Raúl Gómez Jattin / Foto: Archivo PanoramaCultural.com.co

“Llévate cordel y una navaja
y construye un barrilete y eleva con él tu soledad hasta las nubes”.

En el mismo mes, con cincuenta y dos años de separación, nació y murió Raúl Gómez Jattin. Poeta que permaneció en una constante huída de sí mismo y que, en ese viaje tormentoso y caótico nos regaló una poesía auténtica, cruda, violenta en ocasiones, inadaptada. Insular.

Su poesía y su existencia han sido reducidas, oficialmente, a un pretendido extravío y han sido encasilladas en la figura arquetípica de poeta maldito, que ha sido popularizada desde el siglo XIX. Muestra de la incomprensión que sufrió en vida y que aún sufren su vida y su obra que, como la de pocos, son una sola: sin imposturas ni pretensiones fofas apegadas al arribismo y la alabanza mutua que caracteriza los círculos literarios y artísticos del país.

No es, tampoco, el poeta sensual al que se pretende reducirlo en ocasiones aunque su poesía asuma diferentes formas de la sensualidad de manera poco convencional, como lo es toda su poesía. Gómez Jattin es un poeta pasional que vive y padece su existencia y a los seres que lo habitan y permanecen en contraposición con la sociedad en la que le tocó vivir y sobrevivir entre hospitales y cárceles desde muy temprana edad y en diferentes lugares.

En su poesía refleja su herencia Sirio–Libanesa y su esencia Caribe y particularmente, de habitante del valle del río Sinú, un paisaje existencial que nos habla y nos canta en sus versos, dándonos a conocer la nostalgia por la tierra de los ancestros en ultramar o la estreches de pensamiento de los paisanos y la imposibilidad de compenetrarse con ellos en la cotidianidad, los juicios virulentos al amor entre hombres que tanto sufrió, la incomprensión sufrida como artista en su familia y en su medio, su búsqueda e intentos por superar la toxicomanía… todo esto transpuesto en metáforas resplandecientes y fulminantes, plenas de sol y frutas, de amor y desamor. De soledad.

Raúl es un poeta Cereteano, de Cereté de Córdoba, como él mismo lo nombra en uno de sus poemas, no sólo porque en ese territorio transcurrió su infancia entre su nacimiento y muerte en Cartagena, sino porque ese siguió siendo el territorio de su poesía. Esta presencia constante la podemos constatar en dos de sus más bellos poemas: El dios que adora y Corazón de mango

Soy un dios en mi pueblo y mi valle
no porque me adoren sino porque yo lo hago,
porque me inclino ante quien me regala
unas granadillas o una sonrisa de su heredad.
O porque voy donde sus habitantes recios
a mendigar una moneda o una camisa y me la dan.
Porque vigilo el cielo con ojos de gavilán
y lo nombro en mis versos.
Porque soy solo.


Porque dormí siete meses en una mecedora
y cinco en las aceras de una ciudad.
Porque a la riqueza miro de perfil
mas no con odio.
Porque amo a quien ama.

Porque sé cultivar naranjos y vegetales aún en la canícula.

Porque tengo un compadre
a quien le bauticé todos los hijos y el matrimonio.
Porque no soy bueno de una manera conocida.
Porque no defendí al capital siendo abogado.
Porque amo los pájaros y la lluvia
y su intemperie que me lava el alma.
Porque nací en mayo.
Porque sé dar una trompada al hermano ladrón.
Porque mi madre me abandonó
cuando precisamente más la necesitaba.
Porque cuando estoy enfermo
voy al hospital de caridad.
Porque sobre todo respeto sólo al que lo hace conmigo,
al que trabaja cada día un pan amargo y solitario y disputado
como estos versos míos que le robo a la muerte. 

*

Yo tengo para ti, mi buen amigo,

un corazón de mango del Sinú,

oloroso, genuino,

amable y tierno.

Mi resto es una llaga,

una tierra de nadie,

una pedrada,

un abrir y cerrar de ojos

en noche ajena,

unas manos que asesinan fantasmas

 

Y un concejo yo te doy:

no te encuentres conmigo.

Estos dos poemas en sí mismos, podrían servirnos para desvirtuar la pose que se le atribuye de poeta maldito y, de paso, sustentar casi todas las demás características antes enunciadas de su poesía y su persona, menos el conflicto con sus padres y su revisión de la herencia “turca” ultramarina común en varios escritores y paisanos del Caribe colombiano, como Quessep y García Usta.

En Desencuentros encontramos manifiesta la contrariedad de sus padres con la vocación de su hijo menor, bastante alejada de lo que ellos esperaban. 

Ah desdichados padres

Cuánto desengaño trajo a su noble vejez

el hijo menor

el más inteligente

En vez de abogado respetable,

marihuano conocido.

