Valledupar y lo esencial propio de su cultura

Hay quienes piensan que existe una forma de ser común al sujeto caribeño e isleño esto debido a la historia común, la geografía, el clima, el contacto intercultural, en fin, a la sumatoria de causas que nos llevan a ser lo que somos: a caminar, cocinar, vestirnos, cantar, reír, llorar, celebrar a los vivos y enterrar a nuestros muertos de la forma en que lo hacemos. Esa alguna manera de hacer las cosas nos determina y constituye, hace de nosotros costeños caribeños. Si bien Valledupar no es, en sentido geográfico, región costera, la unidad idiosincrática, los modos y costumbres, la historia que nos hizo conformar al Magdalena grande hasta la independencia departamental en el año 67 y el clima (los 40º bajo sombra que son, en muchos momentos, insoportables) hacen que esa manera de hacer y sentir nos pertenezca: somos costeños.

Eso lo podemos ver en el patrimonio cultural material e inmaterial de la región, en las primeras casas de bahareque y barro pisao’, en las notas de una guitarra, en la melodía del cantor, en los bailes afrodescendientes e indígenas, en el acordeón y su manera de interpretarlo, en los cuatro aires del vallenato (son, paseo, merengue y puya), en la parranda vallenata y el ‘¡Ay hombe!’ que nace de la tierra como el ñame o la malanga y que tiene igual sabor. Hoy, como abrebocas a todo lo dicho, les hablaré de la Parranda vallenata.

Para comenzar

Sentada bajo el gran palo de mango de la Plaza Alfonso López veo una nube verde y escandalosa acercarse: una bandada de pericos que pasa por encima de mi cabeza para detenerse en un árbol cercano, tal vez buscando apaciguar el calor, porque en Valledupar el sol parece enfurecido, por lo que se asoma plenamente cuando los gallos cantan por tercera vez para tener el ímpetu que adquiere a mediodía, ese que se apacigua de a pocos cuando las horas transitan por la tarde. Pero, a pesar de sofocar al cuerpo, los rayos que con ferocidad relamen estas tierras sirven para otra cosa: para permitir las miradas lejanas, de esas con ojos entrecerrados, que parecen recordar algo, quizá los tiempos distantes en los que Fredy Molina, Alejo Durán, Don Toba[1] y tantos otros componían sus canciones sentados en un taburete; los tiempos en los que los bohemios se reunían a cantar sobre amores encontrados o perdidos, sobre los acontecimientos cotidianos, sobre las bananeras lejanas que sólo nos dejaron "… los recuerdos de quimeras/ añoranzas de otras eras hambre, deudas y dolor…"[2] o sobre una hamaca grande que meciera a todo el pueblo vallenato[3]; aquellos tiempos lejanos en donde la cofradía buscaba cualquier pretexto para ser, sólo para dar paso a una sucesión de interpretaciones musicales, poesía, cuentería, o de aquello que cada quien supiera hacer mejor: para hacer una parranda vallenata.

Los pericos emprenden su vuelo nuevamente haciendo que mi mirada fugitiva retorne, entonces me pregunto ¿Qué es una Parranda Vallenata?, ¿cuáles sus elementos imprescindibles?, ¿cómo se hace?, ¿existen diferentes tipos?, ¿ha cambiado con el paso del tiempo? en fin, ¿cuál es el legado de los herederos del valle de un cacique que tenía por nombre Upar?

De la nube verde ya no queda ni el murmullo distante y con su ausencia el silencio retorna permitiéndole a mis oídos ir más allá y escuchar un sentimiento hecho canción, una voz nítida que acompañada por una guitarra entona melodías en las que se percibe un dolor de antaño… me levanto para seguir a aquella voz que se convierte en mi brújula, cruzo una calle y toco una puerta que, sin sorpresa, encuentro abierta. Entro para reconocer aquellos ojos sinceros que he visto desde mi infancia, o quizá sea más preciso decir, que me han visto crecer: es Santander Durán, que interpreta una de sus canciones que dice: "Sé que lo que canto aquí/ que lo que canto aquí puede ser mi tormento/ porque la vida es así / lo que te hace feliz mañana es sufrimiento"[4] entonces, alza su mirada y me saluda, a lo que respondo "Hola padrino, ¿cómo está?, tengo una pregunta que usted me puede responder ¿qué es una Parranda Vallenata?" suspira, sonríe y con su mirada lejana, esa que sólo los vallenatos tenemos y, aun más, entendemos, me dice: "Esa es una muy buena pregunta. ¿Quieres sentarte? Llamemos a Gustavo, a tu mamá, a Hugues..." al escuchar sus palabras la incertidumbre ronda por mi cabeza, por mis entrañas, porque sé que, como dicen por estas tierras, "…aquí se va a armar una Parranda" y ustedes y yo estaremos presentes para testificarla.

