El agua es uno de los elementos de la naturaleza, más importante para la vida en la tierra. Por su conformación química la conocemos como H2O, lo que quiere decir, que está compuesta de dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno. 

El agua está estrictamente relacionada con la vida humana en la medida en que su protección es fundamental para la existencia del hombre. La Corte Constitucional De Colombia mediante sentencia T-740/11 estableció que “El agua se considera como un derecho fundamental y, se define, de acuerdo con lo establecido por el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, como el derecho de todos de disponer de agua suficiente, salubre, aceptable, accesible y asequible para el uso personal o doméstico.

El agua se erige como una necesidad básica, al ser un elemento indisoluble para la existencia del ser humano. El agua en el ordenamiento jurídico colombiano tiene una doble connotación pues se erige como un derecho fundamental y como un servicio público. En tal sentido, todas las personas deben poder acceder al servicio de acueducto en condiciones de cantidad y calidad suficiente y al Estado le corresponde organizar, dirigir, reglamentar y garantizar su prestación de conformidad con los principios de eficiencia, universalidad y solidaridad.”[1]

El derecho fundamental al agua se relaciona estrechamente con otros derechos fundamentales como la vida y la salud, ya que estos no pueden concretizarse sin acceso al agua potable y de calidad. El derecho al agua es un derecho vital ya que el agua desempeña un papel primordial en la vida cotidiana y en el entorno de todas las personas. El agua es utilizada para el consumo directo: el agua que bebemos y que nuestro cuerpo necesita. La agricultura y la ganadería: el agua necesaria para la ganadería y para regar los cultivos. La cocción: el agua utilizada para lavar y cocinar los alimentos. La higiene: el agua para la higiene personal (ducha, lavado de manos, etc.) y para la higiene doméstica (vajilla, ropa, etc.). El saneamiento adecuado: el agua utilizada para las instalaciones y los baños que permiten la eliminación de orina y materia fecal.[2]

El 28 de julio de 2010, a través de la Resolución 64/292, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció explícitamente el derecho humano al agua y al saneamiento, reafirmando que un agua potable limpia y el saneamiento son esenciales para la realización de todos los derechos humanos. La resolución exhorta a los Estados y organizaciones internacionales a proporcionar recursos financieros, a propiciar la capacitación y la transferencia de tecnología para ayudar a los países, en particular a los países en vías de desarrollo, a proporcionar un suministro de agua potable y saneamiento saludable, limpio, accesible y asequible para todos.[3]

El agua, como hemos conocido en este artículo, es un derecho fundamental de todas las personas. El agua como elemento vital del ser humano debe ser accesible a todos, en condiciones óptimas y cantidad adecuada.

El servicio público de agua potable es, por virtud de la Corte Constitucional, un servicio que debe ser prestado por el Estado a todos los ciudadanos. En la ciudad de Valledupar, capital del Departamento del Cesar, la situación del agua es preocupante por la falta de conciencia de sus habitantes. “La ciudad con mayor consumo de agua por persona en el país es Valledupar, según un informe de la Comisión Reguladora de Agua Potable y Saneamiento, CRA. De acuerdo con la entidad, el  consumo por habitante en esta ciudad es de 24.600 litros mensuales, cuando el promedio para el piso térmico cálido es de 17.500 litros.”[4] 

El agua, preciosa para la humanidad, es desperdiciada sin temor en la ciudad de Valledupar, tal vez, por la sensación de abundancia del líquido. “El acueducto local genera 2.200 litros por segundos, cantidad que bien podría abastecer a 800.000 habitantes, cuando en este municipio son solo unos 450.000. La media nacional por consumo diario de una persona es de 150 litros, pero en esta capital está en 450 litros, es decir dos veces más por encima de lo normal.”[5]

¡El agua es para todos, pero no para todo! El tratamiento de agua es un servicio público, y amerita un gasto público que los vallenatos estamos desperdiciando en las calles y en las casas. El agua potable debe ser usada para el consumo humano, pero no para otros usos, como el riego y el aseo. La ganadería, la agricultura y silvicultura no necesitan agua de alta calidad para su desarrollo.

Reutilicemos el agua en aquellos usos que lo permiten, como en el aseo de casas y vehículos. El riego de jardines y el lavado de la ropa tampoco necesitan de agua pura o de alta calidad. El agua potable, tratada y pagada por todos, no puede ser utilizada inútilmente en usos distintos al consumo humano.

Por último, los sanitarios convencionales que tenemos en nuestras casas, utilizan el agua como medio para evacuar nuestros desechos. ¿Tiene que ser potable? No, en lo absoluto. Puede ser agua reutilizada y cumplirá la misma función.  No necesitamos votar toda esa agua potable al caño. Pensemos en qué estamos gastando el agua, pensemos como podemos reutilizar el agua y darle un uso adecuado al recurso.

 

Diego Andrés Miranda



[1] Ver, http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2011/T-740-11.htm

[2] Ver, http://www.humanium.org/es/derecho-agua/

[3] Ver, http://www.un.org/ga/search/view_doc.asp?symbol=A/RES/64/292&Lang=S

[4] Ver, http://www.elheraldo.co/cesar/valledupar-la-ciudad-que-mas-desperdicia-agua-por-persona-en-el-pais-161361

[5] Ibíd.

Crónica ambiental
Diego Andrés Miranda

Abogado Especialista en Derecho del Medio Ambiente, Asesor en temáticas de Cambio Climático y Desarrollo Sostenible. Aborda en sus artículos temas más actuales relacionados con el medio ambiente de Colombia y el Caribe.

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