Haydeé Milanés (izqda) , Marta Valdés (centro) y Pablo Milanés (derecha)

“Lo único mejor que escuchar música, es hablar de música”, Jesús E. Córdoba Valencia.

Un buen trovador es aquel que interpreta tanto la propia o ajenas canciones, y el bolero ha sido gran cantera para los máximos exponentes de esta singular modalidad musical, como lo son los poetizados cantos, acompañados de guitarras desde el siglo XV, entre otros, Juan Ortiz, músico acompañante en México de Hernán Cortez.

Para 1680 ya se  reconocía en Cuba a Lucas Pérez de Alais, de la catedral Santiaguera, y a Juan Navarro, guitarrista, y otros cantadores en el siglo XIX, interpretando bambucos colombianos, canciones mexicanas napolitanas, españolas y romanzas francesas. Luego, hasta principios del siglo XX, ocurren por todas partes activas manifestaciones políticas, clasistas y gestas de independencia que producen cambios del sentimiento regionalista hacia la concienciación nacionalista y de soberanía por cimentar la cultura nacional y popular.

Una canción con altas cifras de popularidad  hasta nuestros días es la del cubano Julio Brito: “El Amor de mi bohío”

“Valle plateado de luna,  /  sendero de mis amores

quiero  ofrendarle a las  flores  /   el canto de mi montuno.

Es mi vivir una linda guajirita,  /  la cosita más bonita, trigueña,

Es todo amor lo que reina en mi bohío  /   donde la quietud del río se ensueña.

Al brotar la aurora sus lindos colores  /  matizan de encanto mi nido de amores.

Y al despertar a  mi  linda  guajirita  /  doy un beso en su boquita que adoro,

de nuevo el sol me recuerda que ya el día  /  en su plena lozanía reclama.

Luego se ve a lo lejos el bohío  /  y una manita blanca que me dice adiós” .

El bolero se cataloga como la expresión sentimental de una escuela de romanticismo exacerbado que abarca la intimidad sentida o imaginaria de los sectores populares, impregnada de fantasía, traiciones, despechos y añoranzas, el amor y la venganza.

Los medios fueron factor de intensificación y difusión de los sentimientos amorosos, sus ilusiones y frustraciones, como respuesta simbólica a la despersonalización de las relaciones, y a través de esas melodías con quietud tonal, según la apreciación de Alejandro Ulloa, el resultado final en las ciudades masificadas del continente caribeño.

Luego, en los años 60 y 70, irrumpen gradualmente las nuevas expresiones que vendrán a reemplazar el bolero, como lo han sido la balada y la salsa romántica, las múltiples fusiones que imperan en el ambiente musical: bolero-mambo, bolero-cha, el bolero-moruno y el filin (feeling), desde la Habana en el barrio Jesús María, calle San Lázaro, punto de reunión de trovadores que más tarde renace como la Nueva Trova.

Allí se destacan al lado de Elena Burke, afamados guitarristas como Froilán Amézaga y Martín Rojas, a mediados de los cuarenta, en casa del trovador Tirso Díaz, que reunía a trovadores. Compositores e intérpretes tan relevantes en sus inicios como José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, Niño Rivera, Rosendo Ruiz, hijo, Jorge Zamora, Moraima Secada, Omara Portuondo y el virtuoso pianista Frank Emilio Flynn, para después imponerse miembros tan destacados en  la cultura artística cubana, como Frank Domínguez, Marta Valdés, Ernesto Duarte, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, y afamados cantantes de la talla de Vicentico Valdés, Benny Moré, Fernando Alvarez, Pacho Alonso y Miriam Ramos,entre otros, y su despliegue espectacular por  México, Colombia, Argentina y todo el Sur del hemisferio, además de la intensa emigración portorriqueña a Nueva York.

 

Jairo Tapia Tietjen

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Jairo Tapia Tietjen

Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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