Los Juglares del Vallenato y el presidente Juan Manuel Santos

Hoy recordamos, con la fascinación de la brisa decembrina, aquellos tiempos comarcales, cuando la vida era lenta, pesada y difícil pero cargada de alegría, entusiasmo creador y más música, que dinero.

Valledupar sorteaba el embotellamiento y arrinconaba los desmanes de la adversidad, con el coraje de su gente, la memoria histórica ancestral y el predominio de versos, cantos y sueños vertidos en la cotidianidad como elemento integrador y guía silencioso hacia la consagración colectiva.

Tantas veces, al salir del inolvidable Ateneo el Rosario, bajamos por la séptima hasta encontrar, como ganga en baratillo cultural, la nueva caricatura del pintor Molina y la parranda en acción, con todos los ingredientes inherentes. En las noches, procedentes de las alcancías amatorias del mercado público, sobrevolaban letras cantadas en maridaje a ultranza con el sonar de acordeón, caja y guacharaca en clarísimo mensaje al universo de la liviandad del alma vallenata.

Los cantos de Escalona y otros, rondaron la vida nacional en la gracia melodiosa de Bovea y sus vallenatos, Colacho Mendoza y otros, no menos imperecederos, convirtiéndose en talismán colectivo. Fue una época de arado cultural en tierra inhóspita pero con buenos niveles de humedad musical y grandeza humana, en gracia de lo cual tan buena semilla germinó y crece con sostenibilidad y efectividad.

Perviven los recuerdos, desde mis nueve años de edad, de aquella vez en que el Capitolio Nacional se estremeció a punta de vallenato, como preludio imbatible, de la aprobación del proyecto de Ley que creó el Departamento del Cesar, sin dejar de lado el recibimiento de los vallenatos que allí acompañaron, tan pronto como regresaron. Y luego, la inauguración del Departamento, el 21 de diciembre de 1967. Ya cabalgaba en el parto cerebral de Gabriel García Márquez, lo que más adelante confirmaría, con creces, la consagración literaria del vallenato. La oportunidad llegaría para quedarse.

Ya nos visitaban, desde antes, los bogotanos, que tanto posibilitaron el auge de Valledupar y de la música vallenata: Fabio Lozano Simonelli, Miguel Santamaría Dávila, Jaime García Parra, Rafael Rivas Posada y más adelante Juan Manuel, Enrique y otros Santos, con el Doctor Alfonso López Michelsen, como baquiano del vallenato. Cuenta el prodigioso Pablo López, que en el 56, cuando formó el conjunto vallenato 'Los Universitarios' con otros jóvenes del valle que estudiaban en Bogotá, era López quien los llamaba a tocar en las parrandas y los recomendaba para participar en espacios radiales de la época. Los invitaba a sus cumpleaños y con ellos armaba las tertulias en las que sus compañeros políticos empezaron a entender el folclor. Y así les formó un público cachaco a los músicos que vinieron después. (El Tiempo, edición 11 de julio de 2007, “López, un cachaco que sembró el vallenato en Bogotá y le dio categoría al folclor”).

En 1968, inició el Festival de la Leyenda Vallenato, soporte indiscutible y comprobable de la conservación de la música vallenata, de su avance y de la siembra interterritorial de eventos de su naturaleza, con hijos culturales a lo largo y ancho de la territorialidad colombiana y en otros confines como Monterrey en México. Esa anualidad, 1968, es bendita para nuestra cultura: nació el festival, se visibilizó la leyenda vallenata y el milagro de la Virgen, epicentro raizal con firmeza cultural, emerge la figura exultante de Alejo Durán, primer rey vallenato y símbolo de la vigencia juglarística, los Hermanos López saltan a la palestra con el canto de Jorge Oñate y la presencia como músico y compositor de Poncho Zuleta, Alfredo Gutiérrez, graba La Cañaguatera, de Isaac Carrillo y la encumbra como éxito internacional, Cien Años de Soledad, corre traducida en más de veinte idiomas. La crítica de todas partes la comenta con un entusiasmo que jamás declinará. Pablo Neruda dirá que Gabriel García Márquez es el Cervantes de nuestro tiempo” (Revista Credencial Historia – Bogotá Colombia. Edición 195, Marzo de 2006). Allí danzaba el vallenato y el nombre de Escalona, como miel para la chicha. Coincidencia feliz: el 21 de junio de 1967, mediante Ley 25, fue creado el Departamento del Cesar y en julio de 1967, se publica la primera edición de Cien Años de Soledad.

