Sábado, 23 de sep de 2017
Valledupar, Colombia.

La guacharaca / Foto: Humberto SilvaYa no se escucha el canto de la guacharaca en Valledupar aunque antaño fue una de las aves que animaba las madrugadas.

Su ruidoso despertar se ha ido alejando de las memorias y sólo se encuentra en el Parque de Los besotes, a diez kilómetros en las afueras, y otras reservas regionales que sí concentran poblaciones apreciables de este animal.

Con su partida, muchos de nosotros, cesarenses, hemos ido olvidando lo que caracteriza esa ave: su plumaje gris pizarra en la cabeza, el dorso y el cuello; gris claro o blancuzco en el vientre, rojizo en la base de la cola y negro verduzco en la cola que termina en punta castaña o blanca.

Es un animal hermoso que vive en los bosques húmedos. Se alimenta en grupos pequeños y se aparea entre octubre y noviembre. Construye nidos aparatosos con ramitas a, por lo menos, dos metros de altura.

Las guacharacas suelen camuflarse en abundancia. Son de hábitos secretos y tímidas ante los seres humanos. Y es cierto: esa conducta contrasta con el barullo que produce con su canto matutino. Sin embargo, su capacidad de adaptación es enorme. Tan grande que con el crecimiento urbano, los territorios de estas aves y del hombre se han encontrado.

En ciertas ciudades de Venezuela, por ejemplo, o Trinidad yTobago en las islas del Caribe, se la puede ver caminando tranquilamente por las calles o en las ramas de los árboles. Por ese motivo, extraña que esta ave, tan conocida en la región (debido a la presencia al instrumento del mismo nombre), no se haya adaptado a la ciudad de Valledupar. Quizás la falta de árboles altos y frondosos sea el motivo aunque los palos de mango podrían cumplir esa función de nido.

Lo cierto es que la guacharaca es un animal bello y único, pero que produce un ruido a veces insostenible. En alguno de mis viajes a Venezuela he podido escuchar las experiencias de  citadinos que se quejaban por el estrépito causado por la guacharaca en la madrugada y en el crepúsculo (cuando rivaliza con otros grupos de la misma urbe para ver quien canta más alto).

Se las puede oír a mucha distancia y especialmente en los fines de semana que es cuando hay menos tráfico y actividad.

En uno de esos viajes que hice descubrí que las guacharacas son aves sociales que mantienen una jerarquía de dominancia-subordinación en sus grupos. Esa jerarquía acaba reflejándose en ataques grupales donde el ave dominante es el que ataque primero al otro grupo.

En algunas ocasiones me he puesto a pensar: ¿por qué no reintroducir la guacharaca en Valledupar? Me encantaría verla cerca del río, o en algunos de los parques más extensos, pero: ¿Seríamos capaces de convivir con ellas?

La Lupa literaria
José Luis Hernández

José Luis Hernández, Valledupar (1956). Abogado, docente y amante de la literatura. Ofrece en su columna “La Lupa Literaria” una perspectiva crítica sobre el mundo literario y editorial. Artículos que contemplan y discuten lo que aparece en la empresa especializada, pero aplicándole una buena dosis de reflexión y contextualización.

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