Génesis

"y Dios dijo hágase la luz", mientras en Valledupar dos se encontraron en La Calle del Cesar o en alguna casa o en cualquier parte y dijeron "Hombe, hace rato no hacemos una parranda" y es de ese diálogo rápido, no apto para todo tipo de oído o, mejor, sólo apto para los oídos que lo puedan entender, de esa confabulación no premeditada, que surge la Parranda. Lo que viene después no es la separación del cielo y la tierra, o la creación de todos los animales existentes, pero sí la creación del hombre: del cemento caliente de este pedazo del caribe colombiano nacen, hechos minuciosamente, los hombrecitos y mujercitas que asistirán al rito en donde con música, comida y licor se recordarán viejos tiempos, más calmos, porque, como dice el señor Alfredo Araujo la Parranda Vallenata "…es un rescate espiritual que uno tiene."

Pero no tan rápido, porque desde el primer encuentro de ese par en La Calle del Cesar,  o en una casa o en cualquier parte, en donde se reprocharon a sí mismos su negligencia parrandera, hasta cuando se dice "Bueno, nos vamos" y se cierra la puerta de la casa del anfitrión, se recorre un buen trecho que empieza con el teléfono roto: en segundos, como por arte de encantamiento, llegan los primeros convidados y esos llaman a otros tantos y así hasta cuando "son los que están y están los que son". Eso sí, hay una regla implícita que "los que son" conocen al dedillo: La Parranda tiene su ritmo propio y no se la puede forzar; es un ritmo tácito que permite que entre todos, sin palabras de por medio, se hagan acuerdos que están dispuestos a cumplir, ejemplo de ello es la duración que en este mundo moderno se le permite a la misma "…la parranda es todo el día y toda la noche , no que "es muy temprano pa…" no señor" como dice la señora Elcy Ariza, a quien, de ahora en adelante, debemos prestar demasiada atención porque, como ella misma afirma "…yo soy la mujer a la que más le han dado serenata y la que más ha asistido a parrandas, porque como yo era la única mujer que andaba con ellos, con el grupo de los bohemios, siempre me llevaban a todas partes… eso sí, me cuidaban… tanto que hasta me espantaban a los enamorados" afirma mientras se permite una carcajada costeña que sale por el balcón, pasa la calle y se pierde al cruzar la esquina para llegar a aquellos oídos que todavía sepan apreciar una risa tan "sabrosa" como pocas y tan única que no tiene réplica.

De ese momento en adelante, cuando ya "los que son" están sentados en un círculo, porque es la redondez en torno a los intérpretes la que permite el desarrollo de La Parranda, se da la fusión de elementos de los que a continuación hablaremos, yo  y algunos de "los que son" a los que iremos mencionando poco a poco, para que quede claro de qué van estas líneas acerca de La Parranda, de cómo se arma una parranda o, como me dijo la señora Elcy "…estás viendo cómo se arma una parranda, y aquí van llegando y llega uno y llega el otro y cuando uno menos lo espera, ‘hombe y por qué no llamamos a fulano’… esa es la forma, es que es una forma muy simple pero sabrosa... solitas se van haciendo".

El cielo, la tierra, el sol y la luna, y el ¡ay hombe! de la garganta del vallenato

Continúo con el mito de creación del nacimiento y desarrollo de la Parranda Vallenata, en donde los elementos de la primera creación, esa que dicen que duró siete días, sirven como inspiración para componer nuevas canciones, pero de eso hablaremos luego, porque mis interlocutores, la señora Elcy y su compadre y amigo de siempre, el señor Hugues Martínez, me dicen que "Es que uno, pa que una parranda sea agradable tiene que… todos los elementos estar conectados así [afirma ella mientras hace un gesto con las manos, uniendo los dedos], que haya complicidad [dice él apresurándose a las palabras de la señora Elcy], es decir, tienen que encajar... si no encajan... [completa la frase que el señor Hugues le interrumpió] ahí hay compliques [concluye él]" 

Esas son las palabras que estaba buscando, no lo podría haber dicho mejor, así que queda claro que deben haber unos elementos y entre ellos debe existir armonía pero ¿cuáles son esos elementos?

Según nos dice el señor Hugues "Bueno, los elementos de una parranda pueden ser di tú... ahora, ‘vamos a hacé una parranda’ me dice mi comadre ‘vamo a hacela’ entonces yo llamo a fulano y fulana. A bueno ‘ajá y ¿qué pasó?’. ‘no faltó fulano’. ‘vamo a llamalo’. ya listo. ‘Ajá y ¿qué falta aquí?’, no... vamos a comprá un pollo, vamo a comprá una gallina. El Whisky. Esas son las bases como decimos nosotros. De ahí viene lo que se llama pues el... ‘vamos a cantar, vamos a recordar, vamos...’. Y... y eso se va extendiendo, eso es como lo... este... una cuestión contagiosa".  

