Aunque parezca que sí, no se está perdiendo la batalla. El vallenato auténtico vive. Y vive más allá de las verdaderas parrandas donde él es el rey por excelencia,  más allá de los últimos días del mes de abril.

El vallenato auténtico, ese del que la mayoría de personas no gusta, no está acabado como muchos quisieran. Y no está acabado porque hay pocas golondrinas haciendo verano. Porque así seamos unos pocos quienes lo defendemos, lo hacemos con fuerza, con argumentos y con pasión.

Lástima que los diferentes grupos vallenatos que salen de gira no se lleven en su equipaje un poquito de historia y la regalen al mundo. Desafortunadamente, en toda Suramérica, México, España y parte de Estados Unidos, se conoce más el vallenato que no debería conocerse.

La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata parece que tampoco puede hacer mucho al respecto. Cuando ella le pide al Rey Vallenato vigente que salga a promocionar por el mundo el verdadero vallenato, muchas veces se niega a hacerlo porque el cantante lo puede reemplazar en el grupo, o porque no le conviene económicamente, o simplemente porque no le interesa; y no hay nada ni nadie que lo obligue.

Cuando un aspirante a coronarse Rey Vallenato se inscribe, lo ideal sería que hubiera una cláusula que obligue al futuro Rey a promocionar la música vallenata en todos los actos culturales del mundo. Pero la música vallenata pura, sin un poquito de agua para ligarla y no la música vallenata contaminada de gel para el cabello, de camisetas estampadas pegadas al cuerpo, de un batallón de maquilladores, manicuristas y el que lleva la miel de abeja para arreglarle la voz; de  un manager ofreciendo este mundo y el otro para que el cantante suene en las emisoras o lo entrevisten en la televisión y la prensa. O lo más grave: inventándose giras por sitios donde jamás van a estar o diciendo que son  número uno y la realidad es que no lo escuchan ni en su casa. No es ese el vallenato que hay que promocionar.

Se mira con respeto y admiración cómo en países como Méjico, por ejemplo, muestran su música ranchera sin distorsionarla tanto y mucho menos contaminada con otros ritmos. ¿Quién no canta ranchera sabiendo que está emulando al pueblo mejicano en cada suspiro? Nosotros no hacemos nada de eso. El vallenato que se muestra fuera dista mucho de la realidad y nadie dice nada.

Y nadie dice nada sencillamente porque no le conviene, porque éste vallenato malo es el que llena los bolsillos, el que llena estadios, pero, paradójicamente, montados en el potro que el vallenato auténtico ya ha amansado. Qué vainas tan jodidas tiene la vida!

Hay muchos intereses creados alrededor del vallenato distorsionado, y quienes lo apoyan desean con todas las fuerzas de su corazón que el vallenato auténtico se acabe, que no joda más. Que se quede en las enciclopedias como una música lejana que alguna vez existió. Que el amo y señor sea ese que nos atormenta el alma cada vez que lo escuchamos, ese que no tiene rima, mensaje ni son. Ese al que las disqueras se han aferrado en su agonía y por no promocionar la verdadera música del valle.

Causa curiosidad escuchar a los cantantes defenderse diciendo que sí son vallenatos y se molestan cuando lo clasifican en la lista negra. Pero si ahí es donde deben estar. (Hay cantantes que dicen cantar vallenatos y no diferencian siquiera un paseo de un merengue) Ellos predican pero no aplican. La tangente por donde muchos se salen es diciendo que han grabado un tema clásico en su CD. Ellos creen que con eso es suficiente, con eso  expían sus culpas. Pero no. Porque quienes lo hacen a duras penas conservan la letra y nada de la melodía original y el resultado muchas veces es un híbrido extraño.

Pero el vallenato auténtico a pesar de que en su batalla por la supervivencia en algunas ocasiones lo han herido de muerte está firme y listo a enfrentar todas las batallas que se quiera. El vallenato auténtico dará la batalla siempre, porque siempre llevará las de ganar, porque no le puede hacer reverencia al balanato, porque primero es abril que mayo, porque no nos da la gana, porque patada  de yegua no mata caballo…

El vallenato auténtico volverá a reinar, porque lo necesitamos, entre otras cosas, para volver a darle un beso a la novia tarareándole una hermosa canción, mientras ella sonríe complacida de escucharla debajo de un sombrero ancho…

Nunca al vallenato auténtico le pasará como a los pollos finos en la gallera, que cuando su dueño los mira agonizando les frota vick-vaporub para que tomen un segundo aire y salten al ruedo. El vallenato auténtico jamás necesitará  de eso. Jamás!!

 

Fabio Fernando Meza

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Folclor y color
Fabio Fernando Meza

Cronista colombiano originario de San Fernando (Santa Ana, Magdalena). En esta columna encontrar textos sobre la música vallenata, su historia y sus protagonistas, así como relatos cortos que han sido premiados a nivel nacional e internacional.

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