Miguel Morales / Foto: Terra.com

Se trata de la misma persona. La voz que, aquella tarde en la distancia, distrajo mi atención al creer que se trataba de Rafael Orozco, en sus mejores tiempos. Imposible olvidar esa tonalidad que, desde el auditorio del glorioso Colegio Nacional Loperena, misileaba al mundo respecto de la grandeza de quien era capaz de hacernos creer a todos –sin dudarlo un segundo- que allí cantaba el que no era. Fue una tarde de viernes, alegre,  plena de valor musical. Quien iba conmigo, extasiado, emocionado y obnubilado, sentenció: Rafa es Rafa, como él no hay quien cante igual. Pero no era Rafa.

Él es. Ese que se atrevió a trasegar, con éxito sin permiso, por los meandros de nuestra música, al unir su voz a otro aparecido –sin parecido alguno- ungidos por la humildad, el saber cómo y la certeza del bien. Ellos se pasearon por escenarios populares, cantándole a su gente las canciones del Binomio de Oro y otras más, hasta cuando le regalaron a Colombia un tramacazo que estremeció la vitrina vallenata y vigenció un concepto nuevo que pervive en el alma colombiana.

Es ese. El hijo de Juancho Migue, aquel vendedor en carretilla, quien por los pesos que necesitaba para mantener a su familia humilde, entregaba alimentos y dosis diaria de entereza moral, honesto proceder  y dignidad humana, en lección persistente de cómo enfrentar y superar la adversidad, sin hacerle daño a nadie. Un hombre serio que recorría las calles polvorientas de la población y con el sudor de su frente titulaba, en la maestría de la vida, a quien fue siempre pequeño pero grande de corazón, con alma gigante e indomable carácter de guerrero sin odios.

Ese es. El que cuando fue chef en el Kurakatá y en el Sicarare, jamás olvidó el banquillo que le permitía panoramizar el mesón, con la decencia de los buenos y el ritmo laborioso de los vencedores. A punta de tesón logró el puesto de comando, en el plano gastronómico, desde el cual irradió felicidad, sabores y saberes, sin desmerecimiento alguno. La esencia regional plasmó en sus preparaciones, con alcance universal, solazándose en el tejido simbólico de sus recetas y en la seguridad que despuntaba desde el interior.

Claro que es él. El protagonista de una nueva realidad musical, nacida en la sencillez de sus protagonistas y vertida en la primera microempresa musical que tuvimos, con el aporte satisfaciente de la queridísima vieja Hilda, desde su máquina de coser y el emprendimiento sostenido y empresarismo infatigable de Juancho Geles. Ellos lucharon y conquistaron espacio, merecido por cierto, no sin angustias, sufrimientos ni aflicciones. Muchachos de barrio que retozaban frente a un micrófono, una cancha de fútbol y más de las veces frente a, la durísima realidad de, no tener nada. No obstante, capitalizaron coraje, enjundia y determinación para convertir en oportunidad el kilométrico problema de las penurias que depara la falta de garantías económicas para vivir.

Es el mismo. Ese que le dijo a Colombia, sin vacilaciones ni remordimientos, alentado por el imperecedero Hernando Marín:

Tú, tu, tú no sabes dar un beso

Tú, tu, tú no sabes que es amor

Tú eres como un mar sin olas, como dice Beto

Tú eres como una parranda sin un acordeón

El que mostró garra desde el comienzo y cuando le resultó posible, volvió con su compañero a recordarnos:

Te voy a olvidar, porque ya tu amor me está causando problemas

Te perdí la fe voy a claudicar, triste cuando el alma enferma

Triste cuando el alma enferma corazón

Se mueren los sentimientos

Que me duele, que me duele, corazón

Mira cómo pasa el tiempo

El mismo caminante que contribuyó, en grado sumo, a que la parranda vallenata recibiera un toque romántico, gracias a su voz, matizado con el eco inconfundible del acordeón ébano y magistral. Si, ellos propusieron el arrastre melodioso al inicio de interpretaciones, escogieron canciones  insustituibles y les imprimieron el sello evidente de la calidad, la originalidad y el estilo. Él, una media tarde imploró:

No hay sol ni luna, todo es tiniebla hoy para mí

Como quisiera que comprendieras no te mentí

Tren maldito detén tu carrera

tren bendito detente por Dios

Es el que, ante la separación, lloró con pesar, como hiciera Omar, con el compromiso de avanzar por el pasillo de los mejores y así lo hizo, sin timideces ni dobleces. Llegó entonces la oportunidad de crear su propia empresa musical, fortalecerla y darle vida y éxito, al tiempo que edificaba su hogar-empresa con, la sabia y hermosa, Nevis y retoños ejemplares. Quien supo guiar, hasta médico y cantante exitoso como lo fue Kaleth, es bueno, diligente y ejemplar.

