"Maternal, centenaria y bravía. Luchadora en mestiza batalla. Guardan leyendas los acordeones del valle del cacique Upar".

Así empieza el himno de Valledupar: con una letra que ensalza la tradición y la mezcla, que enfatiza el éxito y la grandeza. A diferencia del himno nacional colombiano (y otros ilustres como la marsellesa), el himno de Valledupar no canta a la guerra o la belicosidad, sólo se enfoca en lo que da valor y reconocimiento a esta tierra.

Es antes de todo un canto de orgullo, una ilustración lírica, y casi inocente, de las bellezas que surcan las orillas del río Guatapurí. Aquí, a lo largo de este río, yacen los tesoros de esta bella tierra.

En sus estrofas, descubrimos un cuadro tan colorido como las obras de los más talentosos pintores vallenatos. Versos que ligan la historia con la belleza de sus viejos barrios:

Remembranza de un pueblo que canta, 

Con sus historias, sus esperanzas 

¡Oh señorial Valledupar!

El himno de Valledupar invita a la contemplación, al paseo y la conversación. Permite repasar la historia y la realidad que palpita detrás de cada piedra, cada esquina y edificio. Pero sobre todo, reconoce la existencia y la anterioridad de una cultura milenaria que, al final, también caracteriza al vallenato:

Aborigen de casta muy valiente

De una raza labriega hasta la piel. 

Hoy nos quedan dos símbolos latentes:

El Arhuaco y el Kogui, muestra fiel”.

El himno reconstruye la relación centenaria del vallenato con la naturaleza. Se explaya sobre los elementos más enraizados en nuestro folclor y en nuestra vida diaria: el sol, la sierra y el río.

Hacia el norte domina la sierra

Donde el alma del Valle se siente… 

Un sol ardiente baña sus tierras 

¡Airoso el río Guatapurí!

Expone en algunas ocasiones unas pinceladas endulzadas, recuerdos idealizados o toques quizás un poco ingenuos, que sólo muestran el deseo de la autora de enaltecer a cada uno de los vallenatos y enfundarles un sentimiento de orgullo.

“En el campo sus hombres muy fuertes 

Con sus brazos de amor y confianza. 

Es algo innato ¡Labrando cantan! 

¡En busca de su porvenir!”

El himno de Valledupar fue escrito por Rita Fernández Padilla en el año 1985 y presentado el mismo año al concurso convocado por el alcalde Miguel Meza Valera en el que resultó ganador frente a otras obras como el célebre himno creado por el maestro Manuel Palencia Caratt (miembro de la Academia de Historia del Cesar).

Los jurados –Consuelo AraújoNoguera, Simón Martínez Ubarnez y Luis Rosenzwel– expresaron unánimemente su complacencia por una letra que exaltaba con tono positivo los valores de esta tierra.

Nacida en Santa Marta, la artista Rita Lucía Fernández Padilla conoció Valledupar gracias a una presentación que hizo en el Festival Vallenato en 1968. Su amor por Valledupar fue tan intenso que cuatro años después (y con sólo 24 años) decidía trasladarse a la ciudad de los mangos donde, sin saberlo, acabaría creando el himno que aquí cantamos. 

 

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