¿Tendremos que esperar que esté de moda decir te quiero para hacer uso de esas palabras? ¿O es mucho tiempo invertido el pronunciar lo que se cree que el otro ya sabe? ¿Será asunto de egos en concurso escuchar primero lo que no se ha dicho? ¿Habrá forma de decir ‘te quiero’ a quien no ha perdido la conciencia, sin los apuros de lo que no se espera o el frio de las ausencias?

En este mundo globalizado donde el ‘gana todo’ hace parte del juego, pues busquemos las fórmulas para determinar cuánto se gana al decir te quiero.

Físicamente: la distancia entre lo pensado y lo pronunciado no se eleva a potencias.

Matemáticamente: la sumatoria de esas dos expresiones no tendrá como producto una diferencia.

Químicamente: la reacción de esos elementos simples genera carga positiva permanente.

¿Y si le decimos ‘te quiero’ al compañero de clases que se cree la versión Einstein–Pitt?, ¿A nuestro vecino bullicioso que limpia la terraza ensuciando la nuestra?, ¿A quien está en nuestro cubículo de oficina y sus conversaciones por chat son más largas que sus hojas impresas? ¿Y qué hay de aquellos que amamos con todas nuestras fuerzas? ¡Qué difícil decir simplemente: ‘te  quiero’!

Luego, llega ella. Dueña de lo que no es de ella. Sacude lo que se creía firme, derrumba lo que no estaba débil. Y allí, tratando de encontrar piezas como rompecabezas, arando terrenos sin herramientas, decimos te quiero sin egos ni costos, sin prejuicios, sin rencores; sin fórmulas aritméticas, sin temor a las reacciones; decimos te quiero como los niños a sus padres, como los buenos padres a sus niños, como el niño de la manzana en el escritorio de la profe, como la joven que pinta corazones en la libreta de la escuela; como el que se despide sin ganas de irse, como el novio que disipa las dudas de su amada.

Decimos te quiero cuando el cielo está gris, cuando estamos en la habitación que nadie quiere entrar, cuando recibimos las flores en el espacio que jamás lucirán, cuando ya no está la persona destinada a escuchar, cuando no hay ojos donde verse cuando nuestro ‘te quiero’ lo bese en la frente.

¿Y si nos decimos ‘te quiero’ ahora que estamos a tiempo?

 

Herlency Gutiérrez

@HerlencyG 

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