Miércoles, 28 de jun de 2017
Valledupar, Colombia.

José Atuesta MindiolaLa madre de José Atuesta Mindiola llegó a Mariangola cuando el pueblo sólo contaba con una veintena de casas. Hacía un calor inmenso y, poco tiempo después, nacía él. La noticia se extendió rápidamente. Todos querían conocer al hijo de una madre carismática que se dedicaba a la docencia, fundó una iglesia y organizó, incluso, la primera procesión.

Su padre era un poeta aficionado. Un trabajador que leía a menudo, y se interesaba por la medicina. Una figura importante dentro de esos recuerdos que hacen de Mariangola una tierra de afecto.

Allí, José Atuesta estuvo hasta la primaria, continuó en el Bachillerato y, luego, decidió irse a la capital para estudiar bioquímica. En 1977, le nombraron rector del Colegio Rodolfo Castro en Mariangola.

Ese retorno a la tierra natal le permitió volver a sentir el calor de la familia, la cercanía de las amistades y el apego a esos recuerdos imborrables. Ese entorno le incitó a lanzarse en muchas iniciativas: formó un club deportivo, organizó “La danza del tigre” y llegó incluso a publicar en 1982 el primer libro de poemas de Valledupar: “A los ojos de todos”. Un libro que nace de un reencuentro con la infancia.

Cuando le preguntamos por qué motivo no se había escrito nada en Valledupar antes de su libro nos responde que quizás sea por la influencia de la oralidad. Luego, nos da otra explicación: el miedo a publicar, y nos aporta el ejemplo de un amigo poeta muy exigente consigo mismo que se pasa el tiempo corrigiendo y nunca publica.

Ocho años estuvo José Atuesta Mindiola en Mariangola, impartiendo clases de biología antes de trasladarse a Valledupar. “La biología y la poesía son hermanas”, nos explica. Ambas representan la vida. Ambas nacen de la contemplación.

En el 91 publica “Dulce Arena del Musengue”. Ese libro marca un reencuentro con los amigos escritores y el mundo de la poesía en general. La palabra “Musengue” –una pala que uno usa para espantar a los mosquitos– le llamó la atención y, finalmente, acabó siendo parte del título.

Sus temáticas suelen ser de tipo social, cultural o identitario. Hablan de la Tierra, de la naturaleza, los familiares y los amigos. Mezclan lo cercano, lo diario, con cuestiones más abstractas.

En 1996, el fondo mixto de cultura le publica el libro de poemas “Estación de los cuerpos”. Un libro que abre una etapa más madura en su estilo y en el lenguaje. Además, José Atuesta reconoce que en esa época la poesía ganó presencia a través del programa de humanidades de la Universidad Popular del Cesar, pero también de la actividad departamental del Banco de la República.

En 2003 gana el premio nacional Casa de Poesía Silva y al año siguiente publica el libro de poemas “Valledupar desde la otra orilla”. Una obra que ofrece una mirada distinta de la ciudad, más antropológica.

Tras publicar “Décimas Vallenatas” en el año 2006 y “La décima es como el río” en el 2008, José Atuesta viaja a Cuba en un viaje organizado por la Fundación de Reyes y Juglares. El viaje le impacta especialmente por la situación política que atraviesa la isla pero también por la falta de conocimiento que existe entre un pueblo y otro.

En los últimos años, José Atuesta vuelve a la poesía libre con “Metáforas de los árboles”. Una obra maravillosa que alterna poemas rebeldes con otros más reflexivos. La temática de la naturaleza se liga con otras denuncias del afán de dinero y de poder. “En el fondo, el arte siempre es una protesta”, nos explica el autor.

En su última publicación, “Sonetos Vallenatos” (2011), José Atuesta describe la violencia reciente perpetrada por los grupos armados y se muestra cercano de la actualidad de su región.

De momento, el poeta no contempla publicar nada. Anda muy ocupado con los preparativos del Foro sobre Calixto Ochoa el 23 de abril. La organización del evento implica muchos esfuerzos pero él se muestra muy entusiasta: “Conozco muy bien a Calixto ––afirma––. ¡Fui su vecino!”.

 

PanoramaCultural.com.co

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