Lunes, 21 de ago de 2017
Valledupar, Colombia.

Rolando Ochoa / Foto: José Luis RoperoHeredero de una de las principales dinastías del folclor vallenato, compositor y acordeonista de renombre, Rolando Ochoa se presentó el pasado martes en la Biblioteca Departamental Rafael Carrillo Lúquez para compartir con sus seguidores las anécdotas y enseñanzas de una carrera llena de retos, triunfos, dificultades y satisfacciones, todo esto dentro del ciclo de charlas “cita con la música” que a lo largo de este año permitió el acercamiento de los juglares al público a través de conversaciones amenas, sencillas y abiertas.

Rolando Ochoa es un músico autodidacta, motivado eso sí por la trayectoria de su padre Calixto Ochoa y el ambiente artístico que lo ha rodeado durante toda su vida. Recuerda sus inicios en la música como una sorpresa para la familia, cuando a los cuatro años de edad se presentó ante todos tocando en el acordeón la melodía de “playas marinas”.

Sin embargo, su primer papel como músico comenzó en la caja y la guacharaca, acompañando los conciertos de “Los Múltiples de Sincelejo”, agrupación dirigida por su hermano César.

En la ciudad de Cartagena finaliza sus estudios de bachillerato y es ahí donde empieza a pulir en serio sus habilidades en el acordeón, animando parrandas, tocando en playas, discotecas y restaurantes, como lo cuenta él: “en ese momento me le medí a todo, incluso si había que limpiar o servir la mesa lo hacía con gusto, para mí el trabajo es una honra”.

En efecto, este hombre alegre, de carácter espontáneo y frentero, considera la vida como una lucha en la que hay que ganar con personalidad, valorando a cada persona.

Sobre sus primeras composiciones musicales comenta: “quien me motivó con el ejemplo fue mi madrina Gladis Torres, ella compuso una canción y me enseñó que yo también podía hacerlo”. A partir de entonces se abrió un camino de éxitos que continúa al día de hoy.

En 1998 graba su primer álbum bajo el sello Discos Fuentes, junto a Diomedes Dionisio Díaz, conformando la agrupación “Los hijos de los grandes” y enmarcándose dentro de la corriente denominada “la nueva ola del vallenato”. También ha sido compañero de cantantes como Rolando Mendoza y Martín Elías, además de haberse estrenado en el 2006 como productor musical de la agrupación “Los Chiches Vallenatos”.

Actualmente es compañero del conocido cantante Silvestre Dangond, etapa que asume como una evolución, difícil desde el comienzo por la presión que sintió de un sector del público inconforme por la salida de Juancho de la Espriella. Sin embargo, afrontó el reto y siente que su función no es reemplazarlo: “Juancho aportó mucho a Silvestre, lo que él hizo no lo borrará nadie, mi deseo es que el éxito se mantenga y por qué no, subir un peldaño más”.

También reveló sus influencias musicales: “mi acordeonero por excelencia es Juancho Rois” dijo con acento de admiración, aunque reconoce que todo va en el gusto de cada persona y que hay maestros muy destacados que son preferidos por otros con toda la razón.

Lo que más admira de Juancho y lleva siempre presente es su espontaneidad en tarima, su rapidez para improvisar, acoplarse y proponer “eso es algo que todo acordeonero debe desarrollar”, principalmente cuando se encuentra en una agrupación donde diariamente surgen creativos ritmos y pases como los que caracterizan a Silvestre Dangond.

De los juglares toma como ejemplo a seguir la densidad de sus letras “por eso perduran en el tiempo” expresa. Su lucha es por ser el orgullo de su padre “nunca por superarlo”, ahí radica su interés en darle un vuelco a su carrera y componer canciones un poco más trascendentes.

A la pregunta lanzada por uno de los asistentes acerca de cuál es su composición predilecta respondió sin demora: “pecar es sabroso” la cual grabó con Martín Elías, pues le recuerda que toda acción tiene su consecuencia y que no hay que caer fácilmente ante los placeres si más tarde pueden traer problemas.

Las claves del éxito para Rolando Ochoa se resumen en cuatro puntos “Primero ante todo está Dios, él ha sido un respaldo grandísimo durante mi carrera”; a eso le suma la disciplina, hacer las cosas porque te gustan y creer en sí mismo; cuidar la vida “nada de manjear borracho”, respetar el cuerpo y la familia; y por último no creerse la fama “pues se puede caer en una trampa, sólo hay que agradecer el cariño del pueblo que te da todo”.

Estando frente a un talento de esta naturaleza la despedida debía ser musical y una bella canción titulada “mensaje de esperanza” cerró la cita exponiendo valores como la perseverancia y enseñando que cada ser en el mundo tiene un talento para aportar a la vida, sin miedos pues aunque algunos mueren en el intento, otros en el intento hallan la salida”.

 

José Luis Ropero de La Hoz

Enfoque directo
José Luis Ropero de la Hoz

Valledupar (1985). Profesor y comunicador por vocación, su columna “Enfoque directo” ofrece una mirada del acontecer cultural sin formalismos. Admirador de la naturaleza y el talento humano.

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