Historia

El asedio a Cartagena de Indias y la gran epidemia de peste de 1741

David Temprano

13/04/2018 - 04:50

 

La estatua de Blas de Lezo y el Castillo San Felipe de Barajas en Cartagena

En 1741, como parte de los enfrentamientos que tuvieron lugar durante la conocida Guerra de la Oreja de Jenkins o la Guerra del Asiento (1739-1748) que enfrentaba la corona inglesa a la española, una enorme flota inglesa -compuesta por alrededor de 186 naves de guerra y unos 23600 hombres- bajo las órdenes del oficial Edward Vernon atacó la ciudad de Cartagena de Indias, defendida por el almirante español Blas de Lezo con 6 barcos y 3600 hombres.

Ante los primeros avances de su armada, y sobre todo motivado por las cifras tan desiguales que daban una clara superioridad de la invencible armada británica, el inglés Vernon no quiso perder tiempo para celebrar y mandó un correo a Jamaica comunicando que había conseguido tomar la ciudad. Los dirigentes ingleses, entusiasmados, encargaron la fabricación de monedas que conmemoraran la futura victoria. Sin embargo, esas monedas no llegaron a entrar en circulación y, de hecho, las tropas inglesas sufrieron tal derrota que incluso se ordenó que tan desdichado día no apareciera jamás en las crónicas.

La noche del 19 de abril de 1741, Vernon ordenó el asaltó a la fortaleza de San Felipe basándose en las confesiones de soldados españoles interrogados y quienes revelaron los puntos débiles de las murallas de Cartagena, pero su plan se vio frustrado. La astucia de Blas de Lezo logró neutralizar el avance de los británicos. Los defensores de la ciudad de Cartagena se las ingeniaron para impedir desembarcar al resto de las tropas británicas (hundiendo gran partes de sus embarcaciones en la entrada al puerto), que se vieron obligadas a permanecer en los barcos durante un mes más sin provisiones suficientes. El 9 de mayo, con la infantería prácticamente destruida por el hambre, las enfermedades y los combates, Vernon se vio obligado a levantar el asedio y volver a Jamaica.

El éxito de Blas de Lezo se debía a un plan ingenioso, pues los soldados españoles mintieron sobre los puntos débiles de su defensa, pero además ordenó cavar un foso bajo esas murallas logrando que cuando los soldados ingleses apoyaran sus escalas para superarlas y atacar la ciudad, el tamaño de dichas escalas fuera demasiado pequeño y quedaran los atacantes a merced de su ejército. Gran parte de los asaltantes se vieron atrapados en una enorme trampa permitiendo así que se realizara una gran matanza.

El desastre y el desorden que el plan de Lezo causó entre las filas inglesas hizo que el ejército español, envalentonado por su comandante, abandonara las defensas del puerto para perseguir a lo poco que quedaba de los atacantes ingleses, propinándoles, con muchos menos hombres y recursos, una de las mayores derrotas que ha sufrido Inglaterra en toda su historia.

Fue tan grande el número de cadáveres que quedaron repartidos por toda la ciudad y sus alrededores que pocos días después de la batalla se propagó por la ciudad una epidemia de peste que incluso el mismo Lezo contrajo la enfermedad. Esa última batalla no pudo ganarla y murió en Cartagena de Indias el 7 de Septiembre de 1741.

John Pembroke, un militar inglés muy valiente de Jamaica y testigo presencial, cuenta como la bahía de Cartagena era un pudridero de británicos y da una cifra muy elevada de muertos Británicos, incluidos los Coloniales Norteamericanos (entre 4000 y 5000).

La victoria criollo-española de 1741 aseguró por setenta años más la hegemonía colonial de la Corona y desalentó, al menos en el Caribe, nuevas incursiones de Inglaterra.

¿Quién era Blas de Lezo?

Blas de Lezo y Olavarrieta nació en Pasajes (Guipúzcoa, España) en 1687 en el seno de una familia de tradición tanto marina como militar. En 1701, con 14 años, partió hacia Francia para continuar allí su educación como parte de los intercambios académicos promovidos por el rey Luis XIV para reforzar las relaciones entre los dos países.

Pronto tendría el joven Lezo su primera oportunidad de medirse en el combate, ocurrió al cumplir los 17 años cuando servía como guardamarina para el Conde de Toulouse. Se trató de un combate en el que se enfrentaron la escuadra francesa y algunas naves españolas contra una flota anglo-holandesa frente a las costas de Málaga.

La contienda provocó un buen número de bajas en ambos bandos y no hubo un vencedor claro. El joven Blas de Lezo aguantó en su puesto incluso después de que una bala de cañón le cercenara la pierna, esta actitud le valió el ascenso a Alférez de navío.

Durante los siguientes años siguió sirviendo y participó en diferentes operaciones. En 1707 ascendió a teniente y fue destinado a Tolon, donde perdió el ojo izquierdo defendiendo el castillo de Santa Catalina del ataque del Duque de Saboya.

Una de las acciones que protagonizó Blas de Lezo ocurrió en el cerco que Felipe V impuso a Barcelona durante la Guerra de Sucesión española.

Lezo era el encargado del aprovisionamiento por mar del ejército de Felipe V, para atravesar el fuerte cerco de la armada anglo-holandesa, Blas de Lezo optó por quemar algunos de sus barcos para enviarlos contra el enemigo mientras avanzaba a través del incendio disparando material inflamable con sus cañones.

En 1713, durante la segunda expedición para tomar Barcelona, recibió nuevas heridas que le dejaron inútil el brazo derecho.

Su primer contacto con los mares del Caribe fue en el año 1716 cuando fue enviado al canal de Bahamas para proteger a los barcos españoles del ataque de piratas y corsarios.

Gracias a sus importantes acciones y a sus años de servicio fue ascendido a Teniente General por el rey en 1734, pero Lezo renunció tan sólo un año más tarde porque prefería la vida en el mar que entre los papeles de un despacho. Fue nombrado comandante general de una flota que arribó a Cartagena de Indias en 1736 con la misión de defender dicho puerto.

 

David Temprano

 

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