“Siempre se le hace un homenaje a un juglar. El pasado fue a Diomedes Díaz. Pero sostenemos que los homenajes se hacen en vida”, declara Oswald Martínez en la mesa de trabajo número dos.

El director del Festival Indio Tairona en Santa Marta –que cuenta ya con 18 años de existencia- expone su experiencia y la transformación que ha conocido su evento en la sesión de trabajo organizada dentro del Primer congreso de festivales de música vallenata. El fin de este ejercicio es encontrar líneas comunes de funcionamiento y destacar unos principios que rijan la mayoría de los festivales de la música vallenata.

“El lugar donde acontece el evento es importante –asevera Oswald Martínez y, luego, añade con orgullo–: En nuestro caso, la final se hace frente al mar, frente a la sociedad portuaria. ¡Es algo tropical!”.

En cuestiones logísticas y de programación, las ideas tienden a confluir. Las categorías de acordeón infantil, juvenil, aficionado, profesional y canción inédita representan el hilo conductor de muchos de ellos. Otros apuestan por la piquería, aunque estos no son tan numerosos.  

Winston Coley –director del Festival Pasión Sabanera en San Pedro–  subraya lo importante que es la claridad y la transparencia dentro de la organización para sostener un evento cultural en el tiempo.

“Tenemos un organigrama donde cada función recae en una persona”, expresa antes de abordar el tema de la recepción de los invitados: “Toda persona que llegue le ofrecemos alojamiento y comida”, explica ante la mirada atenta de los demás gestores culturales.  

Según Ubaldo Enrique Melo (director del Festival Pedazo de Acordeón El Paso Cesar), la preservación de la música tradicional debe pasar obligatoriamente por el apoyo expreso y directo a las academias musicales.   

“Tenemos que luchar porque las entidades públicas tomen las escuelas musicales con la responsabilidad debida –comenta–. Nosotros, a raíz de las escuelas musicales, le cambiamos la vida a 40 familias en el pueblo”.

La representante de Mincultura, Viviana Cortés, aparece en la mesa con el fin de evaluar avances y acuerdos logrados. Enseguida enfatiza los principios que deben regir la organización de un evento: variedad y complementariedad.

“Los atractivos de un festival no sólo son las tarimas –defiende–. Se podría llegar a un acuerdo de incentivar otra expresión característica de un departamento o una ciudad [diferente a la música]”.

La mayoría está de acuerdo aunque algunos reconocen que existen presiones locales y limitaciones. Otros admiten que el presupuesto va ligado a los dirigentes municipales de turno. Complicaciones que enredan la programación y terminan frustrando a artistas locales.

Estos son algunos retos evidenciados por el Primer Congreso de Festivales convocado por el Cluster de la Música Vallenata en Valledupar.

 

PanoramaCultural.com.co 

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