Un día aspiró a ser elegido como Alcalde de Valledupar, en octubre de 2011, presentó su candidatura y con la humildad, el valor y la determinación de siempre, asumió su rol de candidato, con respeto a sus pares y gran amor a Valledupar. Como moderador, en varios debates, aprecié su sabiduría natural, su inacabable empeño por servirles a quienes más necesitan y el respeto por su fanaticada, que lo caracteriza.

Sin bulla ni fatuos protagonismos ayudó al actual Alcalde de Valledupar, a llegar donde gobierna y –en gracia de su fuerza interior- recibió con moderación, llaneza y obediencia, la designación en el gabinete municipal como Jefe de la Oficina de Cultura Municipal. Una oportunidad de oro para continuar el desarrollo cultural de nuestra municipalidad, dado el antecedente positivo de la administración del Alcalde Fredys Socarrás Reales: arreglo físico de la Casa de la Cultura Municipal “Cecilia Caballero de López”, creación del componente formativo superior “Juglares Vallenatos” y del conjunto institucional que ahora se denomina “maestros del vallenato”, fortalecimiento de la Escuela Municipal de Formación Artística y Musical <Leonardo Gómez Jr> a través de la gestión adelantada en instituciones educativas, barrios, comunas y zonas corregimentales –con más de cinco mil niñas, niños y jóvenes formados en música vallenata, pintura, danza, teatro, música sinfónica, piano, guitarra, técnica vocal, escritura creativa, percusión tradicional y banda musical; fortalecimiento de la Banda Municipal, realización del conversatorio escolar y de programas institucionales con arraigo cultural como, La Palabra Encantada, Cultura en la Plaza, Cultura para todos, apoyo a la Academia de Historia del Cesar y realización de actividades culturales conjuntas, apoyo a eventos culturales, artísticos y cívicos, con nuevo paradigma en corregimientos, comunas y barrios, para que prevalezca lo cultural, realización de jornadas de pintura infantil, colonización cultural de la celebración del aniversario fundacional de Valledupar, convirtiéndola en atractivo turístico, realización de exposiciones de pintura, apoyo al ejercicio creativo de escritores, poetas y ensayistas, creación y desarrollo del proceso musical sinfónico y de la orquesta sinfónica infantil y juvenil de Valledupar, en convenio con la Fundación Nacional Batuta, rescate, promoción, preservación y divulgación de la tradición carnestoléndica de Valledupar, entre otras acciones efectivas y preludiantes del salto cultural que demanda nuestro municipio y sus potencialidades, para lograr el reconocimiento de Valledupar como ciudad creativa.

Vincular, al desarrollo cierto de Valledupar, nuestro río Guatapurí, es un acierto del Alcalde Augusto Daniel Ramírez Uhia, que decursa los esfuerzos materializados por la administración anterior en cuanto se refiere al parque lineal ecológico Aníbal Martínez Zuleta y otros, no menos significativos, como el del mirador turístico del Ecce Hommo, las obras complementarias en el sector del pozo de los caballos y la iniciativa de “playa maravilla” por parte del profesor Carlos Quintero y “maravilla informa”.

Ese señor, con carita de yo si soy y cuerpecillo de niño manso, ha desplegado a lo largo de su vida una jornada de trabajo y servicio comunitario, paralela a la gran carrera de éxitos, que Dios le ha prodigado. Numerosas soluciones en bien de los moradores del barrio primero de mayo y servicio desinteresado a gente pobre que lo busca. Elogiable también su servicio silencioso y/o efectivo a manifestaciones culturales como la gastronomía, la música, la danza –como que él es un danzarín formidable sobre la tarima-, el teatro en gracia de la explosión teatral de sus presentaciones, la literatura en sus canciones y las que canta, entre otras, presagio inestimable de su sensibilidad y de la comprensión del quehacer cultural. 

Uno de los éxitos más resonantes, cuya autoría es del reconocido maestro Adolfo Pacheco, contiene la notificación colectiva que, quien le imprimió el sello del éxito con su voz a números cantos y con su liderazgo personal a ejecutorias por el bien colectivo, merece de todos para dignificar este nuevo reto, que asumió hace poco, en pos del bien general:

Pedro Pérez el pintor
pinta un pájaro moderno
y dice que yo no puedo
hacer un cuadro mejor

Saco cuadros del folclor
y de la naturaleza
pinto negra la tristeza
la acuarela del dolor

Y pinto al óleo el amor
sin pincel y sin paleta
buscando como el poeta
la armonía en el color

Métase donde se meta
yo soy el mejor pintor

 

Alberto Muñoz Peñaloza

@AlbertoMuñozPen     

Cosas del Valle
Alberto Muñoz Peñaloza

Alberto Muñoz Peñaloza (Valledupar). Es periodista y abogado. Actualmente desempeña el cargo de director de la Casa de la Cultura de Valledupar y su columna “Cosas del Valle” nos abre una ventana sobre todas esas anécdotas que hacen de Valledupar una ciudad única.

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