Esta mañana me desperté escuchando y viendo noticias de interés nacional, por todas partes: en la radio, en la prensa escrita y en la televisión. En todos lados hablaban del proceso de paz, los detractores y los ultra defensores enfrentados entre sí.

Los primeros inconformes con el proceso, se niegan rotundamente a que el Estado negocie con terroristas, narcotraficantes y genocidas, son aún más sectarios cuando se habla de participación política, les parece antidemocrático y riesgoso para el bienestar del país. Los otros son partidarios de la salida negociada, manifiestan estar cansados de la guerra, no quieren más niños huérfanos, mas madres enterrando hijos, para conseguir esto están dispuestos a ceder en el campo penal y político, perdón y olvido, más participación política es el lema de quienes enarbolan la bandera de la paz, mientras mano dura, es el lema de los partidarios de la confrontación armada.

El tema de la paz, y del perdón ya me lo sé, me lo inculcaron en mi infancia en aquellos ratos de catecismo en la iglesia en el pueblo, por eso he querido saber más sobre los argumentos de los partidarios de la salida armada. Por tanto, me dedico últimamente a escuchar y leer mucho sobre Uribe, sobre José Obdulio, Paloma y todas estas Pléyades de intelectuales del centro democrático. Ellos vociferan a viva voz “negociar con terroristas es una bofetada a la democracia”, “la política antidroga no se negocia con el terrorismo”, estas dos frases me quedaron sonando, pues, ¿Si la paz no se hace con bandidos con quien la hacemos? Entonces se me vino a la mente diferentes tipos de violencia y abusos que ocurren en Colombia y que se disfrazan como legales y que deberían ser sometidos a un proceso de paz.

Se me ocurre que deberíamos firmar la paz con la Iglesia, pues existe una violencia espiritual, una colonización teocrática, que arremete contra el pueblo indefenso y les hurta la libertad de pensar, al católico lo presentan a los 40 días en el templo y a los 6 meses lo bautizan, y desde ese momento sin tener consciencia de lo que sucede lo condenan a dos caminos, al infierno o al cielo. Colonizado espiritualmente, queda preso de la idea de un Dios, y de la palabra de los hombres intermediarios entre lo divino y lo humano.

Deberíamos firmar la paz con los docentes, los cuales han sido maltratados por nuestros hijos durante años, sometidos a vejámenes escolares, pataletas e improperios de niños malcriados, los cuales son victimarios y víctimas, pues el docente les secuestra su tiempo, su pensamiento y los somete a la tortura de aprenderse datos y fórmulas que jamás en la vida aplicara. 

Deben desmovilizarse los músicos, que con sus notas de bohemia nos transportan a lugares imaginados, nos sacan de la realidad y nos ponen a vivir vidas de enamorado, generando violencia en los hogares, son los causantes de separaciones y maltratos familiares.

Que se desmovilicen los  médicos que de manera inhumana prolongan la vida de un enfermo terminal, dilatando el dolor de la persona a sabiendas que su destino es morir o los abogados quienes a sabiendas que su clientes asesino, robo o violo lo defiende.

Todos estos pensamientos se me vienen a la mente, pero a la vez concluyo, que la paz no puede hacerse con los buenos, que la reconciliación no puede presentarse entre amigos, sino con aquellos que nos hemos disgustado o enemistados, la paz necesariamente debe realizarse con bandidos, violadores de los preceptos constitucionales.

La paz se realiza para lograr un estado de cosas diferente e ideal en lo posible, que donde existía violencia regrese el orden, que no existan zonas vetadas al ciudadano, que la libre expresión reine, que se respete el derecho a la vida. Para que esto ocurra, el violento debe deponer las armas y someterse a unas condiciones del régimen legal establecido y el estado debe ceder la rigidez de sus leyes para permitir que el que deponga sus armas tenga garantías participativas en la democracia.

Hoy una vez más me quedo con la salida negociada al conflicto, pues, por mucho que intento comprender al uribismo, no lo comprendo, pues, no comparto el postulado de que la paz no se hace con bandidos, pues me pregunto, si la paz no se hace con el criminal entonces con quien la hacemos?.

 

Wladimir Pino Sanjur 

 

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