La Ciudad Perdida de los Tayrona, también conocida como Teyuna

 

Llegar a la Ciudad Perdida -o Teyuna como es conocida por su nombre indígena- nos permite entender el desarrollo que alcanzaron los Tayrona.  Tras más de mil escalones estrechos, que obligan al visitante a andar con mucho cuidado, el visitante se encuentra un conjunto de terrazas circulares que antiguamente cubrían bohíos de madera con techos vegetales.

Teyuna fue construida por los tayronas entre los siglos XI y XIV. Llegó a ocupar dos kilómetros cuadrados y se calcula que tuvo entre 2000 y 4000 habitantes en su época de esplendor. Dicen que fue abandonada alrededor del año 1600 por sus últimos pobladores, que huyeron de la amenaza de los españoles hacia tierras más altas.

Fue (re)descubierta en 1976 por un equipo de arqueólogos del Instituto Colombiano de Antropología dirigido por Alvaro Soto y encabezado por Gilberto Cadavid y Luisa Fernanda Herrera, aunque los miembros de los pueblos locales (arhuaco, koguis y wiwas) han declarado que visitaron el sitio con regularidad antes de que fuera ampliamente descubierto. Decidieron guardar silencio al respecto.  

Se estima que Ciudad Perdida fue el centro político y manufacturero de la región a orillas del río Buritaca. Hoy nos permite entender cómo se organizaba a diario el pueblo Tayrona y cuáles eran sus conocimientos en términos de construcción.

Ubicación y contexto geográfico de la civilización Tayrona

El noroccidente de la Sierra Nevada de Santa Marta, al norte de Colombia, fue habitado desde el año 200 d.C. hasta la Conquista por agricultores y artesanos de la piedra y el metal que aprovecharon los recursos disponibles desde el mar hasta las nieves perpetuas, a quienes se les denomina la nación Tayrona.

Los Tayrona contaban con una compleja organización sociopolítica, y con un avanzado conocimiento de la ingeniería y la arquitectura que se refleja en los restos de grandes obras líticas, plantas de habitación, caminos, muros de contención, escaleras y puentes.

Inicialmente asentados en el litoral, se expandieron luego hacia las zonas altas donde construyeron ciudades de piedra. Su historia prehispánica comprende los períodos Nahuange y Tayrona. Actualmente habitan allí los koguis, wiwas, ikas y kankuamos.

Los Tayronas descuellan como ejemplo de la insistencia en la autenticidad, que les costó ser aniquilados bárbaramente después de un siglo de constante lucha contra el dominador. Indómitos y belicosos, no aceptaron el yugo español, que implicaba el renunciamiento a sus costumbres ancestrales, a su idioma, a su núcleo social y sobre todo a sus creencias religiosas.

La Sierra Nevada de Santa Marta localizada en la parte norte de Colombia, es un macizo montañoso, aislado del sistema de los Andes. La variada topografía de la Sierra Nevada, produce gran diversidad de condiciones ecológicas, radicalmente diferenciadas de las que presentan las regiones adyacentes, e influye sensiblemente en las condiciones climáticas de una gran parte de la región caribe del país.

Adaptación al entorno y prosperidad

Los Tayronas se situaron entre el nivel del mar y una altura aproximada de 2.000 metros, principalmente en la zona de Santa Marta, cerca del río Bonda y a lo largo de los ríos Ariguaní, Cesar y Ranchería, también en los valles de los ríos Palomino y Buritaca.

Los Tayrona se acogieron, tanto a las bondades que le brindaban la Sierra Nevada como a las restricciones que esta les imponía, y poco a poco lograron combinar esas bondades y esas restricciones del medio para afianzar y garantizar su permanencia y reproducción biológica en esta región, como lo señalan hoy día las ruinas de numerosos poblados con infraestructura de piedra, caminos terrazas de cultivos, canales y puentes.