Para el segundo festival vallenato, en 1969, se evidencia el crecimiento del evento y de las sabanas de Sucre, el magistral acordeonero Lizandro Meza, llega cargado de inspiración premonitoria:

“De música de Colombia la que canto es la vallenata
tan extenso es tu folclor como tu tierra querida patria (bis)

Colombiano canta Colombiano, vallenato canta vallenato” (bis)

De ahí en adelante el paso del tiempo marcó la ruta sostenida que consolida el festival como lo que es y llevó a que se dispusiera su inscripción en la lista de patrimonio cultural de la Nación. A la par con eso, nació la formación en música vallenata, a través de escuelas como la del maestro Andrés “el Turco” Gil, la “Rafael Escalona Martínez” y otras diseminadas a lo largo y ancho de la Colombianidad. En el último tiempo se abre paso la de la Dinastía Romero, todo lo cual promueve la autenticidad, la creatividad y la raigambre cultural.

La acertada gestión musical, folclórica, artística y cultural de connotados intérpretes, como Poncho y Emiliano, Jorge Oñate, Alfredo Gutiérrez, Colacho Mendoza, el cacique Diomedes Díaz, Rafael Orozco, Beto Zabaleta, Silvio Brito, Iván Villazón, Farith Ortiz, los reyes vallenatos y muchos otros, fue y es, un porte sólido para afianzar dicho general musical en el tiempo.

En buena hora, la Alcaldía de Valledupar y su líder, Fredys Socarrás Reales, potenció la oferta cultural municipal con énfasis efectivo en la formación de cerca de cinco mil niñas, niños y jóvenes en música vallenata, danza, pintura, teatro, lectura y escritura, música sinfónica, banda musical, guitarra, piano al tiempo que activó, en convenio con la Fundación Nacional Batuta, y el apoyo de entidades como la Fundación Carboandes y la Alianza Francesa, la Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil de Valledupar, que este 15 de diciembre, ofrecerá –en el Auditorio del Gimnasio del Norte- el concierto de cierre anual, el rescate exitoso de la Banda Municipal y el énfasis cultural en los eventos artísticos, cívicos y patronales en los barrios de Valledupar como en cada uno de los 25 corregimientos que conforman la territorialidad municipal.

Mención especial merece el acierto la conformación de Los Juglares Vallenatos, acción vigorosa del Alcalde Socarrás, como instrumento para el rescate, la preservación, la promoción y la divulgación de la música vallenata tradicional, como memoria cultural y cuota inicial para saldar la deuda histórica con la juglaría. Tiene razón el Alcalde al hacer mención de la importancia de estimular, fortalecer apoyos y hacer la difusión de la obra de los compositores vallenatos que constituyen la gran fortaleza, desde su inspiración, para la buena acción interpretativa. Se inscribe lo del conjunto Juglares Vallenatos, integrado por glorias vivientes, como la acción más importante, con el Festival Vallenato, en la protección del vallenato autóctono.

Así se plasma en el primer disco compacto que preparan para el mundo, que se conocerá y degustará en este mes de diciembre. En orden con lo anterior, la declaratoria del vallenato como patrimonio mundial brindará la protección necesaria a esta representativa manifestación cultural de Colombia" corona todo un recorrido ejemplar, parido por la inteligencia musical de nuestros juglares, protegido con celo maternal por gestores y dolientes, cultivado con majestuosidad por creadores: compositores e intérpretes en escala sin fin para seguir el ascenso.

Trae consigo la materialización del Plan Especial de Salvaguardia para lo cual es preciso un esfuerzo sinérgico con participación de todos y la decisión sostenida de avanzar sin regreso. Este logro integra, fortalece y demanda la mayor dedicación. Agradecimiento al Ministerio de Cultura, al Clúster de la Música Vallenata y a todos los participantes en los equipos a cuyo cargo estuvo a consolidación de los documentos requeridos para sustentar lo que hoy celebramos con tanto merecimiento.

 

Alberto Muñoz Peñaloza

@AlbertoMuñozPen

Cosas del Valle
Alberto Muñoz Peñaloza

Alberto Muñoz Peñaloza (Valledupar). Es periodista y abogado. Actualmente desempeña el cargo de director de la Casa de la Cultura de Valledupar y su columna “Cosas del Valle” nos abre una ventana sobre todas esas anécdotas que hacen de Valledupar una ciudad única.

[Leer columna]

Artículos relacionados

Yo soy Imelda Daza
Yo soy Imelda Daza
“Ven y charlemos de cosas que nos traerán recuerdos  coplas de viejos caminos que...
El abrazo de los hipócritas
El abrazo de los hipócritas
Ya que pasó (como se consuman los amores de una noche, que suelen ser intensos pero...
No se dejen robar la alegría ni la esperanza
No se dejen robar la alegría ni la esperanza
  Llegó el Papa Francisco, los medios de comunicación han saturado a los...
Si las mujeres se atrevieran
Si las mujeres se atrevieran
Históricamente, la mujer ha sido la principal musa que hemos tenido los vallenatos...
¿Para qué sirve ser Rey Vallenato?
¿Para qué sirve ser Rey Vallenato?
Constantemente vivo absolviendo inquietudes de quienes me abordan sobre temas de...
.::El Sombrero de Alejo - Carlos Vives::.
.::Fíjate qué bueno está - Anibal Velásquez y sus locos del Swing.::.