De izda a derecha y arriba abajo: obras de Walter Arland, José Anibal Moya, José Luis Molina y Ricardo González

 

En la Casa Museo de Beto Murgas, entre acordeones de diferentes continentes, portadas de vinilos que pusieron a bailar generaciones enteras, y fotografías de célebres juglares, se abren paso las obras de varios artistas reconocidos de Valledupar.

Los trazos seguros y firmes de  José Anibal Moya, los colores grisáceos y pastel de José Luis Molina, las coloridas escenas folclóricas de Ricardo González así como las líneas delicadas de las esculturas de Walter Arland vienen a reforzar un relato nacido de las mezclas raciales, de melodías y ritmos que alternan alegría y nostalgia, y de una identidad que se aviva con el recuerdo de un río.

Todo lo que se observa resulta muy familiar. Por un lado están los elementos simbólicos de la trietnia en el folclor vallenato (acordeón, caja y guacharaca), y por otro los destellos de la Cumbia y danzas wayúus, o la ilustración de algunas letras de compositores (como la golondrina de Rafael Escalona). Todas ellas pruebas suficientes de que el arte vallenato y la composición musical se alimentan de los mismos idearios, dialogan, se complementan de un modo intuitivo y natural, intercambiando algunas expresiones (aunque el lenguaje de cada uno es propio). Ese diálogo ya podía percibirse, de hecho, en la amistad que nutrieron el pintor Jaime Molina y el compositor Rafael Escalona, y que siguió tomando otras formas en los años siguientes.

Pero entonces, ¿en qué momento perdió el Arte vallenato su posición predominante dentro de las expresiones culturales de Valledupar? ¿Cómo pudo caer en la invisibilidad? Estos interrogantes admiten diferentes respuestas y algunos estudios serían necesarios para agilizar políticas culturales en esta región.

Sabedor de este contexto, el compositor Beto Murgas quiso abrir un espacio al arte en el museo que dirige. El programa de concertación de Mincultura con el que ha permitido tender puentes entre diversas expresiones ha sido el medio para reivindicar una cercanía vital.

“Lo importante de este proceso es la unidad del arte –manifiesta Beto Murgas–. Esto es lo contundente: hemos querido mostrar que la música, las artes plásticas y la literatura pueden compartir el mismo escenario y hacer un frente común”.

Preguntado sobre las intenciones de la exposición, el compositor fue claro: “Tenemos que aclarar que somos protagonistas del mismo nivel. Cuando un compositor hace una canción, el escritor lo vuelve literatura hablando de cómo nació o quién era el protagonista, y por qué se hizo ese contenido. Ellos complementan la obra de los compositores, y viceversa. Lo mismo hace el pintor.”

Los artistas José Luis Molina (izquierda) y Walter Arand (derecha) presentaron su obra junto a Beto Murgas / Foto: PanoramaCultural.com.co

 

Johari Gautier Carmona

@JohariGautier 

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