“Trabajar por un mundo donde seamos socialmente iguales,

 humanamente diferentes y totalmente libres"

Rosa Luxemburgo

Desde 1999, cada 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la No Violencia Contra las Mujeres, el cual fue establecido por la Asamblea General de la ONU. El 25 de noviembre es más que una fecha, es la invitación a hacer de la igualdad y la equidad de género un estilo de vida, que logre erradicar todo tipo de violencia contra las mujeres. Es el ejercicio de visibilizar para erradicar, porque todos y todas somos víctimas directas o indirectas de la violencia y eso, inevitablemente, nos convoca a hacer algo para lograr vivir sin violencias y activar el derecho que todas las mujeres tenemos a vivir sin miedo.

¿Qué es la violencia contra la mujer?

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) la define como “todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico; así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada, e incluida la violencia doméstica, los delitos cometidos por cuestiones de honor, la trata de mujeres y niñas, las prácticas tradicionales nocivas para la mujer, incluida la mutilación genital femenina, el matrimonio precoz y forzado, el infanticidio de niñas, los ataques con ácido y la violencia relacionada con la explotación sexual comercial y con la explotación económica”.

La pertinencia de desarraigar imaginarios sociales

El 25 de noviembre no debe llevarnos exclusivamente a la revisión de cifras y a desarrollar eventos conmemorativos, sino a una consciencia y compromiso por transformar imaginarios sociales que arraigan y naturalizan la violencia de género.

En América Latina, como afirma Norma Fuller (1995): “la herencia colonial y patriarcal nos legó un sistema genérico en el cual las categorías femenina y masculina se organizaban en esferas netamente separadas y mutuamente complementarias: La mujer en la casa, el hombre en la calle”(p. 241). Podría esto llevar a considerar que el espacio público siendo asignado a lo masculino y entendido como parte del poder de los hombres, se convierte en un escenario de reacciones violentas hacia las mujeres que deciden trascender de la privacidad (doméstica) que le ha sido asignada; se enmarca dicha consideración en imaginarios sociales y asignaciones de roles para uno u otro género, que propician tipos de violencias cuando alguno decide salirse de la normatividad establecida, siendo en mayor porcentaje victimizada la mujer, y si esta situación no cambia no se podría hablar de una real y consistente vida en igualdad y equidad de género.

De esta manera, se puede afirmar que no es la violencia un problema actual sino uno arraigado a toda la historia de la humanidad; por ende, a lo largo de dicha historia se han presentado diferentes formas de intervenir la violencia, se puede leer en libros como la Biblia casos como el de Adán y Eva historia en la cual, Eva es provocadora y culpable y Adán una víctima inocente de la manipulación femenina; Así mismo, en este mismo libro, los hombres le lanzan piedras e insultos (violencia) a María Magdalena por su ocupación. Es decir, según se conoce, esta sería la primera narración escrita de violencia de género.

El papel de la mujer en la historia se ha visto violentado. Se culpa a la mujer por su misma condición de mujer, por ejemplo, con historias que refieren que el hombre tuvo que descompletarse para darle su costilla a la mujer para que fuera creada y, luego, ésta lo lleva a equivocarse; y esos son historias que se repiten en la cotidianidad.

Por otro lado, es importante mencionar que otros efectos de los imaginarios sociales corresponden a que instituciones como la familia se consideren desde modelos ortodoxos, cumpliendo estereotipos como: la heterosexualidad, la reproducción, el patriarcado, entre otras. La mujer en este ámbito es la cuidadora, reproductora y sometida al dominio de figuras masculinas; y es pertinente referir que ella debe cuidar de ellos, de los hijos, de la familia extensa y también de sí misma; por ello, es interesante pensar en la salud de las mujeres desde sus roles asignados históricamente en la familia; pareciera que ese desgaste y entrega es poco valorado, pues socialmente no tiene reconocimiento y menos una remuneración.

Las mujeres vientres tejedores de esperanzas y resiliencia

Pensar en la mujer no debe limitarse a la categoría de victima sino de resiliencia y fortaleza, por eso cuando pienso en las Mujeres Wayuu con la fuerza de los soles Guajiros, cuando recuerdo a las mujeres Huitotas, Yukunas o Boras que conocí en el Amazonas, aquellas valientes y esforzadas que día a día sudan el peso de su historia pero se atreven a reinventarla, cuando miro la sonrisa de mi abuela Rita que me dice llevo más de 106 años de vida y aprendió a ser feliz por encima de cualquier pronóstico adverso como el de no haber tenido derecho a la educación o al voto, o cuando me encuentro con las sobrevivientes de la violencia, tengo la respuesta perfecta para afirmar que las: MUJERES SOMOS VIENTRES FRUCTIFEROS TEJEDORES DE ESPERANZAS Y RESILIENCIA; esas que no se le arrugan a nada, que se alimentan más de la acción de levantarse que la de resignarse a la derrota, las mujeres somos el linaje fructífero que tiene partos por doquier, no solo aquellos biológicos que se gestan en nuestro vientre, sino aquellos mágicos, sociales, revolucionarios y amorosos que lideramos.

Curva final de la reflexión

Las mujeres somos de un género universal que no se limita, no se define, no se instala en una línea finita, somos universos sensibles al tiempo, al espacio, a la historia y al presente; somos una CASTA que trasciende la utopía y se pasea por los senderos libres o coaccionados que se presentan y por eso seguimos en un incesante ejercicio de guerra y re-evolución (constructiva).

Por esta razón, sin las mujeres y sus derechos garantizados de vivir en igualdad y equidad, no se podría hablar de una sociedad desarrollada, no es un acto de necedad feminista sino una necesidad humana, la lucha de la inclusión como actoras vivas y pensantes, creadoras naturales de escenarios de pacificación desde el arte, la política, la ciencia, la cultura, entre otros.

 

Fabrina Acosta Contreras 

Evas&Adanes
Fabrina Acosta Contreras

Mujer natal de la hermosa tierra Guajira, nieta de Rita Contreras mujer de 105 años leyenda viva de Villanueva, es Psicóloga, Magister en Gestión de Organizaciones y Especialista en Alta Gerencia, actualmente cursa la Maestría en estudios de Género y violencia intrafamiliar, y ha realizado diversos diplomados en gerencia social, trabajo con comunidades indígenas e infancia.

Creyente absoluta del Arte en todas sus manifestaciones, considera que la literatura es el camino a la libertad pacifica de los pueblos. Amante fiel de la lectura y firme aprendiz del arte de escribir. Eterna enamorada de las tertulias y del arte en general, encuentra en ello el camino adecuado para el desarrollo social.

Es creadora y directora de la Asociación “Evas&Adanes” desde la cual, se proyecta como una empresa social de alto impacto para el desarrollo de la Guajira y lidera diversas actividades como la iniciativa cultural denominada: Foro Concierto La Mujer en el Vallenato.

Autora del libro Mujer Sin Receta: Sin Contraindicaciones para hombres, como poseedor de la magia de sus vivencias en diferentes culturas donde descubrió historias femeninas que metafóricamente tejen ese universo de la Mujer sin Receta; Autora del libro Evas culpables, Adanes inocentes.

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