¡Que viva la música! es uno de los estrenos colombianos más esperados del presente año. Dirigida por Carlos Moreno e inspirada en la novela del escritor Andrés Caicedo, los argumentos no escasean para atraer a los apasionados del cine “literario”.

Como bien lo expresó el director en previas presentaciones, este largometraje trata más de una desadaptación que una adaptación de la obra escrita. Por eso, tanto lectores de la obra original como espectadores casuales, encontrarán algo original que les sorprenderá, o no.

Digo “no” porque, para muchos lectores apasionados por la obra del joven Andrés Caicedo, puede ser motivo de desencanto comprobar que la trama ha sufrido notables cambios.

La historia es sencilla pero intensa. Se centra en una joven adolescente (Paulina Dávila) quien, impulsada por la música y el baile, decide irse de su casa sin importarle las consecuencias. Ella está dispuesta a probar todo lo que le ofrece la ciudad.

Es el primer largometraje de Paulina Dávila, tras una experiencia como Shakira en la revista Soho y algunas apariciones breves. Ella es talentosa, tiene fibra cinematográfica, se le nota el carácter y el deseo de representar, pero los seguidores obsesivos de Caicedo dirán que la interpretación podía ser más sólida, sobre todo porque el personaje queda dibujado desde lo exterior: el cuerpo, la hermosa cara, las caricias, las relaciones sexuales con jóvenes, la continua experimentación. Pero nada del interior, y sin embargo, el papel lo exige.  

Descubrimos, pues, una historia que bebe en el deseo de libertad de una joven bailarina pero que, lamentablemente, cae en el retrato superficial con escasas emociones. Todo parece muy maquinal. Así como un collage fragmentado de situaciones que derivan –o progresan- sin más consecuencias.

Desde mi punto de vista, el largometraje de Moreno se presta para un cine con ganas de superación pero poco creativo: sexo de todo tipo, drogas y violencia. Una fórmula demasiado conocida.

No quiero descartar del todo esta película. Es más la recomiendo a los que siguen y defienden el cine colombiano. Para muchos, tendrá cosas interesantes, pero no puedo dejar de pensar en “El Perfume” de Süskind, que al ser adaptado (o desadaptado) al cine perdió todos sus colores y perfumes. La obra de Caicedo se merece una mayor profundización de la cuestión psicológica y de los sentimientos.

Para concluir, un estreno que sorprenderá a más de uno, que decepcionará a muchos, pero, aún así,  necesario. Los cineastas colombianos deben seguir observando y explotando el horizonte literario que es muy rico pero sin desadaptar del todo la obra…

 

Alberto Campos

Cinescrúpulos
Alberto Campos

Alberto Campos, Valledupar (1976). Sociólogo y Abogado de la Universidad Popular del Cesar. En Cinescrúpulos expone su faceta de crítico y amante del Cine, pero con total independencia. Su fin es alabar las buenas películas y señalar las malas producciones.

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