En repetidas ocasiones, dudamos a la hora de tomar decisiones que pueden cambiar el rumbo de nuestras vidas y hacernos más felices.

A veces, esas decisiones son sencillas pero las vemos como muy delicadas. Seguramente les ha ocurrido que por no decidirse a dar el paso, pierden el amor de su vida, o el trabajo que tanto deseaban, o el viaje que tanto anhelaban.

Y esto, ¿de qué depende? ¿Nacemos indecisos o nos volvemos indecisos con el tiempo?

La respuesta es que hemos aprendido maneras de responder a nuestras necesidades y si miramos a nuestro alrededor, probablemente se parecen a cómo lo hacen nuestros padres.

Por ejemplo, si mi madre nunca sabe lo que quiere y siempre duda hasta para pedir un helado, seguramente yo como hija seré una persona que piense mucho al tomar una decisión. Es decir que son comportamientos aprendidos. Y como siempre, les repito, todo lo que se aprende se puede desaprender y aprender nuevos comportamientos.

¿Se han puesto a pensar en la importancia de tener un buen mecanismo lógico para saber decidir? ¿Cómo cambiarían nuestras vidas si supiéramos tomarlas?

Les comparto algunas estrategias que les pueden ayudar a tomar decisiones de manera eficiente (algunos datos hacen referencia a las teorías del autor: Ángel Antonio Marcuello García):

 

Paso 1: Identifica tus objetivos

Conocer nuestra meta nos permite actuar en función de nuestros objetivos (en lugar de reaccionar ante lo que acontece a nuestro alrededor). Nuestro objetivo determinará en gran medida cómo actuaremos. Con este paso hay que procurar responder a la pregunta: ¿Qué es lo que se desea conseguir en esa situación?

 

Paso 2: Plantea tus posibles soluciones de forma realista

La primera alternativa no tiene por qué ser la mejor; cuanto mayor sea el número de opciones, en principio, mayor será la riqueza del proceso de decisión y, si éste se sigue correctamente, mayor la calidad de la decisión adoptada. Genera alternativas. Y no te autoimpongas límites al hacerlo.

Plantéate objetivos y planes de acción objetivamente realistas. En este paso es importante pensar en el mayor número de alternativas posibles, ya que cuantas más se nos ocurran, más posibilidades tendremos de escoger la mejor.

Es importante evitar dejarnos llevar por lo que hacemos habitualmente o por lo que hacen los demás. Si no se nos ocurren muchas alternativas, pedir la opinión de otras personas nos puede ayudar a ver nuevas posibilidades.

 

Paso 3: Valorar las consecuencias de cada alternativa

Aquí se deben considerar los aspectos positivos y negativos que cada alternativa puede tener, a corto y largo plazo, tanto para nosotros como para otras personas.
Para llevar a cabo este paso correctamente, muchas veces no es suficiente la información con la que contamos. En este caso es necesario recabar nuevos datos que ayuden a valorar las distintas alternativas con las que se cuenta.

Para cada una de las alternativas por separado, haremos una lista de todas las ventajas y desventajas que comporta. Seguidamente, daremos una puntuación de 0 a 10 a cada ventaja y a cada inconveniente en función de su importancia, teniendo en cuenta que: 0 es “nada importante” y 10 significa que es “esencial o muy importante”. Finalmente, una vez puntuada cada ventaja y cada inconveniente en esa escala, se suman los números dados a todas las ventajas por un lado y todos los inconvenientes por otro. Si el resultado es positivo es que tiene más ventajas ó estás son más importantes que los inconvenientes.

No te ciegues por una idea o alternativa preconcebida; evita buscar argumentos que la avalen sin considerar otros que la cuestionen. No te resistas a aceptar el resultado ya si éste llega las cosas cambiarán. Es fácil caer si estamos rodeados de gente que comparte nuestros planteamientos sin cuestionarlos.

 

Paso 4: Elegir la mejor alternativa posible

Una vez que se ha pensado en las alternativas disponibles y en las consecuencias de cada una de ellas, habrá que escoger la más positiva o adecuada.

Una vez que se han valorado las distintas alternativas, hay que compararlas entre sí, escoger la que más nos satisfaga. Como normal general, aquella que tenga más ventajas que inconvenientes, o si utilizamos el procedimiento matemático, aquella alternativa que tiene el número positivo más alto.

A veces la mejor alternativa no es ninguna de las propuestas sino que surge como combinación de varias de las propuestas.

 

Paso 5: Aplicar la alternativa escogida y comprobar si los resultados son satisfactorios

Una vez elegida, deberemos responsabilizarnos de la decisión tomada y ponerla en práctica. Además, debemos preocuparnos por evaluar los resultados, con lo que podremos cambiar aquellos aspectos de la situación que todavía no son satisfactorios y podremos aprender de nuestra experiencia

Ahora sí, lánzate y toma todas las decisiones que necesitas tomar para tener la vida que quieres. No te limites…

 

Maira Ropero

@MairaRopero

Bien estar
Maira Ropero

Maira Ropero (Valledupar). Psicóloga de la Pontificia Universidad Javeriana especializada en Psicología Clínica (Universidad Autónoma de Barcelona, España) y Coach de vida. Máster en Programación Neurolingüística y Doctora en hipnosis clínica.

Su columna semanal “Bien estar” ofrece reflexiones para mejorar la salud mental y disfrutar de cada instante. Es un espacio idóneo para el crecimiento personal y el fortalecimiento de un liderazgo inspirador.

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