En vez del esposo amante

un solterón precavio

En vez de hijos

unos menesterosos poemas

¿Qué pecado tremendo está purgando

ese honrado par de viejos? ¿Innombrable?

Lo cierto es que el padre le habló en su niñez de

libertad

De que Honoré de Balzac era un hombre notable

de la Canción de la vida profunda

Sin darse cuenta de lo que estaba cometiendo

Raúl hace una frecuente revisión de la forma como él y su obra son percibidos y, también, de las consecuencias que le acarrea el haber asumido su vocación y oficio como un estilo de vida y no como un mero divertimento o una más de las tantas máscaras y poses que se suele ir asumiendo por la vida. Conjuro es uno de esos poemas en los que hace una revisión de su oficio de escritor y de la poesía como su compañera permanente de existencia, dejándonos ver en él, el bicho raro que es para sus coterráneos.

Los habitantes de mi aldea 

dicen que soy un hombre 
despreciable y peligroso 
Y no andan muy equivocados

Despreciable y Peligroso

Eso ha hecho de mí la poesía y el amor 
Señores habitantes 
Tranquilos 
que sólo a mí 
suelo hacer daño.

En un librito póstumo que compré al poeta Martín Salas, en las afueras del teatro Amira De la Rosa de Barranquilla, encontré dos poemas poderosos de Raúl, uno de los cuales (Los poetas, amor mío) da título al libro y nos muestra otra de las formas en las que vio su relación con la poesía y con los demás. 

Los poetas, amor mío, son
unos hombres horribles, unos
monstruos de soledad, evítalos
siempre, comenzando por mí.

Los poetas, amor mío, son
para leerlos. Mas no hagas caso
a lo que hagan en sus vidas.

El otro poema es uno de esos que nos pueden servir para mostrar su visión de la dualidad amor–desamor, más allá de la corriente revisión a través del filtro del amor homosexual o de las imágenes eróticas e incluso obscenas que se suele hacer de su obra en este campo. Es poema no tenía nombre en el libro que compre a Martín Salas, editado por Siembra y es brevísimo. 

Por no poder hablarte

le hablé de ti al mar.

 

Y el mar me contestó el eco de tu nombre.

Tu nombre que era el nombre que mi dolor tenía.

En su forma de rehusar los formalismos y acartonamientos de la pacata sociedad colombiana Raúl se asume tal como es y así se muestra en su poesía sin preocuparse mucho por los pudores que pueda incomodar ni los comentarios y maledicencias que suscite al enarbolar su verbo vital y descarado. 

Esta noche asistirá a tres ceremonias

/peligrosas

El amor entre hombres

Fumar marihuana

Y escribir poemas

 

Mañana se levantará pasado el mediodía

Tendrá rotos los labios

Rojos lo ojos

Y otro papel enemigo

 

Le dolerán los labios

Y le  arderán los ojos como colillas encendidas

Y ese poema tampoco expresará su llanto

(Un probable Constantino Cavafis a los 19)

 

Te quiero burrita,
porque no hablas,
ni te quejas,
ni pides plata,
ni lloras,
ni me quitas un lugar en la hamaca,
ni te enterneces,
ni suspiras cuando me vengo,
ni te frunces,
ni me agarrras.

Te quiero,
ahí sola,
como yo,
sin pretender estar conmigo
compartiendo tu crica
con mis amigos
sin hacerme quedar mal con ellos
y sin pedirme un beso.

Raúl Gómez Jattin / Foto: Archivo PanoramaCultural.com.co En este poema no faltará el que se santigüe ante la evidencia de la zoofilia del poeta, incluso olvidando que probablemente muchas de las personas que conoce han tenido una u otra forma de experimentación sexual como la que se encuentra en estos versos. ¿No hace esto, incluso, más bello el poema, no le da esto un plus más allá de su propia belleza particular e innegable? Valiente sí es. Además con ese desparpajo que sólo es posible en un habitante del Caribe y que, recientemente volvemos a encontrarnos en la canción: María Casquito, del álbum La revancha del burro de Systema Solar, cuyo coro, muy cercano al poema de Raúl, dice: 

Mi burrita se fue.
Mi burrita se fue.
Mi burrita se fue, ¡ay compadre¡
Otra igual no encontraré yo.

En Los poetas amor mío me encontré otra joya sin título que nos puede dar otra visión de lo apartado de los formalismos que está Raúl en su vida y en su obra. Un poema que, si se quiere puede ser la poética Gómezjattiana, su visión y reflexión de su propio discurso literario.

Mi poema es fuerte como un burro,

mi poema es erótico como un burro, 
m¡ poema es modesto como un burro, 
mi poema tiene ojos bellos como un burro, 
m¡ poema no está harto como un burro, 
mi poema es barato como un burro ,
mi poema es escaso como un burro. 
Como un burro mi poema es prescindible.

