Las alarmas las prendió el compositor y gestor cultural Adrián Pablo Villamizar. Como quiera que él “parió” la iniciativa que tuvo como fruto las declaratorias de la música tradicional vallenata como Patrimonio Inmaterial de la nación en el 2014 y, posteriormente, su inclusión en la Lista Urgente del Patrimonio Intangible de la Humanidad por la Unesco en el 2015, Villamizar es una voz autorizada porque le duele que su gesta se estrelle contra la futilidad de las declaratorias y su camino inexorable a un túnel sin luz al final.

El mes pasado, se efectuó una reunión en Santa Marta de algunos actores de la música vallenata como Villamizar, Roberto Calderón, el sociólogo Edgar Rey Sinning, la periodista María Ruth Mosquera y este servidor. Desde allí comenzó a propagarse la preocupación sobre el tema que luego fue llevada y compartida con el Comité de seguimiento el Plan Especial de Salvaguarda de la música vallenata (PES), reunido en Barranquilla el 6 de septiembre.

Cuando se publicitó la declaratoria de la UNESCO en diciembre anterior, las luces y el ruido de las  bengalas opacaron el debate y la reflexión. La gente lo vio como un premio equiparable el Grammy o como la oportunidad que la UNESCO desembolsara millones de dólares para apalancar la formación, difusión e investigación de esta música popular.

Hubo la necesidad de hacer algunos foros, no los suficientes, para explicar qué significaba esa declaratoria promulgada en Namibia, que no es otra que una señal de alerta de una expresión sonora que puede desaparecer en sus formas tradicionales sino se adoptan, de manera urgente, escudos de salvaguarda por parte del Estado colombiano y la sociedad civil.   

Como bien lo viene explicando Adrián Villamizar, Colombia por primera vez acudió a una de las tres  modalidades de declaratoria que tiene la UNESCO: la lista urgente. La presentación de los argumentos tenía debilidades en el plan de acción y las fuentes presupuestales por lo que fue objetado por la Secretaría Técnica del colegiado intergubernamental. Sin embargo, el trabajo de lobby del gobierno colombiano impulsó a que se votara favorablemente esta manifestación musical como patrimonio intangible de la humanidad en riesgo urgente de salvaguarda.

Lo anterior evidenció  algo de improvisación del Estado colombiano y su Ministerio de Cultura. La analogía que mejor explica el problema la presenta Villamizar  de quien abuso en el parafraseo y como médico que es. Colombia envió al vallenato tradicional a que una instancia internacional lo declarara en cuidados intensivos por su alto riesgo. Esta instancia así lo hizo, pero, ni el Ministerio de Cultura, ni mucho menos los entes territoriales, tenían preparados una sala de cuidados intensivos, ni un “curador” que fungiera como intensivista. Eso es acentuar el riesgo y no crear escudos de salvaguarda.

No existe ni una normatividad, tampoco una metodología clara, ni acciones remediales y diferenciales ni mucho menos recursos suficientes para una manifestación patrimonial con declaratoria de riesgo urgente como la música vallenata tradicional. Es decir,  no hay cómo ofrecer una sala de cuidados intensivos a esta música que si bien, suena mucho y tiene gran dinámica, presenta profundas fisuras en su estructura tradicional: se ve bien y vistoso el edificio pero se agrietan sus cimientos y columnas.  

El Ministerio de Cultura solo aprobó para este año algo más de ochenta millones para esos “cuidados intensivos”, una cifra irrisoria; los recursos del consumo o de telefonía celular, como en el caso del Magdalena, se están yendo para pagar formadores, premios y conjuntos en los festivales,  así que la financiación del plan de salvaguarda y sus proyectos sigue embolatado.  

Desde el Comité de seguimiento al PES del vallenato ya se anuncian pronunciamientos, un urgente llamado a la Dirección de Patrimonio del Ministerio de Cultura, aglutinando voces que reclamen  y hasta el cabildeo con los parlamentarios de la región para hacer causa común y así esta declaratoria no sea un simbólico  saludo a la bandera de la vallenatía.   

Luego del almíbar del festejo, hoy los que de alguna manera estuvimos aportando  para que se dieran esas declaratorias, comenzamos a sentir el acíbar de un  esfuerzo infructuoso y de unos reconocimientos de celofán.

La UNESCO hará seguimiento a estos escudos de salvaguarda y no sabemos qué le dirá el Estado colombiano cuando se le pida cuentas y evidencie que nunca creó esa sala de urgencia y cuidados intensivos. El vallenato tradicional sigue en cuidados intensivos y requiere dolientes.

 

Abel Medina Sierra

 

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