Sí, era una tarde de Semana Santa cuando Rosiris Ruíz se quedó embobada mirando esos cuatro monstruos que Anita vendía por la calle. Era tanto el apremio de Rosiris que desde lejos le gritó: Anita, te doy 4.000 pesos por esos galápagos.

Anita, en señal de rechazo, tomó su mano derecha y la puso en el pliegue del brazo y de su antebrazo izquierdo en ademán de rechazo: “¡Ve…,  le dijo mostrando su mano derecha en su brazo izquierdo, Cesáreo me dijo que eran a 1.500 pesos…!”

No hubo poder humano ni divino que le hiciera comprender a Anita que 4.000 pesos eran más que 1.500. Siempre fue así. Nunca dimensionó el valor real del dinero. Para ella 500, 1000, 2000, 5000 ó 10000 pesos eran lo mismo.

Rosirirs se devolvió para Santa Marta sin probar los galápagos esa Semana Santa.

Esta mujer menuda, quemada por los años y la miseria, la conocí igual desde que tengo uso de razón. Nunca la veía más vieja o acabada. Era la misma Anita de siempre: con su voz apagada pidiendo favores por las calles de San Fernando, su mismo vestido, sus pies descalzos, su ingenuidad, su dulzura y su sonrisa eternas sin dientes…

Yo no sé qué hacía con todas las cosas que la gente le regalaba porque siempre andaba así. Dicen que se la robaban y se las vendían allá donde vivía, en la parte sur oriental del pueblo, en el barrio Las Colombias, en un rancho que se llovía.

¡Ana Guerra! Buenos días… le dijo una mañana mi mamá, la Seño Gloria, cuando fue a buscar un poquito de leche por caridad. Yo estaba por allí y sonriendo feliz me dijo: “Hasta a mí se me había olvidado que me llamaba así…”

Esta Anita, la misma que cuando uno se la encontraba por la calle decía: “voy pa’ San Fernando…” porque para ella salir del rincón donde vivía era ir al pueblo; sí, la Anita que no se cansaba de bailar cuando la mandaba su esposo, Cesáreo, a hacer mandados y ella en vez de ir a la tienda se iba a escuchar música, y ahí exorcizaba todas sus desesperanzas olvidándose del café, la panela y los tabacos; esta Anita ha muerto…Tal vez de inanición, de neumonía, o de tristeza al dejar por primera vez su casa por culpa de la creciente, quién sabe…

Yo creo que Anita no nació en el pueblo, alguna vez le escuché decir que tenía hijos profesionales en Mompós que se cansaron de rogarle que se fuera con ellos. Ella nunca quiso, porque a su decir esas camas de allá eran muy bonitas y blanditas y ella no sabía dormir en esos chócoros…

Ya no la regañará más Cesáreo: “te voy a dar un al revés con el filo de la mano, carajo, que vas a caer allá en la ciénaga  y quedar hecha picadillo lista para que te coman los puercos”, le decía, cuando Anita se demoraba con los mandados,  o cuando, -como casi siempre- no llevaba completo los vueltos.

Anita quizás le echaba la culpa a los famosos arenales del pueblo, pero ya no. Los arenales se fueron y no nos quisimos dar cuenta cuando nos decían poco a poco adiós. Y culpaba al colchón de arena porque las monedas se le enterraban allí y ella decía que no las encontraba.

Confieso que había resuelto no escribir por un tiempo, pero es que a veces en San Fernando pasan unas cosas que no me puedo quedar callado. El médico Édgar Ruiz Aguilera me llamó a decirme la triste noticia y no me entristecí. Me alegré por Anita. Porque ya descansó de tantos ratos amargos con los que estuvo marcada su vida. Al menos cuando su esposo la amenace con pegarle, ya no podrá. Aunque sea por lo mismo de siempre: los famosos vueltos de algún billete que siempre faltaban y ella con su alma noble y buena lo explicaba desde hace mil años a su manera, aunque Cesáreo se quedó calvo de la rabia de tanto escuchar la misma explicación: “esa moneda que te di, esta que te estoy dando, y esta que te voy a dar, son un peso con cincuenta centavos del billete de 5000 mil…”

Anita, de todo corazón te deseo multiplicado por un millón ese peso con cincuenta centavos pero de felicidades allá donde sé que estás porque Dios existe, Anita. No lo olvides.

 

Fabio Fernando Meza 

 

Folclor y color
Fabio Fernando Meza

Cronista colombiano originario de San Fernando (Santa Ana, Magdalena). En esta columna encontrar textos sobre la música vallenata, su historia y sus protagonistas, así como relatos cortos que han sido premiados a nivel nacional e internacional.

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