Demasiada información… precisemos varios aspectos: primero, que no puede faltar ninguno de los elementos mencionados; segundo, que el elemento más importante son ‘los que son’; tercero, que no puede faltar la comida y el licor; cuarto, que este tipo de Parranda sólo se da en Valledupar;  quinto, que se reúnen en una casa y  por último, quizá lo más importante, que ‘Una parranda casi nunca… no es prefabricada, eso es espontáneo’, sabias palabras de la señora Elcy que además, en tono jocoso, afirma que la parranda (la minúscula es adrede) que conocen los cachacos no es Parranda como tampoco es Vallenato (la mayúscula también es adrede) lo que se escucha por esas tierras lejanas y frías del  interior del país… eso ya lo sabía, bueno por algo ella es mi mamá lo que implica que en mi vida he asistido a suficientes Parrandas como para notar la diferencia entre el vallenato de autobús y el Vallenato Vallenato, pero ese es otro tema, regresemos a ‘la conversa’ sobre la Parranda para que entendamos, ustedes y yo, con un poco de imaginación, la esencia de estas líneas. 

Jesucristo, los doce y las Marías (‘los que son’)

He mencionado a ‘los que son’ muchas veces, así que llegó el momento de puntualizar a quiénes me refiero: se los voy a presentar. En toda Parranda existe un grupo base, que varía de acuerdo a quién la haga, pero es necesario que sea el mismo porque para que alguien que no sea parte de ‘El Clan’ asista a la misma debe obtener la aprobación de los miembros, por ejemplo, en el caso del grupo base de los dos interlocutores a los que he escuchado, a los que hemos escuchado (la señora Elcy y el señor Hugues), se está pensando invitar a Efrain Aponte a la rueda mágica porque es ‘buen parrandero’ y ya todos al interior de ‘El Clan’ están de acuerdo con dicha apreciación.

Otro de las características del grupo es que no son demasiados, como se podría pensar, por eso la señora Elcy nos dice que ‘…uno llama al compadre Hugues a Jose Jorge al señor Alfredo a Goyo... el grupo chiquito’, pues lo que se busca con La Parranda se entiende mejor con las palabras de mi padrino, el compositor Santander Durán que afirma que ‘…la parranda es una reunión de amigos para ratificar la amistad, es un ritual de la amistad, para congeniar, para presentar canciones, para narrar historias, contar chistes, estrechar vínculos familiares,  tomarse unos tragos, para disfrutar de la amistad’. Dentro de ‘El Clan’ generalmente se encuentra al anfitrión quien se encarga de organizar y preservar la armonía de La Parranda: sólo los invitados pueden entrar esto porque los ‘aparecidos’ (los no bienvenidos) siempre llegan y ‘acaban La Parranda’.   

Dentro de ‘los que son’ también están los asistentes, que oscilan de acuerdo a La Parranda y cuya presencia más depende de la familiaridad que tengan con el anfitrión, claro que deben ser ‘buenos parranderos’ y realizar un aporte a la causa de la misma: unos cantan; otros tocan la guitarra, el acordeón o cualquier instrumento; algunos recitan; el de la esquina narra historias cotidianas con el toque picante e hiperbólico propio del costeño; el que está al lado de los músicos hizo la comida y aquel que está repartiendo el whisky es el que lo trajo.

Están, finalmente, ‘los ausentes’, que son los miembros del grupo que han muerto y que son los guardianes de La Parranda. Su presencia se hace latente con frases como ‘¡Ay hombe! Esa era la canción que le gustaba a mi compadre…’ o ‘Cantate esta o aquella de fulano… Buena canción esa’ o quizá ‘Acordate cómo cantaba fulana… tenía la voz limpiecita…’ y así sucesivamente, con referencias como estas los invitan constantemente a participar en el ritual a pesar de la distancia… Sospecho que donde estén se mostrarán agradecidos y tal vez le digan a San Pedro cosas como ‘…mirá ve, ahí me están recordando y tú que me trajite tan rápido’ a lo que San Pedro responderá ‘Cálmate, cálmate, que en el cielo también se puede parrandear… por algo es el cielo ¿no?’.