Su relación con la herencia que le ha venido desde sus ancestros nos la muestra en varios textos, de los cuales recurro a dos poemas tristes, melancólicos. Dolorosos. Lola Jattin y Abuela oriental

Más allá de la noche que titila en la infancia 
Más allá incluso de mi primer recuerdo 
Está Lola - mi madre - frente a un escaparate 
empolvándose el rostro y arreglándose el pelo 
Tiene ya treinta años de ser hermosa y fuerte 
y está enamorada de Joaquín Pablo - mi viejo - 
No sabe que en su vientre me oculto para cuando necesite 
su fuerte vida la fuerza de la mía 
Más allá de estas lágrimas que corren en mi cara 
de su dolor inmenso como una puñalada 
está Lola - la muerta - aún vibrante y viva 
sentada en un balcón mirando los luceros 
cuando la brisa de la ciénaga le desarregla 
y el pelo y ella se lo vuelve a peinar 
con algo de pereza y placer concertados 
Más allá de este instante que pasó y que no vuelve 
estoy oculto yo en el fluir de un tiempo 
que me lleva muy lejos y que ahora presiento 
Más allá de este verso que me mata en secreto 
está la vejez - la muerte - el tiempo incansable 
cuando los dos recuerdos: el de mi madre y el mío 
sean sólo un recuerdo solo: este verso.

(Lola Jattin)

A esa abuela ensoñada

venida de Constantinopla

A esa mujer malvada

que me esquilmaba el pan

A ese monstruo mitológico

con un vientre crecido

como una calabaza gigante

Yo la odié en niñez

Y sin embargo vuelve

en esta noche aciaga

con algo de hermosura

Por algo se dice

que con el tiempo uno perdona casi todo

Vuelve con sus cicatrices en el alma

de fugada de un harén

con sus “mierda” en árabe y en español

Con su soledad en esos dos idiomas

Y ese vago destello en su espalda

de alta espiga de Siria

(Abuela oriental)

Raúl es un poeta caribeño que se mantuvo a flote en su ínsula poética en medio de la rigidez, la excesiva retórica y el formalismo castrante que caracteriza la poesía colombiana desde siempre y se instala con propiedad no reconocida del todo en las letras de ese territorio multicultural y diverso que  es la costa Caribe colombiana: ese territorio alucinante y abandonado que tiene pasaporte de lujo entre la literatura de lengua española y universal desde Obeso, pasando por el tuerto López, Jorge Artel, Zapata Olivella, Quessep, Cepeda Samudio, Gabo, Germán Espinosa, Rojas Herazo y García Usta. Una constelación de grandes escritores entre los cuales se ubica el cantor del Amancer en el Valle del Sinú, aportando una arista particular y compleja a una corriente, por no decir tradición literaria que renovó en diferentes aspectos y géneros la literatura colombiana, americana y de habla hispana en general.

 

Luis Carlos Ramírez Lascarro

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A tres tabacos
Luis Carlos Ramirez Lascarro

Luis Carlos Ramírez Lascarro nació el 29 de junio de 1984 en la población de Guamal, Magdalena, Colombia. Es técnico en Telecomunicaciones y tecnólogo en Electrónica. Estudia actualmente Ingeniería de Telecomunicaciones y trabaja para una empresa nacional de distribución de energía eléctrica. Finalista de la cuarta versión del concurso Tulio Bayer, Poesía Social sin Banderas, 2005, en cuya antología fue incluido con el poema: Anuncio. Finalista también del Concurso Internacional de Micro ficción “Garzón Céspedes” 2007. Su texto El Hombre, fue incluido en el libro “Polen para fecundar manantiales” de la colección Gaviotas de Azogue de la CIINOE, antología de los finalistas y ganadores de dicho concurso, editado en 2008. El poema Monólogo viendo a los ojos a un sin vergüenza, fue incluido en la antología “Con otra voz”, editado por Latin Heritage Foundation. Esta misma editorial incluyó sus escritos: Niche, Piropo y Oda al porro en la antología “Poemas Inolvidables”, de autores de diversos lugares a nivel mundial. Ambas ediciones del 2011. Incluido en la antología Tocando el viento del Taller Relata de creación literaria: La poesía es un viaje, 2012, con los poemas: Confidencia y guamal y con el texto de reflexión sobre poesía: Aproximación poética. Invitado a la séptima edición del Festival Internacional de Poesía: Luna de Locos de Pereira (2013) e incluido en la Antología nacional de Relata, 2013, con el poema: Amanecer.

Es autor del libro, publicado de manera independiente: El Guamalero: Textos de un Robavion y de los libros aún inéditos: Confidencia y Libro de sueños.

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