Extrañamente, Selma no sobresalió en los Oscars de este año. Quizás por el ruido generado por otras películas como Birdman (o por el temor a levantar más ampollas después de la brutalidad policial observada en distintos lugares del territorio norteamericano). Tampoco se notará en muchos de los cines colombianos que preferirán apostar por fórmulas comerciales y mensajes más ligeros. Sin embargo, Selma –la película de escándalo racial- tiene mucho para ofrecer.

Este filme dirigido por Ava DuVernay que ilustra una de las mayores marchas lideradas por Martin Luther King junior para reclamar el derecho al voto para todos los estadounidenses, con independencia de su etnia, ofrece detalles interesantes sobre uno de los acontecimientos más importantes de la reciente historia del país vecino (y que, evidentemente, todavía no ha logrado resolverse).

Selma es la crónica de la movilización que en 1964 lideraron diversas personalidades de la lucha por los derechos civiles de Selma a Montgomery, en Alabama. Obviamente, Martin Luther King Jr es una de las personalidades más destacadas.

En el caso que nos ocupa, bastan cinco minutos para reconocer una argumentación sólida, que no sólo mantiene el interés durante las dos horas de metraje sino que implica al espectador convirtiéndolo en protagonista de la historia, proponiendo respuestas claras y no lanzando preguntas al viento. El realizador no se limita a plantear un debate sino que lo modera con vigor y convicción pero sin caer en la inflexibilidad inamovible del grito de rabia.

El factor definitivo para que Selma funcione es el rechazo de la dicotomía racial en lo referente a la estructuración de la trama y el reflejo de las motivaciones de los implicados individualmente, acentuando así que la brecha y el desencuentro no depende tanto de la etnia como de la ideología y el sentimiento de pertenencia. Como oiremos en la película, “hay que convencer a los convencidos” del significado de su propuesta, exigiendo y no pidiendo permiso.

El éxito de la película reside en la habilidad del realizador para situar la pelota en ambos tejados (no solamente en el de la comunidad blanca o el gobierno) a la vez, asistiendo también a las repercusiones que se tomaron contra gente blanca que decidió manifestar abiertamente su apoyo a la causa.

Selma no trata únicamente de cuestiones racionales, sino de temas más profundos que tienen que ver con la sensibilidad humana, la organización y la capacidad de algunos líderes de superar el mensaje de su inmediata audiencia. Un filme necesario y recomendable para todos.

 

Alberto Campos

Cinescrúpulos
Alberto Campos

Alberto Campos, Valledupar (1976). Sociólogo y Abogado de la Universidad Popular del Cesar. En Cinescrúpulos expone su faceta de crítico y amante del Cine, pero con total independencia. Su fin es alabar las buenas películas y señalar las malas producciones.

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