derechos Humanos, siguen generando miedo y daños irreparables a cada colombiano en su dimensión individual y colectiva, económica y psicosocial, callando voces, desintegrando familias y destruyendo la memoria de un pueblo.

Así el panorama, el libro ‘Sociedad, guerra y periodistas: la información en tiempos de fusiles’ es un llamado de atención y a la reflexión. Es un acto de respeto a la memoria y a la labor de cada uno de los periodistas asesinados, desplazados, ultrajados, censurados y desaparecidos; al mismo tiempo, se convierte en instrumento histórico y de consulta obligada para cualquier colombiano que se resista a olvidar.

 

Samny Sarabia

@SarabiaSamny

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