Corría el año 1970, recuerdo que fue la primera vez que escuché hablar del Festival Vallenato. Tenía 9 años y cursaba primero elemental.

Además de asistir a la escuela, me entretenía jugando con muñecas de trapo, haciéndoles vestidos con retacitos de tela y, al finalizar la tarde, me reunía con las niñas del vecindario a jugar el escondido, la marisola, la patilla jorobá y el maíz crecido. ¡Qué tiempos aquellos!

Una mañana de abril, escuché a mi padre decirle a mi hermana Lila que lo acompañara a Valledupar a ver el Festival  Vallenato, porque quería ver tocar a Calixto Ochoa.

Era su músico favorito, le gustaba escuchar sus canciones y le causaba mucha risa la forma como imitaba los personajes productos de su imaginación y talento. Decía que era el mejor acordeonero del mundo.

Ya entrada la noche, mi padre regresó muy contento porque había visto a Calixto Ochoa tocar en la plaza. De igual manera, llegó Lila  mostrando un pequeño gallito de cartón que papá le compró  adherido a un palito con dos cuerditas  que al halarlas subía y bajaba la cabeza como si estuviera cantando.

Les parecerá increíble que a partir de ese momento el festival para mí era la representación de ese jueguito, porque nunca había asistido a ese evento. ¡Cuánta inocencia! Coincide con este relato, que el año 2012 el Festival de la Leyenda Vallenata muy  merecidamente fue en honor a este gran artista, que supo llevar nuestra música a todos los rincones de la tierra.

En el año 1975, entré  al bachillerato. Una de las profesoras tuvo a bien dejarnos la tarea de investigar sobre El Festival Vallenato. Me causó agrado que nos dejara ese trabajo, dijo que  escogería el mejor para exponerlo en la próxima clase.  Animadamente me puse a investigar,  llevé el mío hecho a máquina,  diciendo en la primera página:

El Festival Vallenato, fue creado en 1968 siendo Gobernador del Cesar, Alfonso López Michelsen, acompañado por Rafael Escalona Martínez y Consuelo Araujo Noguera, quien fue su Directora,  gracias a su empeño  e impecable labor  hoy  es reconocido ante el mundo  como un evento cultural realizado en Valledupar- cesar- (Colombia) a finales del mes de abril, con la apertura del Desfile de las piloneras…

Mí esmerado trabajo por el Festival Vallenato que empezaba a apasionarme, tuvo un premio: ¡fue el escogido y expuesto en la clase!

A partir de entonces, comencé a escuchar todos los años la transmisión por radio,  fui enamorándome de las notas, pitos y bajos brotados de un instrumento Alemán  que pareciera hecho especialmente para que lo abrigaran los pechos, brazos y manos de nuestros virtuosos acordeoneros, engalanando con mucha dignidad nuestro folclor al compás del tiempo, del retumbar de la Caja  y el chasquear de la Guacharaca.

La primera vez que asistí  al festival en vivo y directo fue en el año 1984. Fui a la Plaza Alfonso López acompañada de mi hermana Fanny que me invitó a su casa situada en el Barrio Garupal, recuerdo que me acerqué a la Tarima  Francisco “El Hombre” eran las doce y treinta del medio día.

Bajo un sol abrasador, era tanta mi emoción que sus penetrantes rayos no los sentía, más bien me ayudaban a observar con exquisita claridad el incomparable espectáculo que realizaba Orangel “El Pangue” Maestre con su acordeón.  Muy cerca de mí se encontraba el Rey Alejandro Durán Díaz, quien, moviendo la cabeza afirmativamente, exclamaba: “¡Ese muchacho sí toca!”

En 1985 volví al Festival. Se presentaba Egidio Cuadrado que hacía pareja musical con el Gran  Carlos Vives. Este año hubo mucha afluencia de turistas al evento. Era la prueba del éxito del evento más reconocido de la música Vallenata en Colombia que defiende y promulga los aires: Paseo, Merengue, Son y Puya  de nuestro amado Folclor.

Entre 1986 a 1994 no asistí al festival, a causa de  mi matrimonio y al nacimiento de mis tres hijos, pero seguía atenta las transmisiones por radio.

Regresé en 1995, y desde el Coliseo Cubierto Julio Monsalvo Castilla observé la presentación magistral  de Freddy  Sierra al lado  de mis pequeños hijos  que siguieron acompañándome hasta el año 2000 cuando se coronó Rey Vallenato José María Ramos Jr.

En el año 2001, en La Feria Ganadera cuando hacía su presentación Álvaro Meza Reales (ganador en esa oportunidad), conocí personalmente al Locutor que nos ponía al tanto de los diferentes concursos musicales: Rey Vallenato Profesional, Aficionado, Juvenil, Infantil,  la Canción Inédita y la Piqueria.

Hasta el 2003, el Festival Vallenato se realizó en la Plaza Alfonso López Pumarejo que fue testigo de 36  eventos donde los participantes con su acordeón al pecho imprimieron toda la magia y versatilidad emanada de lo más intrínseco de su sentir y saber.

Desde el 2004 el Festival se realiza en El Parque de la Leyenda Vallenata, porque la Plaza no daba para albergar la multitud de espectadores que cada vez crece más. Nuestro Festival se ha convertido en un evento importante a nivel Nacional e Internacional donde se amalgaman, la  Política, el Arte y la Cultura Colombiana.  Actualmente, es dirigido por Rodolfo Molina Araújo (Presidente Ejecutivo de la Fundación).

En el año 2006 tuve la dicha de conocer El Parque de la Leyenda Vallenata, siempre al lado de Fanny.  ¡No lo podía creer! Estaba allí, observando la majestuosidad del lugar: el Templo del Vallenato.

Hacía  una presentación magnífica  Alberto Jamaica (un cachaco con corazón costeño) que fue coronado Rey Vallenato en la hermosa tarima “Compai Chipuco”, con sus luces de colores, que al girar recordaban la diversidad de las rosas abriendo los pétalos a la luz de la luna, bajo la  trasnochada complacencia  de la Concha Acústica “Cachucha Bacana”.

Les confieso que me fascina el concurso de la canción inédita, porque los compositores hacen un despliegue de talento, sentimientos de alegría, nostalgia y orgullo de pertenecer a esta tierra  inigualable, donde todos los años  vengo desde mi San Diego de las Flores para vivir ¡Mi Propio Festival!  Gracias al Altísimo y a la familia Ditta Padilla.

Yolaida Padilla Vásquez

 

Finalista del Primer Premio de Crónica Ciudad Valledupar 2012: “Mi propio festival” resultó finalista del Primer Premio de Crónica Ciudad de Valledupar 2012 en la categoría B. Su autora, Yolaida Padilla Vázque, nació en San Diego y reside en Valledupar donde cultiva su pasión por la poesía. Es la autora del libro de poemas “El tiempo y el amor”

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