Cuando una película se convierte en una franquicia, debe saber renovarse pero también mantener muchos de los aspectos que la hicieron famosa. No es nada fácil y a ese gran desafío también se enfrenta la película Qué pasó ayer 3.

Si miramos las novedades de esta tercera parte, nos damos cuenta que en los últimos treinta segundos se establece un sencillo –pero efectivo– paralelismo con las otras dos entregas de la saga cómica, que activa los resortes de la melancolía (sobre todo entre los fans) al mostrar la evolución de los tres protagonistas (que por fin han dejado atrás su alergia al compromiso).

El problema del filme es que todo lo que no son estos treinta segundos va en una dirección totalmente contraria: la de meterlos en una situación ya demasiado histriónica y que poco tiene que ver con esta vertiente nostálgica que, al final, parece ser lo único que funciona.

“Qué pasó ayer” ni conecta, ni quiere conectar, con su base de fans o con aquellas otras dos películas que son las que hicieron que la gente conozca esta franquicia.

El éxito de la primera entrega de la saga se basaba no tanto en la inteligencia de su guión sino en la habilidad de combinar personajes típicos de la comedia con una serie de situaciones extrañas. “Qué pasó ayer” está construida mediante incidentes particulares que van llevando o desviando a los protagonistas del amigo desaparecido.

Tanto en esta como en la segunda parte había ya un juego con el mundo del crimen, en el cual los protagonistas asomaban la cabeza inocentemente; pero estos problemas con la mafia, la policía y las bandas callejeras eran sólo incidentes obvios en la carrera hacia el objetivo final: mantener una amistad.

En esta tercera entrega, el incidente toma el protagonismo y los personajes están ya tan golpeados por las circunstancias que ni siquiera son capaces de desplegar todo ese carisma que han venido demostrando en las dos entregas anteriores.

Metidos ya de lleno en una especie de trama de acción y thriller, abandonan los terrenos de la anécdota graciosa –me he hecho un tatuaje, hay un tigre en el baño…– para convertirse en una especie de superhombres. Pierden esa “tontería” que tan célebres los ha hecho, siendo más eficaces que nunca ante unas circunstancias que ya empiezan a aburrir.

Ya no existe ningún guayabo. Se da un protagonismo exagerado al histriónico personaje Ken Jeong (que está probado que funciona mejor como incidente y no tanto como motor de la trama). Así pues, la película lleva al trío protagonista de Tijuana a Las Vegas en una carrera contrarreloj para que la mafia capitaneada por John Goodman no los quite de en medio.

Las explicaciones son escasas y la acción continua lo mueve todo; sí que es cierto que hay un giro o dos de guión que sorprenden un poco, pero una comedia que no hace reír es como para preocuparse.

Galifianakis, Cooper y Herlms dan una cierta dignidad a unos personajes ya cansados pero en todo momento persiste la sensación de que la gallina ya no puede dar más huevos, y finalmente “Qué pasó ayer?” se erige en un producto mediocre de la simplificadora economía hollywoodiense.

 

Alberto Campos

Cinescrúpulos
Alberto Campos

Alberto Campos, Valledupar (1976). Sociólogo y Abogado de la Universidad Popular del Cesar. En Cinescrúpulos expone su faceta de crítico y amante del Cine, pero con total independencia. Su fin es alabar las buenas películas y señalar las malas producciones.

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