Twister La apertura en Valledupar del restaurante Burger King más grande de Colombia marca una nueva etapa en el crecimiento de la ciudad.

Las grandes cadenas internacionales de Fastfood ven interesante la inversión y lo hacen con unos medios que anuncian una transformación considerable en el aspecto económico, social y cultural.

En el caso de Burger King, la implantación de este nuevo negocio que ahora reluce en la carrera novena, en pleno barrio del Novalito, no solamente supone más de 35 nuevos empleos directos sino también nuevos hábitos de consumo.

Sus dos plantas integran un amplio espacio de comidas, una sala de juegos y pantallas para la consulta de información, que más adelante serán utilizadas para eventos de entretenimiento y promociones. Además, la sala de comida cuenta con un dispensador que permite el consumo de bebidas sin restricciones y de manera libre para el consumidor.

Pero la revolución viene también del lado del parqueadero y del Auto King –un espacio por el cual los visitantes pueden realizar sus pedidos sin bajarse de sus vehículos–; y unos horarios más extensos y flexibles: está previsto que el Burger King abra los viernes y sábados las 24 horas del día.

En la inauguración oficial del 12 de diciembre, pudimos hablar con el gerente general, Hernando Lugo, quien expuso abiertamente su satisfacción con esta nueva apertura en uno de los puntos más concurridos de Valledupar y anunció futuros eventos a lo largo del año.

En materia de estrategia comercial y de comunicación, Hernando Lugo también recalcó la necesidad de adaptarse a cada cultura y cada ciudad. Para eso es imprescindible organizar actividades y promociones que atraigan y animen a los vallenatos.

De hecho, la Fiesta de apertura respondía totalmente a estos criterios. El grupo de los K-Morales abrió la fiesta con ese vallenato alegre y lleno de picardía que fue llenando la plaza de la entrada.

Luego, Twister, “el Papá de lo Comercial”, se encargó de aportar una nota más irreverente con un ritmo de Champeta y reggaetón que no dejó a nadie indiferente, y menos a los jóvenes que descubrieron la música que triunfa en Cartagena.

En definitiva, la noche fue el preludio de un gran cambio y el anuncio de grandes intenciones que podremos seguir, de ahora en adelante, frente a la fuente del Novalito.

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