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José Acosta

“¡Qué inmenso es el mundo!”, expresa uno de los jóvenes protagonistas de la novela “Un kilómetro de mar” del escritor dominicano José Acosta al contemplar por primera vez una playa del mar Caribe, y en esa frase podría condensarse toda la inocencia, el deseo de vivir, la fe y la hermosura que caracteriza la juventud.

Ganadora del Premio Casa de las Américas 2015 en categoría Literatura Latinoamericana en los Estados Unidos, “Un kilómetro de mar” nos invita a recorrer –guiados por una prosa envolvente y rica– la República dominicana de mediados del siglo XX y conocer su población rural.

Su autor, José Acosta, consagrado en cinco ocasiones con el Premio Nacional de Literatura de la República Dominicana, pudo presentar su obra en la Feria de Cali (Colombia) en octubre del 2015 y accedió a responder a estas preguntas en los días de la recepción de su premio en La Habana (Cuba).

¿Cómo surgió la idea de esta novela ubicada en los años 60 en la isla de la República Dominicana?

Los Años 60 fueron muy convulsos en la historia de la República Dominicana: expediciones bélicas contra el régimen totalitario de Trujillo, el ajusticiamiento del tirano en 1961, el golpe de estado militar contra el presidente Juan Bosch en 1963, la guerra de abril de 1965, el regreso al poder de Joaquín Balaguer que marcó el inicio del periodo conocido como “Los doce años”, en que muchos jóvenes estudiantes y profesionales fueron asesinados por oponerse al régimen…

Yo nací en 1964, y en los llamados doce años de Balaguer participé activamente en las luchas estudiantiles que buscaban mejoras en la educación y los servicios sociales del país, y siendo un niño fue perseguido por la policía en las protestas estudiantiles y huelgas barriales. Un kilómetro de mar tiene como trasfondo esa época.

Los dos jóvenes presentes en la trama se lanzan en un viaje insólito: ver el mar siendo ellos isleños. ¿Es esto una metáfora o una realidad de muchos isleños?

Es una realidad y a la vez una metáfora. Muchos niños dominicanos, residentes en el interior del país, no conocen el mar. Y se debe a las características geográficas de la isla de Santo Domingo. En una ocasión le pregunté a un dramaturgo español, que estaba de gira en el país, qué era lo que más le había asombrado de la isla. “Que hay ciudades donde crees estar en un continente, porque no se siente la presencia del mar”, me contestó.

Y es metáfora porque se dice que el dominicano siempre está encerrado en su propio territorio, y no busca salir para ver qué hay más allá.

La amistad entre los dos jóvenes protagonistas marca notablemente el rumbo de los acontecimientos. ¿Podría decirse que la temática principal de esta obra tiene que ver con la amistad en la niñez?

Sí. Y también con la solidaridad, el compañerismo y los intereses comunes.

“Un kilómetro de mar” nos invita a un viaje por los grandes contrastes de la isla. La ternura de los protagonistas frente a la crueldad de la realidad política y social de la isla. ¿Fue esta una de sus intenciones?

Mi mayor intención fue llevarlos a un viaje donde descubrieran que el mundo, con su carga de cosas buenas y malas, es más grande de lo que ellos pudieran imaginar. Que cuando algo nos cierra el paso en la vida, hay que mirar más lejos y echarse a andar hacia lugares más propicios.

El caribe siempre nos remite al “realismo mágico”. ¿Cree que su obra bebe de esa corriente literaria?

El realismo mágico existió en el Caribe antes de la corriente literaria que lo mostró al mundo, y aún existe. De niño, en casa de mi abuela, mis tíos siempre narraban historias de aparecidos, y hasta de hombres que, machete en mano, se batían a muerte con el diablo.

¿Es usted nostálgico de esa isla que pinta en los años 60?

Nunca se deja de añorar la niñez.

“Un kilómetro de mar” recibió el premio Casa de las Américas, ¿qué supone para usted este premio? 

Una confirmación de que logré contar la historia como la quería contar.

  

Johari Gautier Carmona

@JohariGautier 

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