El Yambú / Foto: Lajiribilla.cu

Géneros musicales como El Yambú nos remiten a las sociedades de tierra firme y las islas del Caribe y las Antillas que cimentaron sus costumbres afines para solemnizar las celebraciones de sus fiestas religiosas  y paganas tradicionales desarrolladas –casi sin distinciones-, en las plazas donde se ubicaban sus iglesias centrales, o en parroquias y calles cercanas con la nutrida participación de huestes de ambos sexos y condiciones socioculturales, enardecidas con el bullicio e incentivos musicales y de copiosas libaciones.

A mediados del siglo XX ya se establecían los bailes, danzas, festividades y ferias populares afincadas en la promoción de jolgorios populares decembrinos, patronales y de carnavales, acompañados por instrumentos musicales propios y adaptados, con parejas, agrupaciones de bailarines y danzantes, dominadas por tendencias rítmicas y tensiones que imponen sensaciones y gustos musicales de todo orden en la evolución de la inagotable cantera de energías trascendentes que proyectan los géneros populares hacia su universal acogida.

El pueblo también llama Rumba al Yambú, que surge cuando los negros libres llegan a las ciudades en pleno siglo XIX, por lo cual hace parte del folklore urbano, manteniendo su prestigio y abolengo como precursor del Guaguancó, por lo que aún se crean yambúes en el repertorio de las agrupaciones rumberas, y sus cantores espontáneos elevará su clásico fraseo inolvidable:

“¡Aé, eá, aé, eá!  // ¡Qué  bueno, qué  bueno, aé!”    

Los europeos se asombran con el subjetivismo surrealista de su breve canto, como en “Avemaría morena, la meneadera”, y aquella que encierra un universo de imaginería popular y de gracia, repetido incesantemente en su bella y asombrosa melodía:

“El diablo me lleva, mamá, // dígale que no, ¡por Dios!”

Asimismo apreciamos en la rumba antológica que expresa la inquietud de un hombre que con ingenuidad candorosa confiesa:

“Yo quiero  pasar  /  donde  mi negra tiene el cuarto

para ver / si ella lo tiene como quiero yo”.

El Yambú se genera en los barrios populares de matanzas (Cuba) y  las folklóricas barriadas de La Habana de Jesús María y de Belén, entre los muelles, barcos de carga y calles con farolas, donde jóvenes y ancianos se confundían cantando y bailando con  cajones de origen congo llamados ndembos, empleados hasta en New Orleans acompañados con un cajón percutido con un palo con antecedentes como la chacona, la calenda, el chuchumbé y la zarabanda, nacidas en el crisol caribeño-antillano, donde sus cantos tienen influencias en “la tahona”, con el vocablo gabonés “yambú”, para designar un baile de África occidental

Estructura de El Yambú

Semejante a otras variantes rumberas, su esquema  rítmico es del compás de dos por cuatro, de tempo más lento, de mayor regodeo, rítmico y percusivo. Realiza una coreografía lenta y suave –propicio para personas de edad avanzada-, con bailes pantomímicos de contenido erótico derivados de antiguos ritos sexuales, pero sin gestos de posesión llamado “vacunao”; escenificando un romance, conquista y partida de la pareja haciendo filigranas.

El conjunto instrumental clásico que acompaña el canto y baile del yambú está integrado por el cajón de “el salidor”, percutido por un costado con la palma de la mano izquierda, contrapunteado con la mano derecha, que fija la base rítmica alternando dos golpes de los dedos con un golpe seco del puño cerrado en el lado del frente. Un cajoncito, en las piernas de “el repicador”, que se percute con las dos manos y realiza un repiqueteo constante.

Unas cucharas que se percuten sobre una cajita,  haciendo un figurado rítmico estable sobre una pequeña caja, y las claves, que marcan el ritmo lento y tranquilo, el cual se inicia  con el típico toque de calvos, luego se entona el “lalaleo” o diana, sigue una breve parte de canto, responde el coro, viene el estribillo, con pasos provenientes del zapateo, y es cuando salen al ruedo los bailadores, donde la mujer mueve mucho sus hombros y caderas, descrito en estos versos que describen la cadencia femenina:

“La rumba es un baile  donde  /  todo el cuerpo  se menea;

ninguna mujer  se  esconde   /  cuando  bailarla  desea.”

De ritmo lento, pausado, donde el canto va más rápido, se establece un  contrapunto entre el canto y el ritmo para describir un texto lírico con descripciones melodiosas, con la síncopa presidiendo el ritmo intercalado por tresillos, de notoria influencia de los rezos  yorubas y  la visible influencia de los cantos de los orfeones hispánicos, creaciones anónimas cobijadas por el colectivo en letras humorísticas, picarescas y satíricas sobre aspectos de la vida cotidiana.

 

Jairo Tapia Tietjen

Investigador

WikiLetras
Jairo Tapia Tietjen

Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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