Embajadora de Indonesia Trie Edi Mulyan / Foto: La República

Comenzaba a rayar el día primero de este mes de julio, cuando los atronadores altoparlantes de un carro que recorría, las todavía desiertas, calles de Tamalameque, anunciaba con bombos y platillos la llegada de la Señora Trie Edi Mulyani, embajadora de Indonesia en Colombia, y era tal el entusiasmo que ponía la persona que anunciaba la llegada de tan egregio personaje, y la algarabía con que lo hacía, que me hizo recordar ese pasaje genial escrito por Gabo, en que con pitos y timbales los gitanos, de ese hombre “de barba montaraz y manos de gorrión”, llamado Melquiades, anunciaban en el incipiente Macondo: “la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia”, representada en dos lingotes de imán que hacían desenclavar las puntillas de acero de las vigas de las casas, prodigio científico con que descrestó a José Arcadio Buendía, incendiando la calenturienta imaginación de este personaje.

Las banderas de Colombia, Indonesia, departamento del Cesar y Tamalameque, hondeaban mecidas por la brisa caliente, en un saludo fervoroso que contrastaba con la comitiva de bienvenida, conformada por los pocos empleados de la alcaldía, la alcaldesa, dos concejales desocupados y un candidato a la alcaldía, que nerviosos esperaban el arribo de la señora embajadora para darles los beneplácitos protocolarios por la visita a nuestro terruño. Mi fuente me cuenta que el pueblo no asistió, que la recepción fue netamente oficial, y con el mamagallismo costeño, me dijo que la alcaldesa de Tamalameque pronunció una pieza oratoria de alto turmequé en español-costeño, con algunos localismos tamalamequeros y algunas oraciones interesantes pronunciadas en bahasa Indonesio, aprendido a la carrera utilizando el traductor de Google.

Me embarga una inquietud y me surgen preguntas a granel sobre el objeto de tan importante visita. ¿Será que comenzaremos un intercambio comercial con la economía que ocupa el puesto 18 en el mundo? Es posible que nuestra alcaldesa convenza a la embajadora para que los empresarios indonesios nos compren los musengues con que espantamos los zancudos en Tamalameque y eviten así, la propagación del dengue y el chikungunya que les puedan transmitir los mosquitos criados en las lagunas que quedaron dispersas en su geografía después del devastador tsunami.

¿Será que nuestros funcionarios, con su labia ladina, logren argumentar sobre las bondades terapéuticas y ergonómicas de dormir en un petate hecho con palma de estera, y así, se pueda desarrollar la industria de este ingenio nativo? ¿Será posible doblegar el gusto gastronómico indonesio de la embajadora y enamorarla del sabor sinigual de un bollo limpio de maíz envuelto en hojas de bijao acompañado de suero hecho en calabazo? ¿Podremos reavivar las delicias casi extinguidas del cafongo, de la casadilla, de los caballitos de ángel y la cañanga para exportarlas a ese lejano país de casi 250 millones de habitantes? ¿Lograremos producir y envasar industrialmente la chicha de grano y la de mamo para exportarla en grandes cantidades hacía los pobladores de ese país insular situado entre Asía y Oceanía?

¿Qué traeremos de allá? Revisando los productos que exporta ese país creo que a parte de la chapa de madera, podría interesarnos el tabaco, el té y la pimienta, con esto abasteceríamos el consumo local y algunos remanentes se los venderíamos a El Banco, Chimichagua, Chiriguaná, Curumaní, Pelaya y Pailitas. No veo  otra posibilidad de negocio entre Tamalameque e Indonesia, solo quedaría por definir asesorías técnicas en el manejo de desastres naturales que podrían ser canalizadas mediante capacitación a los miembros vitalicios de la Defensa civil tamalamequera.

Por último, abrir sedes de negocios en Yakarta donde promovamos nuestros productos y así aseguraríamos que no quede vacante nuestra señora alcaldesa, pues sería nuestra delegada de negocios en dicho país por el manejo fluido de la bahasa Indonesio. ASÍ Y SOLO ASÍ: Tamalameque sería el pueblo colombiano rebosante de progreso, ya que sus arcas se llenarían de rupias y el florecimiento de nuestra industria despegaría hacia hitos internacionales que llenarían de envidia a los pueblos vecinos. ¡Dios salve a nuestra alcaldesa! Y permita la reelección de tan sorprendente personaje.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando
Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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