Intentar dar una definición correcta de periodismo cultural se vuelve tan complicado como definir la cultura misma. Para algunos la palabra Cultura es un remitente automático a la educación y formación que adquirimos en nuestras casas, en la escuela, en el trabajo e incluso en la calle. Para otros la cultura está estrechamente ligada con manifestaciones artísticas y está reservada para un grupo un tanto elitista.

Ninguna de las dos percepciones es del todo incorrecta, pero tampoco define por completo el concepto de cultura. Adolfo Colombres, antropólogo y escritor argentino, plantea en el siglo XX que “la cultura es el producto de la actividad desarrollada por una sociedad humana a lo largo del tiempo, a través de un proceso acumulativo y selectivo”.

Por su parte, el sociólogo mexicano Jorge González la concibe como “un modo de organizar el movimiento constante de la vida concreta, mundana y cotidianamente”.

Entonces podemos decir que la Cultura es un todo en el que se incluyen cuestiones inherentes a la educación, las tradiciones, los ritos, y las costumbres de una sociedad; sin embargo, no se trata solamente de un conjunto de manifestaciones artísticas de élite, sino incluye también muestras cotidianas mucho más “simples” como un partido de fútbol o un perfil en una red social.

Según estas concepciones el periodismo cultural debería abarcar todas las posibilidades e incluso podríamos pensar que todo periodismo es cultural por sus orígenes, objetivos y procedimientos. Sin embargo, no es tan simple: el periodista cultural debe ceñirse a ciertos temas, pero sobre todo aplicar a la información un tratamiento que le permita al lector aprender algo acerca del artículo, reportaje o entrevista en cuestión.

Para Jorge Rivera, periodista e investigador argentino, el periodismo cultural “es una zona compleja y heterogénea de medios, géneros y productos que abordan con propósitos creativos, críticos, reproductivos o divulgatorios los terrenos de las bellas artes, las bellas letras, las corrientes del pensamiento, las ciencias sociales y humanas, la llamada cultura popular y muchos otros aspectos que tienen que ver con la producción, circulación y consumo de bienes simbólicos, sin importar su origen o destinación estamental".

No se puede negar que los medios de comunicación son productos culturales en sí mismos y que además ejercen una mediación entre los diversos sectores y modos culturales de una sociedad. En este ámbito y en particular en la prensa diaria existe una acotación (aunque no muy clara) de lo que se entiende por cultura y secciones específicas que se abocan a estos temas.

Así, tenemos que la tradición anglosajona agrupa los contenidos culturales en secciones como “arts” o “features”, mientras que la línea española opta por calificar las mismas secciones como “cultura” y distinguirla de otros apartados como “viajes” o “espectáculos”.

Y es aquí cuando empiezan las confusiones porque muchas veces se ha encontrado la reseña de una obra de teatro en la sección de espectáculos o la cobertura de una exposición pictórica en la sección de sociales; y es que en realidad no es el tipo de temas sino el tratamiento adecuado de éstos lo que les hace o no pertinentes en una u otra sección.

El mejor periodismo cultural es aquel que refleja de modo más leal las problemáticas globales de una época, satisface demandas sociales concretas e interpreta dinámicamente la creatividad potencial del hombre y la sociedad (tal como se expresa en las artes, las ideas, las letras, las creencias, las técnicas, etcétera), apelando para ello a un bagaje de información, un tono, un estilo y un enfoque adecuado a la materia tratada y a las características del público elegido.

Estos son sólo algunos criterios para el lector que debe ser crítico tanto en la selección como en el tratamiento de los productos culturales de las secciones, suplementos y revistas de los medios. El periodista de cultura por su parte, siempre debe tener en mente que un lector de periodismo cultural busca aprender algo y debe demostrar a diario su capacidad y criterio profesionales.

 

Paloma Villanueva Cruz 

 

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