La Sirena de Hurtado

Las obras de infraestructura sirven un propósito, cumplen el fin para lo que fueron construidas, pero para que trasciendan necesitan ser reconocidas. El reconocimiento se adquiere a través de la descripción que hacen los escritores, el canto que hacen los juglares, el arte de los pintores, las odas de los poetas, las gestas contadas por los historiadores, en fin, se requiere que la cultura le dé el sustento espiritual a ellas; necesitan el soporte cultural donde cimentarse y poder así traspasar los tiempos y ser reconocidas por propios y extraños.

Las piedras existen, hay miles de millones de ellas, de diferentes formas, tamaños, colores, texturas y origen, pero «La piedra de Rosetta» es diferente a todas, es una piedra con identidad, es única,  la cultura le dio esa connotación especial de ser el soporte milenario de un decreto del  faraón  Polomeo V.  De igual manera existen acueductos, unos más modernos que otros, pero El «Aqua Appia» a pesar de sus milenios, es único, fue el primer acueducto de Roma y ha sido mencionado por historiadores, arquitectos y escritores. 

Capillas hay muchas, pero Miguel Ángel al poner su impronta en la «Sixtina» la diferenció de las otras, la hizo única. Para no ir más lejos, «El puente Salguero» instalado en 1937, es una obra que cumple una función específica, la de atravesar el río Cesar en la vía Valledupar a La Paz, pero ese puente tiene reconocimiento, porque a Escalona se le ocurrió mencionarlo en su canto «La corriente del Cesar». De ahí en adelante no es solo un puente, es un referente a un amorío y un infortunio inmortalizado por nuestro folclor.

Las obras materiales, la infraestructura que permite progreso y la comodidad a la sociedad, requieren un sustento cultural para ser reconocidas, necesitan de la cultura para trascender, necesitan que el hombre le dé significado, requieren que se cuenten, que se describan, que se ponderen para ser conocidas fuera del entorno geográfico donde fueron edificadas. Las obras de infraestructura, tan necesarias para el desarrollo y progreso de los pueblos y las regiones sirven para su fin en sí, pero para reconocer en ellas a su creador, a su gestor, al gobernante que la hizo posible necesitan de ese soporte cultural que cuente su existencia y su importancia.

Los gobernantes pueden hacer las obras que quieran, monumentales si les gusta, necesarias si atienden los requerimientos de las comunidades, extravagantes si su ego lo quiere, en fin, pueden ser mega colegios, mega parques, avenidas, pavimentación de carreteras y calles, estadios, hospitales, puentes u cualquier otra obra; pero mientras ese gobernante no atienda la cultura, mientras ese funcionario no invierta en cultura, el reconocimiento por su gestión será poco, será fugaz, no pasará de la euforia inaugural, no irá más allá de la alegría inicial de los pueblos al recibirla; pero no trascenderá en el tiempo, se irá borrando y quedará refundida en la historia y no logrará añejarse con el tiempo.

La obra existirá por sí misma, el pueblo la utilizará, pero hará falta el cultor, el escritor, el historiador, el juglar, el poeta, el pintor, el artista que cuente su historia, que muestre su belleza o ensalce su importancia y con ello y por ello, se recuerde su gestor, el gobernante que la hizo posible, su gobierno, la importancia que tiene o tuvo como político; y así trascenderá en el tiempo y se convertirá en referente para los futuros gobernante que le precederán. Por ello, el gobernante que quiera ser recordado, el que quiera hacer parte de la historia, debe y  tiene que invertir en cultura, debe posibilitar el desarrollo cultural de los pueblos, para que desde ahí salga el insumo que permita nutrir al colectivo con lo necesario, para que dentro del inventario cultural de los pueblos se tenga en cuenta su gestión su gobierno y su obra.

Ojalá los nuevos alcaldes, los nuevos gobernantes, tengan en cuenta la cultura como parte de sus prioridades para invertir los recursos públicos, ojalá los planes y programas culturales sean concertados con los que hacen cultura, ojalá atiendan los requerimientos de los diferentes gremios culturales, y sobre todo que tengan en cuenta las diferentes disciplinas y los diferentes pueblos dentro del contexto cultural al que pertenecen.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando
Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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