Después de que el grupo está completo, el éxito de La Parranda está garantizado "Uno sabe cuándo alguien le hace falta ‘ve aquí está haciendo falta fulano’, ‘si señor’, dice el otro ‘yo estaba que lo invitaba’… fíjate cuando eso… ya ahora sí,  ‘bueno ahora sí, ¡ve! saque la guitarra, saque el acordeón, saque lo que sea…’ ya ahí comienza oíte... y fluyen las canciones, fluyen los versos, fluyen… empieza" concluye el señor Hugues que, a pesar de no ser tan elocuente, se muestra emocionado con mi curiosidad y me lo demuestra respondiendo más de lo que le pregunto a lo que yo, como gesto de gratitud, correspondo con una sonrisa y más interrogantes porque sobre La Parranda es poco lo que se ha dicho y mucho lo por conocer.

Los diez mandamientos

Después de todo lo que les he dicho, referiré algunas de las reglas de La Parranda:

1-. "Cuando se está cantando, esto es una regla de oro, hay que escuchar al que canta" (Santander Durán)

2-. "…a la parranda se le puede pone acordeón, se le puede poné una guitarra, se le puede poné un hombre echando un cuento, un chiste…" (Hugues Martínez)

3-. Todos se sientan en círculo

4-. Para preservar el ideal de La Parranda es mejor la guitarra que el acordeón[5].

5-. En la rueda mágica se interpreta todo tipo de música, desde vallenato hasta bolero, pasando por son cubano y bambuco sin olvidar las infaltables rancheras[6].

6-. La música en la Parranda tiene el volumen justo para que todos los presentes puedan escuchar sin dificultad[7].

7-. Es preferible no convidar a los políticos y a los que no sepan respetar el espacio de la Parranda[8].

8-. Cualquier pretexto sirve para hacer una Parranda.

9-. Generalmente se prefiere el whysky a la cerveza "La cerveza no es la más adecuada… esa la llevamos nosotros... esa es la cuota inicial" (Alfredo Araujo).

10-. No he olvidado el décimo mandamiento, ese se los diré más adelante si encuentro la oportunidad, pero puedo adelantarles algo: utilizando el lenguaje simbólico al que he apelado en estas páginas: tiene que ver con el éxodo.

 

 



[1] Menciono a tres compositores de antaño (fallecidos ya) seleccionados arbitrariamente: Fredy Molina, compositor poco conocido que a pesar de su muerte temprana logró ganar El Festival Vallenato en la modalidad de Canción Inédita y componer canciones como “Los tiempos de las cometas” y “Los novios”; Alejandro Durán, Primer Rey Vallenato de acordeón, compositor prolífico que dentro de su haber tiene temas como “Pedazo de acordeón”, “Altos del Rosario” y “Fidelina”; Y Tobías Enrique Pumarejo (1906 - 1995), “Don Toba”, compositor de canciones como “La víspera de año nuevo”, “Callate corazón” y “Las sabanas del diluvio”, entre otras.

[2] Fragmento de “Las bananeras”, canción compuesta por Santander Durán Escalona.

[3] Alusión a “La hamaca grande” de Andrés Landeros.

[4] Fragmento de “Palabras al viento” de Santander Durán Escalona.

[5] "La Parranda con acordeón tiene la desventaja que llama mucha gente, entonces ya el núcleo que quiere parrandear se disuelve en una multitud, se vuelve anónimo… y la gente habla, se ponen a toca y hablan más duro porque no se escucha. con acordeón es imposible controlar por eso nosotros casi que no hacemos parranda con acordeón. La parranda pierde cierta intimidad que es muy importante" (Alfredo Araujo). Esto es relativo, ya que depende del espacio (si es cerrado o abierto) y del intérprete.

[6] "…las parrandas acá en Valledupar eran tan bonitas… donde  igual que se cantaba un vallenato, se cantaba un bambuco, se cantaba un bolero, se cantaba un tango se cantaba una ranchera... y el chiste .... el apunte oportuno, todo eso formaba parte de la parranda y todo el mundo se reía y disfrutaba una parranda y una parranda se alargaba y amanece... y cuando viene amaneciendo... que cosa tan sabrosa" (Elcy Ariza). En todas las Parrandas a las que he asistido esta mezcla de géneros se ha dado. La señora Elcy se refiere a la tergiversación generalizada de la parranda que no concuerda mucho con la parranda de la que he hablado.

[7] "La [Parranda] de ahora se hace sin saber qué se está haciendo y sin necesidad de tener un grupo musical en la casa sino que una parranda se hace con un tocadisco de esos a tocar a todo volumen y los participantes a beber como locos, y esa no es la parranda…" (s)

[8] "de las peores que hay son las parrandas donde hay políticos porque ellos en vez de ir a disfrutar de la parranda mientras el tipo está allá presentando de lo mejor de él… ellos están aquí hablando de política y haciendo intrigas políticas… y alrededor de él hay diez lambones… eso qué hace, polariza y daña los objetivos de la parranda. Por eso nosotros los compositores nos reunimos entre nosotros… nadie está pendiente de lambonearle a nadie" (Hugues Martínez)

 

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