En medio de la emoción de unas celebraciones únicas de Semana Santa,  el departamento del Cesar y Valledupar resplandecen como lugares de visita y descubrimiento.

El fervor y la cultura religiosa que manan de estos lugares, las tradiciones y las procesiones que los caracterizan, son motivos de asombro y de regocijo. Por estos motivos, se impone una visita o, incluso una estancia en familia.

La Iglesia Inmaculada Concepción, en el centro histórico de Valledupar, es el epicentro de unas fiestas marcadas por el encuentro con el patrono de la ciudad, el Santo Ecce Homo, el lunes santo. De aquí parten las procesiones diarias, contagiando la plaza Alfonso López y las calles contiguas de un sentimiento de paz y amor.

El río Guatapurí es también el escenario de una de las grandes leyendas de Valledupar. Según dice la tradición, la joven Rosario Arciniégas se convirtió en sirena al desobedecer a su madre y bañarse en el río un jueves santo. Su monumento brilla con fuerza en los primeros días de abril y, a veces, algunos dicen escuchar un llanto que bien podría ser el de Rosario…

Desde el río Guatapurí se puede contemplar el monumento al Ecce Homo, en el cerro de las antenas, levantado misteriosamente tras años a la espera de un gesto voluntarioso. Muchos ruidos corren sobre el súbito despertar de unos contratistas y otros hablan ya de un nuevo mito: el Santo Ecce Homo de los miles de millones.

A pocos metros del club Campestre, los Jardines del Ecce Homo, el cementerio más reciente de Valledupar, ostenta una preciosa estatua del Santo Ecce Homo que, desde diciembre del 2013, compite con la tumba de Diomedes Díaz en los registros de visitas.

El corregimiento de Valencia de Jesús es especialmente conocido por sus fiestas de Semana Santa. Los penitentes del jueves santo representan uno de los momentos de mayor intensidad y puede verse cómo toda la comunidad acompaña y alienta a los participantes bajo el sol.

El municipio de San Diego de Las Flores es otra parada obligatoria en Semana Santa. La iglesia del Perpetuo Socorro se convierte en lugar de encuentro de miles de creyentes que acompañan las procesiones con una devoción conmovedora. Se recomienda especialmente las procesiones de la Virgen Dolorosa (el miércoles santo), la procesión de Jesús Nazareno (el jueves santo) o la celebración de la pasión de Cristo (el viernes santo).

Finalmente, los pueblos de Patillal y Badillo se caracterizan por unas fiestas apacibles, llenas de entrega y recogimiento, en el que los habitantes se esmeran en recrear el sacrificio de Cristo. Una muestra maravillosa de la vida comunitaria de los pueblos aledaños de Valledupar.

 

PanoramaCultural.com.co

 

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