Escena de Titanic El beso. Ese gesto lleno de simbolismo, sinónimo de muchos sentimientos o de intenciones, es también el reflejo de una sociedad y de su cultura.

Existen culturas en las que el beso es un tabú y donde el contacto corporal se evita en lo posible (como las culturas asiáticas). Y también existen culturas en las que el beso tiene un significado menos trascendental, casi banalizado por la influencia de los medios de comunicación.

En una tertulia organizada por la Alianza Francesa de Valledupar, y en la cual participaron invitados de distintas edades, se debatieron algunas de las grandes transformaciones de la sociedad cesarense y las implicaciones actuales del beso.

Muchos de los tertulianos reconocieron que el beso ha tenido durante muchos años un significado sagrado de compromiso. Al besar a alguien –o al dejarse besar–, una persona podía considerarse como explícitamente comprometida en una relación amorosa. “El primer beso era con las personas con quien se casaba uno”, expresó una señora.

Sin embargo, esto ya no es así. Debido a la universalización (u occidentalización) del estilo de vida, y a través de la televisión, los cambios han sido muy notables en los últimos años.

El beso ya no es algo exclusivamente privado. Muchas personas lo hacen en público, sin sentirse culpables o reprimidos. Algunos jóvenes describieron el cambio de mentalidad entorno al beso y explicaron que ya no es sinónimo de un proceso de conquista (el beso como marca de compromiso), sino más bien como el síntoma de un deseo o de un sentimiento de atracción (el beso como señal de inicio de una relación). “Una relación empieza con un beso –explicó una joven adolescente–, pero ese beso no quiere decir boda”.

Obviamente, estas ideas chocaron con las percepciones más conservadoras de los mayores. Algunos lamentaron la excesiva libertad que podía observarse en algunas conductas de la juventud y llamaron la atención sobre lo que implicaría banalizar el beso y perder los principios que fundamentan esta sociedad.

Por un lado, era notable la necesidad de libertad de los jóvenes, el deseo de romper con los esquemas de los padres, y por otro, el temor de los mayores en ver la sociedad caer en un descontrol total. “¡No todo es bueno! –clamó una señora– y no es conveniente que todo se permita”.

Lo cierto es que algunos avances sociales y culturales son inevitables. El cambio de significado del beso es uno de ellos, pero –así como lo expuso uno de los tertulianos–, “las transformaciones no son ni malas ni buenas”. Hay que saber adaptarse ante estos cambios de escenarios y, sobre todo, saber transmitir correctamente los conceptos de respeto y derecho a la intimidad.

La tertulia organizada en la Terraza de los Artistas (en el patio de la Alianza) se enmarca en un ciclo de debates que invitan a la reflexión y a compartir impresiones. El beso sólo es un inicio.

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