Las casas Tayrona eran admirablemente construidas, en forma de enormes cabañas de madera o bahareque con techos de paja y de palma, por lo general, de forma cónica, y que por su elaboración se deduce que fueron excelentes carpinteros. Las puertas eran adornadas con caracoles colgados de hilos, los cuales, soplados por el viento producían un armonioso sonido. Su mobiliario era de espartos y de cañas, y las esteras que tendían en el suelo eran tejidas y pintadas con muchos y variados colores. En los tapetes de algodón dibujaban figuras de animales, como tigres, águilas, y serpientes.

Vivienda y construcciones

Las viviendas Tayrona se construyeron sobre terrazas artificiales a las que se llegaba por caminos o escaleras de piedra. Según el tipo de cimiento, de acuerdo con lo expresado por al arqueólogo Reichel-dolmatoff hay tres tipos de construcción:

1-. Un primer tipo constituido por un anillo sencillo de piedra casi redonda y sin talla alguna, no bien unidas entre sí y que forman una superficie discontinua. En este caso las únicas piedras talladas son las que conforman los pisos de las entradas que en todos los casos son dos diametralmente opuestas. Se encuentran en lugares algo alejados del centro de la aldea, en lugares relativamente poco favorables para construir.

2-. Un segundo tipo, conformado por dos anillos. El primero, exterior, de lajas delgadas, regularmente talladas, enterradas verticalmente, el extremo enterrado es recto, el saliente redondeado y generalmente están bien unidas entre sí. A veces estas lajas bien talladas se encontraron solo cerca de las dos puertas, mientras que el resto del círculo está construido con otras menos elaboradas. El segundo anillo, en el interior del primero, es de lajas colocadas horizontalmente al nivel del piso de la habitación. Estos dos constituyen propiamente el cimiento de la casa pero con frecuencia se encuentran al exterior de la misma y a un nivel más bajo, un segundo y a veces un tercer par de anillos escalonados como los anteriores. En ellos las lajas horizontales de cada anillo interior y las verticales enterradas del exterior forman como los pasos y los contrapasos respectivamente, de una escalera perimetral. De esta manera se forma una construcción a modo de pirámide circular escalonada, que sirve de base a la vivienda, a la cual se accede, frente a cada una de las dos puertas opuesta, por medio de escalones de lajas muy bien talladas.

3-. El tercer tipo, menos frecuente y que se encuentra solo en los núcleos más densamente habitados, tiene las mismas características estructurales el segundo, pero se diferencia de él por la perfección de trabajo. Las lajas horizontales de los anillos interiores tiene en planta, cada una la forma de un sector de circulo perfecto para encajar completamente con las otras y las verticales de los anillos exteriores están talladas por todas sus seis caras. También las lajas grandes que forman el piso de las puertas tiene la forma del sector de círculo para adaptarse a la configuración de la circunferencia.

Poblamiento y arquitectura

La región estuvo densamente poblada; se menciona en las crónicas la existencia de centenares de poblaciones y ciudades, algunas con mil casas grandes. PocigueicaBonda y Tayronaca se mencionan como las ciudades más importantes. La primera era la capital o ciudad principal, la más rica; quedaba en la región entre las cabeceras de los ríos Córdoba, Mendiguaca y Don Diego, a dos leguas del mar y con clima fresco. Bonda se encontraba en las actuales sabanas de Limón o de Terán. Por su parte Tayronaca estaba localizada en las márgenes del río Don Diego, ya en tierra templada.

Los grandes centros poblados y la arquitectura lítica, son las características más destacadas de la cultura Tayrona, pues ninguna otra alcanzó tal desarrollo en cuanto a las realizaciones materiales. Tayronaca tenía plazas triangulares, de grandes lajas y con casa grandes en las esquinas, donde moraban los caciques principales, y que podían albergar cómodamente trescientas personas. Las calles estaban bien trazadas y para llegar a la ciudad se ascendía por anchos caminos de piedra y por escaleras hasta de novecientos escalones. 

 

PanoramaCultural.com.co 

Acerca de esta publicación: El artículo “Los Tayrona: vestigios de una gran civilización en la Costa Caribe” ha sido redactado con información extraída de las obras “Precolombia, Introducción al estudio del indígena Colombiano”. De la autora Teresa Arango Bueno. Y “Panorama prehistórico de la costa caribe Colombiana”, de Álvaro Chávez Mendoza.

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