Liliana Martes en el Banco de la República de ValleduparPromover la lectura no se improvisa. Fomentar el interés por la literatura, por descubrir nuevas historias, no se limita a recomendar un libro –por muy bueno que sea– o compartir simples anécdotas sobre una historia.

La promoción de la lectura es una actividad que requiere pedagogía, paciencia y mucha creatividad. Hay que saber ponerse a la altura de los jóvenes, escucharlos, entender cuáles son sus intereses, elaborar estrategias, para así mostrar paulatinamente que con la literatura uno puede divertirse igual –o mucho más– que con un Iphone.

En un foro dedicado especialmente a la promoción de lectura en el Banco de la República, la psicopedagoga Liliana Martes confirmó estas ideas y expuso su experiencia personal dentro de la institución en la que trabaja en la costa Caribe.

“Mi entraña ha sido crear clubes de promotores de lectura”, expresó la ponente con la satisfacción de haber implementado unos círculos que han crecido favorablemente en Barranquilla.

Desde hace diez años se dedica a ello, y en ese tiempo ha tenido la posibilidad de aplicar todo tipo de tácticas. Obviamente, Liliana comprobó de primera mano lo difícil que es llamar y retener la atención de los jóvenes, cambió mil veces su forma de invitarlos, hasta que terminó teniendo resultados palpables.

La experiencia fue tan productiva que Liliana elaboró un listado de las cosas que No deben hacerse porque desmotivan inmediatamente al niño. No hay que decirle abiertamente que se le invita a un grupo de lectura, NO se le puede sugerir o exigir inmediatamente un libro, ni tampoco pedirle que haga un resumen, porque esto es contraproducente.

El arte de promover la lectura está en transmitir el amor por los libros y las historias, en crear imágenes de felicidad, en adaptar el discurso y tono de voz en cada situación,  en relacionar la literatura con otras actividades como el cine, en generar entusiasmo.

“La lectura no se enseña, se contagia”, subrayó Liliana y, en esa misma dirección, aconsejó a los promotores que se animaran con cada uno de sus logros. “Que un muchachito hojee un libro, ¡ya es todo un éxito!”.

De su experiencia personal con los adolescentes, Liliana Martes resaltó varios puntos claves. El primero de todos es que a los adolescentes les gusta la irreverencia y expresarse a su modo. Por eso, hay que tener una cierta flexibilidad y no imponer un formato en los ciclos de lectura.

Luego, es necesario entender la psicología del adolescente y de afirmar su personalidad. “Les encanta encontrar libros que les ayudan a descifrarse  –explicó Liliana–. Además, sienten una fascinación por lo no permitido”.

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