Al igual que el Patrimonio Cultural, el Patrimonio Natural y la biodiversidad deben ser celebradas. Colombia es un país privilegiado por sus riquezas naturales, por la variedad y belleza de su geografía, y por la diversidad de sus ecosistemas. Pero es también urgente entender lo frágiles que son.

Biodiversidad quiere decir variedad de vida. Y en ese aspecto, Colombia es uno de los países más ricos del planeta en variedad de plantas y animales. Dependiendo de los estudios, el país ocupa la tercera o cuarta posición.   

Esta diversidad  puede describirse con cifras. Es el país más rico del mundo en aves (con 1.870 especies). Es el lugar del mundo donde hay más especies de anfibios (ranas, sapos, salamandras). Se encuentran más de 700 especies de ranas. Pero además, Colombia tiene el mayor número de vertebrados terrestres, con 2.890 especies. En sus ríos, quebradas, lagos, lagunas y humedales se observan más de 3.000 especies de peces de agua dulce (es el segundo país en esa clasificación). Se calcula que existen 520 especies de reptiles (culebras, tortugas, lagartijas, iguanas) y es el tercer país en el planeta con tantas especies.

Pero por encima de estas cifras, está el valor de la vida. El tesoro de los colores. El encuentro de los sentidos y los paradigmas. Esta riqueza lo supera todo. Es el testimonio del milagro de la naturaleza, y del maravilloso equilibrio que hace de este planeta algo único. Y por suerte, una buena parte de este testimonio puede reconstruirse en Colombia.

La hora es para enorgullecerse pero también para alarmarse. Esta biodiversidad está en peligro. Según estudios de la Universidad Pontificia Bolivariana, la sobreexplotación de los recursos que implica la producción de alimentos o la pesca, la deforestación abusiva, la transformación de los hábitats y la aceleración de la urbanización, así como la destrucción de humedales y páramos, amenaza con el futuro de un gran número de especies animales.

La preservación de la biodiversidad no es algo que recae exclusivamente en manos de especialistas, activistas o dirigentes políticos. Todos tenemos un papel importante en este campo. Empezando por las ciudades, en ellas es posible prevenir la tala de árboles y restaurar una diversidad arbórea que permita a ciertas especies animales sobrevivir. También es importante corregir o denunciar ciertos hábitos alimenticios (ciertas especies están formalmente en peligro de extinción), e informarse sobre qué tipo de alimentos son más tóxicos (es preferible acudir a cultivos biológicos en los que se usa menos pesticidas).

En cuanto a la preservación de arroyos o ríos, se puede acudir a organizaciones de conservación, o colaborar en ciertos de sus programas. El voluntariado se ha convertido en una forma de participación ciudadana. Actuar en grupo siempre es más eficaz.

 

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